Sufrir no es Humano

Cada vez está más claro que el sufrimiento es un efecto perverso e indirecto de la cultura. El ser humano, al entregarse a ella, abandonó sus mejores cualidades y, en lugar de obtener placer, felicidad y alegría de manera directa, se echó en manos de los placeres sensuales y de las formas que es lo que los memes pueden divulgar. En lugar de cultivarse él mismo, se entregó a una vorágine de búsqueda del placer donde no está, ahí fuera.

También, gracias a la cultura, esos subhumanos, que evolutivamente no tendrían futuro, han proliferado amplísimamente.

Miles de años después, esa fatua búsqueda ha dado como resultado a un homínido con un cerebro pequeño, sufriente y dependiente de la sociedad para satisfacer sus necesidades de placer, felicidad y alegría que antes no tenía.

Sufrir no es intrínsecamente humano y la prueba es que se puede dejar de sufrir.

No resulta aquí que aquellos que han erradicado el sufrimiento sean superhombres o supermujeres, ni gente excepcional. Son humanos sin más adjetivos. Lo anormal es haberse degradado hasta el punto de sufrir. El mismo sufrimiento actúa como retroalimentación positiva puesto que encoje y degrada aún más el cerebro, efecto que pasa a las siguientes generaciones por medio de la epigenética, y así aumenta su capacidad de sufrimiento.

El cerebro para su correcto funcionamiento necesita tener sus neurotransmisores perfectamente equilibrados. Esto es evidente. Y el mecanismo natural es regenerarlos directamente. Más evidente aún.

Pero un cerebro pobre, discapacitado, inhábil, buscará mediante la comunicación, los memes, la forma de solventarlo. Toda sociedad parte de una cultura dentro de la cual es principal la forma de tratar de solventar esas deficiencias de forma externa y ahí es donde nacen las adicciones a actitudes, sustancias, ventajas, conductas que indirectamente proporcionen un poco de estas drogas. Esas adicciones dan lugar al apego y éste, obviamente, al sufrimiento.

Así que si vemos a nuestro alrededor lo que vemos son espíritus hambrientos. Sedientos de dinero, de sexo, de drogas, de poder, de éxito, de emociones… que no pueden saciarlos porque no tienen con qué, porque no tienen la capacidad de hacerlo por sí mismos, y lográndolo fuera nunca podrán satisfacerlos.

Los espíritus hambrientos se llaman petas, y están entre el humano y los animales y es uno de los reinos de desgracia en el Samsara.

Sufrir es de petas, no de humanos.

¿Sufres?

¿Entiendes ahora que la mística NO es un lujo, sino una necesidad básica?

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