La Necesidad de la Mística

¿Puede el ser humano llegar a conocer más allá de su esfera de conceptos?

Ya vimos que dentro de la esfera del lenguaje no se encuentran ni siquiera las respuestas a las preguntas más básicas, solo respuestas a detalles menores.

Si llamamos “Sabiduría” al campo ilimitado de conocimientos dentro de los cuales las esferas conceptuales se mueven, podremos plantear si es posible alcanzarla. Dicho de otro modo, llegar a perforar el lenguaje.

Partimos de la herramienta que disponemos que no es otra que el cerebro. Ya hemos desechado la posibilidad de encontrar la Sabiduría en cualquier clase de medio donde los memes se almacenan.

En esta búsqueda todo aquello que se pueda aprender mediante libros, mediante maestros, mediante conceptos queda descartado de base.

Los libros solo sirven para hacer fuego, o calzar algún mueble.

También resulta evidente que el cerebro humano funcionando de forma normal no sirve.

Entonces… ¿tenemos algún modo de poder multiplicar su rendimiento?

No quedan muchas opciones más allá de usar los neurotransmisores de manera que podamos regular su funcionamiento para entrar en modos que el cerebro normalmente no usa, pero que nos pueden dar la salida a nuestro problema.

En el modo normal, el cerebro funciona encaminado a la reproducción. Para ello es que los genes lo han diseñado. Y todos saben que, si hay perspectiva de conseguir sexo o comida, el cerebro se premia a sí mismo con una dosis de serotonina y de dopamina. Y si no lo consigue, recapta la serotonina provocando una fuerte depresión.

De esta forma, el cerebro únicamente te trata como si fueras el burro. Te pone la zanahoria, la felicidad, para que corras detrás de ella y, si no lo haces, te da un palo llamado sufrimiento.

Un humano básico funciona así, con dos marchas. La felicidad es el acelerador y el sufrimiento el freno. Ya. Es un concepto tan básico que da miedo. El mecanismo técnico que emplea el cerebro es el par apego/aversión.

El humano básico es así de simple.

Para esto no necesita pensar, no necesita desarrollarse. Solo vegeta, se reproduce, consigue dinero y se muere. El humano básico no se puede considerar algo más que un esclavo de sus propios genes.

Si únicamente con la dependencia a la serotonina (felicidad) explicamos el “complejo” comportamiento humano, ¿Dónde nos llevará combinar todos los neurotransmisores? Y no solo uno por uno, o en pares, o en tríos, o cualquier clase de combinatoria.

Aquí, así expuesto, se nos abre un campo gigantesco de posibilidades.

Ahora bien, hay una combinación muy conocida que es la mezcla de dopamina + serotonina + anandamida que es la que usaban por ejemplo los místicos clásicos cristianos en lo que llamaban tercer tipo de oración. Es lo que se ha llamado “mística” y que ha acompañado al hombre en su historia. Esto no es nuevo.

Si añadimos las encefalinas logramos entrar en un conjunto de estados de conciencia alterada llamadas “jhānas” con una serie de propiedades muy interesantes de cara a poder reconfigurar los circuitos cerebrales y que este órgano funcione de otros modos.

Este nivel es lo que Santa Teresa de Jesús llamó cuarto tipo de oración.

Prácticamente los místicos universales llegaron al tercer o cuarto nivel de la mística.

Pero hay muchísimo más a partir de ahí. Dominando 11 neurotransmisores nuestro campo se amplía a nada menos que el número de combinaciones sin repetición.

Se llama combinaciones de m elementos tomados de n en n (m ≥ n) a todas las agrupaciones posibles que pueden hacerse con los m elementos de forma que:

  • No entran todos los elementos.
  • No importa el orden.
  • No se repiten los elementos.

Y podemos calcular las combinaciones mediante factoriales:

Siendo M=11 y n variable. Así la combinatoria de 5 elementos que producen las jhānas es una de 39,916,800 / (720*120) = 462.

Y eso solo usando 5 elementos. Sumariamos los del 1 al 11…

Con 6 sumamos otros 693 modos…

Y asi…

Comparando en modo único con el que un cerebro básico funciona a esta cantidad de modos que puede hacerlo nos da una medida, pobre, de lo que un cerebro entrenado puede hacer.

Aunque no todas las combinaciones logran cambiar el modo de funcionamiento del cerebro, existen combinaciones especiales mediante las cuales los circuitos se reescriben y, por ejemplo, son necesarios para eliminar la dependencia a la serotonina. La dependencia de la felicidad. Así, ese cerebro no podrá sufrir de ninguna manera.

Y es un caso puntual.

La oxitocina es otro neurotransmisor cuya participación es capaz de desencadenar EAC muy interesantes.

Aquí la dificultad que históricamente se ha asociado a la mística es que se solo se daba en “místicos”, personas muy extrañas que nunca eran capaces de describir exactamente como lo hacían y atribuían estos estados a la “gracia divina”.

Esa dificultad ha dejado de existir a partir de mi método elegante de producir neurotransmisores mediante la concentración en el aire moldeado en forma de determinados gráficos mediante la respiración.

Es básicamente el mismo método del Buddha que corregido y ampliado no solo a los neurotransmisores “factores de jhāna” sino a muchos más. Y, además, haciéndolo de forma activa e inmediata y en las dosis que se quieran.

¿Qué se puede alcanzar la Sabiduría?

Por supuesto. Pero solo mediante la ampliación de las facultades cerebrales usando sus propias drogas endógenas.

La mística no resulta así algo opcional, residual, válido para unos pocos, sino como una herramienta básica de cualquiera que quiera ser un ser humano completo y no solo un animalito con forma humana.

En cualquier caso, la mística es condición NECESARIA pero NO SUFICIENTE para alcanzar la Sabiduría y con ella la liberación total por uno mismo.

De esta forma, el cerebro deja de comportarse como la máquina de los memes y empieza a ser posible usarlo a él y no que él te use a ti.

Esto fue lo que descubrió el Buddha y fue lo que usó para iluminarse completamente. Su insistencia en que solo la experiencia ilumina (Kalama sutta) y en la práctica de las jhānas, contrasta patéticamente con sus “seguidores” que se basan en el estudio, en libros y maestros y en prácticas y ceremonias espurias que chocan contra el raciocinio más simple.

Seguidores del Mara, el gran despistador.

 

“Entonces, príncipe, recordé: ‘Un día, cuando mi padre, del clan de los sakyas, estaba trabajando, yo me encontraba sentado tomando la fresca a la sombra de un árbol. Allí, apartado de los deseos de los sentidos, apartado de lo que es perjudicial, alcancé y permanecí en la primera abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos del aislamiento y va acompañada de ideación y reflexión’. ¿No podría ser ése el camino hacia la iluminación?’.

“Y, a la luz de aquel recuerdo, comprendí: ‘Éste es el camino hacia la iluminación’.

“Entonces pensé: ‘¿Por qué temer a una felicidad que no tiene nada que ver con los placeres de los sentidos ni con lo que es perjudicial?’.

“Y me dije: ‘No temo a esa felicidad que no tiene nada que ver con los placeres de los sentidos ni con lo perjudicial’.

“Entonces, príncipe, pensé: ‘No es fácil lograr esa felicidad con un cuerpo llegado a tanta extenuación, ¿y si comiera algo sólido, arroz hervido y cuajada?’.

“Así que comí algo sólido, arroz hervido y cuajada. En aquella ocasión me acompañaban cinco monjes que pensaban: ‘Si el asceta Gotama logra la Enseñanza, nos lo dirá’. Pero, por tomar algo sólido, arroz y cuajada, se decepcionaron conmigo y se fueron pensando: ‘El asceta Gotama se pega la buena vida, ha dejado de lado el esfuerzo dándose a la buena vida’.

“Así que, tras ingerir comida sólida y haber recuperado fuerza, apartado de los deseos de los sentidos, apartado de lo que es perjudicial, alcancé y permanecí en la primera abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos del apartamiento, y va acompañada de ideación y reflexión.

“Luego, al cesar la ideación y la reflexión, alcancé y permanecí en la segunda abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos de la concentración, está libre de ideación y reflexión, y va acompañada de unificación de la mente y serenidad interior.

“Luego, al desvanecerse el gozo, permanecí ecuánime, atento y lúcido, experimentando con el cuerpo aquel estado de felicidad que los Nobles llaman: ‘Vivir feliz, atento y ecuánime’, con lo que alcancé y permanecí en la tercera abstracción meditativa.

“Luego, al renunciar al placer, al renunciar al dolor, y previa desaparición de la alegría y la aflicción, alcancé y permanecí en la cuarta abstracción meditativa, sin dolor ni placer, completamente purificada por la atención y la ecuanimidad.

“Entonces, con la mente así concentrada, completamente purificada, nítida, intachable, libre de impurezas, maleable, dispuesta para la acción, equilibrada, inmutable, la dirigí hacia el conocimiento y recuerdo de mis vidas anteriores. Recordé mis múltiples vidas anteriores, es decir, un nacimiento, dos, tres, cuatro, cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, cien, mil, cien mil nacimientos, muchos ciclos cósmicos de contracción, muchos ciclos cósmicos de expansión, muchos ciclos cósmicos de contracción y expansión: ‘Allí, así me llamaba, tal era mi familia, tal era mi apariencia, tal era mi alimento, así experimenté placer y dolor, tanto así duró mi vida, allí fallecí y en otra parte reaparecí; allí, así me llamaba, tal era mi familia, tal era mi apariencia, tal era mi alimento, así experimenté placer y dolor, tanto así duró mi vida, allí fallecí y aquí reaparecí’.

“Así recordé mis múltiples vidas anteriores con sus características y detalles.

“Éste, príncipe, fue el primer conocimiento que logré en el primer tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

“Luego, con la mente así concentrada, completamente purificada, nítida, intachable, libre de impurezas, maleable, dispuesta para la acción, equilibrada, inmutable, la dirigí hacia el conocimiento del nacer y morir de los seres. Con el ojo divino purificado, que va más allá del humano, vi a los seres falleciendo y reapareciendo, conocí a los seres inferiores, superiores, bellos, feos, afortunados y desafortunados según sus acciones anteriores, y supe: ‘Ciertamente, los seres de mala conducta corporal, de mala conducta verbal, de mala conducta mental, que insultan a los Nobles, que sostienen concepciones erróneas, cuyas acciones se derivan de concepciones erróneas, tras la muerte y descomposición del cuerpo, reaparecen en la perdición, en un mal destino, en lugares de sufrimiento, en los infiernos. Pero aquellos seres de buena conducta corporal, de buena conducta verbal, de buena conducta mental, que no insultan a los Nobles, que sostienen concepciones verdaderas, cuyas acciones se derivan de concepciones verdaderas, tras la muerte y descomposición del cuerpo reaparecen en un buen destino, en algún mundo celestial’.

“Así, con el ojo divino purificado que va más allá del humano, vi a los seres falleciendo y reapareciendo, conocí a los seres inferiores, superiores, bellos, feos, afortunados y desafortunados, y supe que renacen según sus acciones anteriores.

“Éste, príncipe, fue el segundo conocimiento que logré en el segundo tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

“Luego, con la mente así concentrada, completamente purificada, nítida, intachable, libre de impurezas, maleable, dispuesta para la acción, equilibrada, inmutable, la dirigí hacia el conocimiento de la aniquilación de las corrupciones.

“Supe tal y como es: ‘Esto es el sufrimiento’, supe tal y como es: ‘Éste es el origen del sufrimiento’, supe tal y como es: ‘Éste es el cesar del sufrimiento’, supe tal y como es: ‘Éste es el camino que lleva al cesar del sufrimiento’; supe tal y como son: ‘Éstas son las corrupciones’, supe tal y como es: ‘Éste es el origen de las corrupciones’, supe tal y como es: ‘Éste es el cesar de las corrupciones’, supe tal y como es: ‘Éste es el camino que lleva al cesar de las corrupciones’.

“Cuando supe y vi así, mi mente quedó liberada de la corrupción del deseo de los sentidos, mi mente quedó liberada de la corrupción del devenir, mi mente quedó liberada de la corrupción de la ignorancia.

“Cuando quedé liberado, supe que estaba liberado y constaté: ‘Aniquilado está el renacer, cumplida la vida de santidad, hecho lo que había que hacer, ya no hay más devenir’.

“Éste, príncipe, fue el tercer conocimiento que logré en el último tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

Colección de Discursos de Mediana Longitud
MN 85. Bodhirajakumara Sutta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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