Así se Liberó el Buddha, Paso a Paso.

El Bodhirajakumara sutta (MN 85) es posiblemente el sutta más importante de todo el Canon por lo esclarecedor que es para aquellos que buscan lo mismo que el Buddha, o sea, la liberación final, Nibbāna.

El relato autobiográfico parte de una conversación con el Príncipe Bodhi. En ella el Buddha va relatando aquello que pensaba y lo que hizo. Lo que funcionó y lo que no. Realmente en este sutta nos describe al Bienaventurado en su versión más accesible. Lejos de ser un ser celestial, un príncipe de cuento de hadas rodeado de placeres, nos aparece en su versión más humana y muy próxima a todo el que busca la respuesta final, con sus ocurrencias, sus pruebas y sus errores, sus reflexiones y replanteamientos.

El relato comienza antes de salir de casa de sus padres, cuando era un Bodhisatta, tuvo su primera ocurrencia:

 

“Príncipe, antes de mi Iluminación, cuando aún era un Bodhisatta no plenamente iluminado, se me ocurrió este pensamiento: ‘El placer no se obtiene por medio del placer, el placer se obtiene por medio del dolor’.

 

El Bodhisatta hace una sola frase de dos tesis. No andaba muy perdido, pero era un buen comienzo.

Más tarde, cuando era joven, un hombre de cabello negro, dotado de la bendición de la juventud, en la primicia de la vida, aunque mi madre y padre desearon otra cosa y derramaron lágrimas, afeité mi cabeza y la barba, me puse el hábito amarillo y salí del hogar para asumir un estilo de vida sin hogar.

“Habiendo renunciado, príncipe, en busca de lo que es saludable, buscando el estado supremo de la de paz sublime, fui junto a Alara Kalama

 

Lo que saca a los caminos al Bodhisatta es la búsqueda del estado supremo de la paz sublime. Él lo que quería es llegar a estar muy bien, a lograr el placer máximo que proporciona la paz sublime. Hay que hacer ver que no salió a resolver el problema del sufrimiento del mundo, ni nada parecido ni salió a resolverle nada a nadie. Solo a él mismo.

Lo primero que hizo fue ir a buscar a dos maestros muy célebres en esa época. Es lo que inicialmente hace, mal, cualquiera. Digo mal porque lo que se tienen que resolver se hace siempre por uno mismo y esa forma de querer saltarse el esfuerzo de investigar acudiendo a maestros es una estúpida tendencia que es muy humana, pero que al final, se paga con tiempo perdido y volviendo al inicio.

Por supuesto, los maestros que escogió no tenían la respuesta. Esta experiencia moduló ligeramente su planteamiento inicial, desde ‘El placer no se obtiene por medio del placer, el placer se obtiene por medio del dolor’ pasamos a la tesis que resultará ser cierta: si se consigue acabar con el deseo impulsivo, obsesivo, obnubilado, ansioso y ardiente por los placeres de los sentidos, uno se capacita para alcanzar el conocimiento y la visión.

Este planteamiento resulta genial y premonitorio. Es una auténtica revelación: para alcanzar la Sabiduría es preciso previamente lograr erradicar el deseo innato por los placeres sensoriales.

Esto es totalmente cierto y, como veremos, el Buddha insistió sobre este punto durante toda su vida, es lo que llamó el deleite, que es la verdadera raíz del apego.

Llamó deleite, en pāli, nananda, a los placeres. Esta avidez por los placeres, en general, se traduce como la dependencia de la felicidad, del placer, de la alegría, del amor, etc. Y si nos remitimos a la neurociencia, la avidez por nananda se refiere a la dependencia de la serotonina, de la dopamina, de la anandamida, de la epinefrina, de la oxitocina, etc.

O sea, el objetivo del aun Bodhisatta era lograr acabar con esa dependencia. Pero, como veremos, no empezó bien:

 

“Entonces, se me ocurrieron tres símiles nunca antes oídos. Imagínate un trozo de madera verde y húmeda sumergida en el agua, y un hombre que se acercara a ella con un palo pensando: ‘Encenderé un fuego y generaré calor’.

“¿Qué te parece, príncipe? ¿Será capaz ese hombre de encender un fuego y generar calor frotando su palo con el trozo de madera verde y húmeda sumergida en el agua?”.

“No, maestro Gotama, porque se trata de un trozo de madera verde y húmeda sumergida en el agua. Ese hombre no hará más que cansarse y exasperarse”.

“De igual modo, aquellos ascetas y brahmanes que, aun no viviendo con cuerpos y mentes retirados de los placeres de los sentidos, no han renunciado y sosegado íntegramente en su interior el deseo impulsivo, obsesivo, obnubilado, ansioso y ardiente por los placeres de los sentidos, aunque sientan dolores penetrantes y punzantes, provocados por el esfuerzo, están incapacitados para el conocimiento y la visión, la más elevada iluminación. Este es el primer símil nunca antes oído que se me ocurrió.

“Luego se me ocurrió el segundo símil nunca antes oído. Imagínate un trozo de madera verde y húmeda que está en tierra firme lejos del agua y un hombre que se acercara a ella con un palo pensando: ‘Encenderé un fuego y generaré calor’.

“¿Qué te parece, príncipe? ¿Será capaz ese hombre de encender un fuego y generar calor frotando su palo con el trozo de madera verde y húmeda que está en tierra firme lejos del agua?”.

“No, maestro Gotama, porque se trata de un trozo de madera verde y húmeda, aunque esté en tierra firme lejos del agua. Ese hombre no hará más que cansarse y exasperarse”.

“De igual modo, aquellos ascetas y brahmanes que no vivan con cuerpos y mentes retirados de los placeres de los sentidos, que no hayan renunciado y sosegado íntegramente en su interior el deseo impulsivo, obsesivo, obnubilado, ansioso y ardiente por los placeres de los sentidos, aunque sientan dolores penetrantes y punzantes, provocados por el esfuerzo, están incapacitados para el conocimiento y la visión, la más elevada iluminación. Éste es el segundo símil nunca antes oído que se me ocurrió.

“Luego se me ocurrió el tercer símil nunca antes oído. Imagínate un trozo de madera seca y sin humedad que está en tierra firme, lejos del agua, y un hombre que se acercara a ella con un palo pensando: ‘Encenderé un fuego y generaré calor’.

“¿Qué te parece, príncipe? ¿Será capaz ese hombre de encender un fuego y generar calor frotando su palo con el trozo de madera seca y sin humedad que está en tierra firme lejos del agua?”.

“Sí, maestro Gotama, porque se trata de un trozo de madera seca y sin humedad que, está en tierra firme y lejos del agua”.

“De igual modo, aquellos ascetas y brahmanes que viven con cuerpos y mentes retirados de los placeres de los sentidos, que han renunciado y sosegado íntegramente en su interior el deseo impulsivo, obsesivo, obnubilado, ansioso y ardiente por los placeres de los sentidos, tanto si sienten dolores penetrantes y punzantes, como si no los sienten, ésos sí que están capacitados para el conocimiento y la visión, la más elevada iluminación. Éste es el tercer símil que me vino a la cabeza y que no había oído anteriormente.

“Éstos son los tres símiles nunca antes oídos que se me ocurrieron.

 

Él mismo asevera que esta ocurrencia era completamente original. En esencia la tesis es esta: “aquellos que viven con cuerpos y mentes retirados de los placeres de los sentidos, que han renunciado y sosegado íntegramente en su interior el deseo impulsivo, obsesivo, obnubilado, ansioso y ardiente por los placeres de los sentidos, tanto si sienten dolores penetrantes y punzantes, como si no los sienten, ésos sí que están capacitados para el conocimiento y la visión, la más elevada iluminación”.

Es decir, retirados de los placeres de los sentidos.

Luego durante un tiempo se dedicó a eliminar todo tipo de placeres de los sentidos, tanto de placer como de dolor. De esta forma se sometió a toda clase de torturas físicas para tratar de acabar con la dependencia de los placeres.

Él nos lo cuenta así:

 

“Entonces, pensé: ‘¿Y si apretando los dientes y con la lengua tocando el paladar sometiera, subyugara y dominara la mente con la mente?’. Así, con los dientes apretados y la lengua tocando el paladar, sometí, subyugué y dominé la mente con la mente. Haciendo tal esfuerzo, me corría el sudor por los sobacos. Al igual que un hombre fuerte, agarrando por la cabeza o los hombros a un hombre débil, lo sometería, subyugaría y dominaría, apretando los dientes con la lengua tocando el paladar, sometí, subyugué y dominé la mente con la mente, mientras me corría el sudor por los sobacos. Pero, a pesar de poner infatigable energía y establecer ininterrumpida atención, mi cuerpo estaba excitado y desasosegado por el doloroso esfuerzo al que fue sometido.

“Entonces, pensé: ‘¿Y si me concentrara en meditar sin respirar?’. De manera que dejé de inhalar y exhalar por boca y nariz. Al hacer esto me zumbaban poderosamente los oídos como cuando sopla un fuerte viento. Como el fuerte resuello del fuelle de un herrero, al dejar de inhalar y exhalar por boca y nariz me zumbaban poderosamente los oídos. Pero, a pesar de poner infatigable energía y establecer interrumpida atención, mi cuerpo estaba excitado y desasosegado por el doloroso esfuerzo al que fue sometido.

“Luego, pensé: ‘¿Y si me concentrara aún más en meditar sin respirar?’. De manera que dejé de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos. Al hacer esto me zumbaba poderosamente la cabeza como cuando sopla un fuerte viento. Como si un hombre fuerte me clavara una espada afilada en la cabeza, al dejar de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos, me zumbaba poderosamente la cabeza. Pero, a pesar de poner infatigable energía y establecer ininterrumpida atención, mi cuerpo estaba excitado y desasosegado por el doloroso esfuerzo al que fue sometido.

“Luego, pensé: ‘¿Y si me concentrara aún más en meditar sin respirar?’. De manera que dejé de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos. Al hacer eso, sufrí fuertes dolores de cabeza. Como si un hombre fuerte me estrujara la cabeza con una correa de cuero, al dejar de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos sufrí fuertes dolores de cabeza. Pero, a pesar de poner infatigable energía y establecer ininterrumpida atención, mi cuerpo estaba excitado y desasosegado por el doloroso esfuerzo al que fue sometido.

“Luego, pensé: ‘¿Y si me concentrara aún más en meditar sin respirar?’. De manera que dejé de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos. Al hacer eso, fuertes zumbidos de vientos me desgarraban el vientre. Como si un carnicero experto o su aprendiz destripasen una res con un afilado cuchillo de carnicero, al dejar de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos, fuertes zumbidos de vientos me desgarraban el vientre. Pero, a pesar de poner infatigable energía y establecer ininterrumpida atención, mi cuerpo estaba excitado y desasosegado por el doloroso esfuerzo al que fue sometido.

“Luego, pensé: ‘¿Y si me concentrara aún más en meditar sin respirar?’. De manera que dejé de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos. Al hacer eso, el cuerpo me ardía intensamente. Como si dos hombres fuertes, agarrando por ambos brazos a un hombre débil lo abrasaran sobre un pozo de carbones al rojo, al dejar de inhalar y exhalar por boca, nariz y oídos, el cuerpo me ardía intensamente. Pero, a pesar de poner infatigable energía y establecer ininterrumpida atención, mi cuerpo estaba excitado y desasosegado por el doloroso esfuerzo al que fue sometido.

“Entonces, príncipe, al verme en tal estado, algunos dioses decían: ‘El asceta Gotama ha muerto’. Otros dioses decían: ‘El asceta Gotama no ha muerto, pero está moribundo’. Otros dioses decían: ‘El asceta Gotama ni ha muerto ni está moribundo, el asceta Gotama es un santo y así es como viven los santos’.

“Luego, pensé: ‘¿Y si dejara de comer del todo?’. Entonces los dioses se me acercaron y me dijeron: ‘Señor, no dejéis de comer del todo. Si lo hacéis, os alimentaremos con la comida de los dioses a través de los poros de la piel y os sustentaréis con ella’.

“Entonces pensé: ‘Si afirmo que practico la abstinencia, pero los dioses me alimentan con su comida y me sustento con ella, entonces estaré mintiendo’. De manera que desistí diciendo a los dioses: ‘Está bien’.

“Después pensé: ‘¿Y si comiera sólo un poco cada vez, una sola cucharada de sopa de judías o de lentejas o de garbanzos o de guisantes?’. Así lo hice y mi cuerpo quedó extenuado. De comer tan poco, mis miembros parecían los tallos de una enredadera marchita, mi trasero la pezuña de un buey, mis vértebras las cuentas de un abalorio, mis costillas sobresalían como las canaleras de un tejado en ruinas, mis ojos se hundían en sus órbitas como el agua en un pozo profundo, mi cuero cabelludo se arrugaba y encogía como una calabaza verde y amarga que, arrancada antes de tiempo, expuesta al viento y al sol, se arruga y encoge. La piel del vientre llegó a pegarse a mi espina dorsal y, si se me ocurría tocarla, era mi espina dorsal lo que tocaba; si se me ocurría tocar mi espina dorsal, era la piel de mi vientre lo que tocaba. Cuando tenía que hacer mis necesidades, me caía de bruces allí mismo. Si trataba de aliviarme dándome friegas, el pelo, podrido en sus raíces, se me caía a medida que iba dando friegas.

“Algunos hombres al verme decían: ‘El asceta Gotama es negro’; otros decían: ‘El asceta Gotama no es negro sino moreno’; otros decían: ‘El asceta Gotama no es ni negro ni moreno, es amarillo’.

“Hasta ese punto, príncipe, el puro y limpio color de mi piel se deslució, y todo ello de comer tan poco.

 

Al cabo de un tiempo, ya exhausto, reflexionó así:

 

“Entonces pensé: ‘Ha habido en el pasado, habrá en el futuro y hay también hoy en día, ascetas y brahmanes que han experimentado dolores penetrantes y punzantes provocados por el esfuerzo, pero no los hay que en nada superen a éstos. Sin embargo, no he llegado a través de ellos a ningún estado sobrehumano ni a ningún conocimiento y visión propios de los Nobles, ¿no habrá otro camino hacia la iluminación?’.

 

Podía asegurar que lo que él había sufrido no lo había sufrido nadie ni antes ni después. Sin embargo, no llegó a nada. Ni conocimiento ni visión. Así que se dio cuenta que reprimiendo los placeres sensuales no se llega a ninguna parte. Porque por mucho que se aparte de los placeres, la dependencia continúa.

Esto es similar al alcohólico que se aparta de la bebida. Por mucho tiempo que pase apartado de ella, la tendencia al alcoholismo permanece inalterada. Así, de tener de nuevo acceso al alcohol, se cae de nuevo el él y todo ese esfuerzo es inútil.

Así que tendría que haber otra forma. Se puso a pensar… y pensando, pensando recordó un episodio que le sucedió de adolescente:

 

“Entonces, príncipe, recordé: ‘Un día, cuando mi padre, del clan de los sakyas, estaba trabajando, yo me encontraba sentado tomando la fresca a la sombra de un árbol. Allí, apartado de los deseos de los sentidos, apartado de lo que es perjudicial, alcancé y permanecí en la primera abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos del aislamiento y va acompañada de ideación y reflexión’. ¿No podría ser ése el camino hacia la iluminación?’.

“Y, a la luz de aquel recuerdo, comprendí: ‘Éste es el camino hacia la iluminación’.

 

Él había experimentado un estado de jhāna espontáneo al que no le dio mayor importancia. Pero ahora se dio cuenta de su verdadera dimensión. Existe la forma de mantener satisfecha la necesidad de placer y felicidad, pero sin caer en la nefasta dependencia de los sentidos. Reflexionó de la siguiente manera:

 

“Entonces pensé: ‘¿Por qué temer a una felicidad que no tiene nada que ver con los placeres de los sentidos ni con lo que es perjudicial?’.

“Y me dije: ‘No temo a esa felicidad que no tiene nada que ver con los placeres de los sentidos ni con lo perjudicial’.

 

¿Puedo usar esta felicidad? ¿Este placer? ¿Esta alegría? Son placeres independientes de los sentidos y alejados de lo que es perjudicial. Estos placeres obtenidos así, no crean dependencia, y sí sirven para saciar cualquier necesidad de placer sin caer en lo perjudicial.

El planteamiento inicial se replantea: lo malo no es la dependencia en sí, sino la tendencia a buscar esos placeres en los sentidos.

Así que intenta repetirlo, pero no puede. Entonces cae en la cuenta de que estando así de débil el cuerpo no puede generar estas sustancias. Con ese instinto que tiene el cuerpo de saber qué alimentos necesita con más fuerza piensa así:

 

“Entonces, príncipe, pensé: ‘No es fácil lograr esa felicidad con un cuerpo llegado a tanta extenuación, ¿y si comiera algo sólido, arroz hervido y cuajada?’.

 

Y rompe el ayuno. Pero lo rompe para poder generar la felicidad y el placer endógenos y va a buscar arroz hervido y cuajada, precisamente alimentos ricos en vitamina B6, triptófano y glucosa, necesarios para sintetizar la serotonina. Sus compañeros de penurias criticaron esta decisión, que rompía en la práctica con el ascetismo duro que seguían, por lo que le abandonaron:

 

Así que comí algo sólido, arroz hervido y cuajada. En aquella ocasión me acompañaban cinco monjes que pensaban: ‘Si el asceta Gotama logra la Enseñanza, nos lo dirá’. Pero, por tomar algo sólido, arroz y cuajada, se decepcionaron conmigo y se fueron pensando: ‘El asceta Gotama se pega la buena vida, ha dejado de lado el esfuerzo dándose a la buena vida’.

 

Una vez repuesto ya pudo entrar en las jhānas:

 

“Así que, tras ingerir comida sólida y haber recuperado fuerzas, apartado de los deseos de los sentidos, apartado de lo que es perjudicial, alcancé y permanecí en la primera abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos del apartamiento, y va acompañada de ideación y reflexión.

 

La primera jhāna requiere hacer el ejercicio de ideación, además de placer y felicidad.

 

“Luego, al cesar la ideación y la reflexión, alcancé y permanecí en la segunda abstracción meditativa, en la que hay gozo y felicidad nacidos de la concentración, está libre de ideación y reflexión, y va acompañada de unificación de la mente y serenidad interior.

La segunda jhāna ya no requiere hacer el ejercicio de ideación. Solo generar placer y felicidad.

 

“Luego, al desvanecerse el gozo, permanecí ecuánime, atento y lúcido, experimentando con el cuerpo aquel estado de felicidad que los Nobles llaman: ‘Vivir feliz, atento y ecuánime’, con lo que alcancé y permanecí en la tercera abstracción meditativa.

La tercera jhāna ya no requiere de la concurrencia del placer, se llega a ella mediante la felicidad.

 

“Luego, al renunciar al placer, al renunciar al dolor, y previa desaparición de la alegría y la aflicción, alcancé y permanecí en la cuarta abstracción meditativa, sin dolor ni placer, completamente purificada por la atención y la ecuanimidad.

Por último, la cuarta jhāna ya no requiere ni de placer, ni de felicidad ni de alegría. En este punto, habiendo usado los deleites internos, o sea, mediante la generación de sus propios neurotransmisores alcanza el estado que estaba buscando y ahí se encuentra con lo que no esperaba: la Sabiduría.

Así pudo ver y recordar sus vidas anteriores. Obviamente esto no se puede lograr en estado normal, sino en estos estados alterados de conciencia:

“Entonces, con la mente así concentrada, completamente purificada, nítida, intachable, libre de impurezas, maleable, dispuesta para la acción, equilibrada, inmutable, la dirigí hacia el conocimiento y recuerdo de mis vidas anteriores. Recordé mis múltiples vidas anteriores, es decir, un nacimiento, dos, tres, cuatro, cinco, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, cien, mil, cien mil nacimientos, muchos ciclos cósmicos de contracción, muchos ciclos cósmicos de expansión, muchos ciclos cósmicos de contracción y expansión: ‘Allí, así me llamaba, tal era mi familia, tal era mi apariencia, tal era mi alimento, así experimenté placer y dolor, tanto así duró mi vida, allí fallecí y en otra parte reaparecí; allí, así me llamaba, tal era mi familia, tal era mi apariencia, tal era mi alimento, así experimenté placer y dolor, tanto así duró mi vida, allí fallecí y aquí reaparecí’.

“Así recordé mis múltiples vidas anteriores con sus características y detalles.

 

Hay que hacer ver que en este estado la ignorancia se disuelve y aparece el conocimiento. Así nos lo relata:

 

“Éste, príncipe, fue el primer conocimiento que logré en el primer tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

 

En la segunda sesión se dirigió hacia el conjunto del Samsara, viendo como los seres mueren y renacen en los diferentes reinos en dependencia de la condicionalidad, o sea, del kamma:

“Luego, con la mente así concentrada, completamente purificada, nítida, intachable, libre de impurezas, maleable, dispuesta para la acción, equilibrada, inmutable, la dirigí hacia el conocimiento del nacer y morir de los seres. Con el ojo divino purificado, que va más allá del humano, vi a los seres falleciendo y reapareciendo, conocí a los seres inferiores, superiores, bellos, feos, afortunados y desafortunados según sus acciones anteriores, y supe: ‘Ciertamente, los seres de mala conducta corporal, de mala conducta verbal, de mala conducta mental, que insultan a los Nobles, que sostienen concepciones erróneas, cuyas acciones se derivan de concepciones erróneas, tras la muerte y descomposición del cuerpo, reaparecen en la perdición, en un mal destino, en lugares de sufrimiento, en los infiernos. Pero aquellos seres de buena conducta corporal, de buena conducta verbal, de buena conducta mental, que no insultan a los Nobles, que sostienen concepciones verdaderas, cuyas acciones se derivan de concepciones verdaderas, tras la muerte y descomposición del cuerpo reaparecen en un buen destino, en algún mundo celestial’.

“Así, con el ojo divino purificado que va más allá del humano, vi a los seres falleciendo y reapareciendo, conocí a los seres inferiores, superiores, bellos, feos, afortunados y desafortunados, y supe que renacen según sus acciones anteriores.

“Éste, príncipe, fue el segundo conocimiento que logré en el segundo tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

 

En la tercera parte de la noche dirigió su atención al mecanismo que ata a los seres a la existencia, al devenir, al Samsara y vió la forma de destruirlo.

 

“Luego, con la mente así concentrada, completamente purificada, nítida, intachable, libre de impurezas, maleable, dispuesta para la acción, equilibrada, inmutable, la dirigí hacia el conocimiento de la aniquilación de las corrupciones.

“Supe tal y como es: ‘Esto es el sufrimiento’, supe tal y como es: ‘Éste es el origen del sufrimiento’, supe tal y como es: ‘Éste es el cesar del sufrimiento’, supe tal y como es: ‘Éste es el camino que lleva al cesar del sufrimiento’; supe tal y como son: ‘Éstas son las corrupciones’, supe tal y como es: ‘Éste es el origen de las corrupciones’, supe tal y como es: ‘Éste es el cesar de las corrupciones’, supe tal y como es: ‘Éste es el camino que lleva al cesar de las corrupciones’.

“Cuando supe y vi así, mi mente quedó liberada de la corrupción del deseo de los sentidos, mi mente quedó liberada de la corrupción del Samsara, mi mente quedó liberada de la corrupción de la ignorancia.

“Cuando quedé liberado, supe que estaba liberado y constaté: ‘Aniquilado está el renacer, cumplida la vida de santidad, hecho lo que había que hacer, ya no hay más devenir’.

“Éste, príncipe, fue el tercer conocimiento que logré en el último tercio de la noche. La ignorancia se desvaneció y el conocimiento surgió, las tinieblas se desvanecieron y la luz surgió, como sucede cuando uno permanece alerta, constante y diligente.

 

Así, de esta forma quedó liberado de la corrupción del deseo de los sentidos, de la corrupción del Samsara, quedó liberado de la ignorancia. Liberado de la ignorancia queda liberado de la existencia y por tanto de cualquier clase de renacimiento. Por tanto, el objetivo estaba logrado.

Las jhānas le sirvieron para dos cosas, la primera la de liberarse de la dependencia de los sentidos y la segunda, gracias a esos estados de conciencia alterada, pudo alcanzar la Sabiduría y gracias a ella arrancar la ignorancia y con ella, la liberación final.

 

Esto es así y realmente funciona así. La llave de la liberación es la maestría en las jhānas porque son estas, y ninguna otra cosa, la que permite desvincularse lo suficiente de la dependencia de los sentidos, que sería arrancar el árbol, y además sirve para que la Sabiduría surja y con ella saber arrancar las raíces del árbol del Samsara que aún quedan.

Así lo hizo el Buddha y así es como se hace. Ayer, hoy y siempre.

No te liberas estudiando ni rezándole al Buddha ni haciendo ceremonias ni yendo a cursos ni a retiros, ni meditando en la compasión universal.

Te liberas así.

Si eres capaz de una mínima concentración es muy accesible. Sin embargo, si tienes la mente muy enferma, como pensamientos que surgen y surgen y no te permiten una mínima concentración, lo que deberías hacer es buscar la forma de ejercitar esta importantísima herramienta.

De ti depende. Nadie te va a liberar más que tú mismo.

No estudies, practica.

 

 

 

 

 

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