La Estructura de la Realidad (y XX)

Un personaje de la pantalla no tiene forma de escapar de ella. Por mucho que lo intente, que busque la salida, que se esfuerce no sale. Porque la pantalla no tiene salida. Sabe que atrapado como está en la pantalla morirá y no será más que polvo en el recuerdo. Su ansia por seguir en la película choca contra la realidad de que en la pantalla todo es impermanente, todo es insustancial y nada es, porque todo es ilusión.

Pero que sea ilusión para un personaje de ilusión no es un consuelo.

Sentado en la butaca viendo como los personajes de la pantalla se esfuerzan en mantenerse en su papel, en medrar, en ser ricos, famosos y guapos. O solo en sobrevivir un día más, solo para vomitarlo absortos en la pantalla de un celular de contrato.

¿Para qué?
¿De qué le sirve a un personaje ser el más poderoso del mundo?
¿De qué?

A lo más, ves que ponen amplias sonrisas y parecen ser felices. Basta mirar el reloj y cuando vuelves a alzar la mirada el personaje ya no es ni rico ni famoso y mucho menos guapo: Está muerto.

Un personaje, otro, otro, y otro más… todos tratando de actuar según un papel que no es el suyo, pero realmente actúan según el guion sin poder saltarse ni una coma. Todos tratando de ser lo que no son, todos actuando sobre su propia actuación.

Lo repito, un personaje no puede salir de la pantalla. O sea, no te puedes salir del cine si no te despegas del personaje.

El personaje está dentro de la pantalla y tú pegado al personaje, creyéndote al personaje, viviendo cada vida que tiene el personaje, soñando, riendo, llorando, sufriendo con el piche personaje.

Para salirse del personaje se necesita despegarse de él.

Lo primero es acabar con el tiempo. Si no tienes percepción del tiempo, sino solo del ahora, no te pesará ni la historia del personaje y mucho menos las historias y aspiraciones que tienes para el personaje. Con el tiempo se acaba desactivando todo pensamiento no funcional. Si nunca piensas en ayer, ayer deja de existir. Si nunca piensas en mañana, mañana tampoco te afectará.

Lo segundo es destruir toda idea de que ese personaje es real o que eres tú. Tú solo eres un paquete de condiciones con capacidad de observación, no ese señor de bigote que toca una guitarra rara con amigos.

Lo tercero es acabar con las emociones. Mientras lo que le pase al personaje te cause pesar, dolor, alegría, felicidad, etc. tus reacciones meterán más condiciones a tu paquete y te atarán aun más al asiento. Sin emociones no hay ni sufrimiento ni felicidad.

Y asi, con un personaje que no sabemos que le pasó, que no eres tu y que te da igual lo que le pase tenemos una buena parte del camino.

Solo queda verlo todo como es. Asi que, viendo qué bobada es todo esto, solo te queda levantarte e irte. Eso sí, si te levantas, el personaje “muere”. Pero ¿a quién le importa a estas alturas el personaje?

No es de extrañar que los arahants usen el cuchillo, los Paccekabuddhas se suiciden en masa cuando aparece un Sammasambuddha o que los Sammasambuddhas una vez que ya se hartan de estar enseñando y el personaje flojea, lo acaben.

¿Para qué estar haciendo qué?

¿Para que unos débiles mentales se monten en la película una epopeya “religiosa” para divinizar lo que no pueden practicar?

En cualquier caso, en tu mano NO está.

Ni en la mía.

Con poner las condiciones ya me vale, y este libro es una de ellas.

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