El Suicidio Del Buddha

Aunque el Buddha había prohibido bajo expulsión del Sangha el suicidio, o su colaboración, a sus bhikkhus, como se recoge en el Vinaya, este extremo no es aplicable a los arahants y, por tanto, tampoco a sí mismo.

La regla general nos indica que, para un arahant, que en realidad solo arrastra la vida para llegar a su parinibbana final, sintiéndose enfermo y sin ganas de seguir viviendo, el suicidio es la salida lógica a la última vida. Así lo aplica a varios casos que a continuación se exponen: Godhika, Channa, Vakkali y él mismo.

Es decir, el suicidio de un arahant o de un Buddha es completamente natural.

Obviamente este hecho no provoca kamma alguno ya que el arahant ha cortado con la existencia, y habiéndolo hecho, sin existencia el kamma no es productivo en absoluto.

Esto no es aplicable a nadie más que a los arahants, como se deja claro en otros suttas.

 

 

Colección de discursos agrupados temáticamente

Godhika Sutta

4.23. Godhika

 

Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda de los bambúes, en el santuario de las ardillas, cerca de Rajagaha. Al mismo tiempo, el Venerable Godhika estaba morando en la Roca Negra, en la pendiente Isigili. En esta ocasión, mientras que el Venerable Godhika estaba morando diligente, ardiente y resuelto, alcanzó la temporal liberación de la mente, pero cayó lejos de aquella liberación temporal de la mente. Y por segunda vez… por tercera vez… por cuarta vez… por quinta vez… por sexta vez, mientras que el Venerable Godhika estaba morando diligente, ardiente y resuelto, alcanzó la temporal liberación de la mente, pero cayó lejos de aquella liberación temporal de la mente. Y por séptima vez, mientras que el Venerable Godhika estaba morando diligente, ardiente y resuelto, alcanzó la temporal liberación de la mente.

Entonces, esto se le ocurrió al Venerable Godhika: “Seis veces ya he caído lejos de la temporal liberación de la mente. Voy a usar el cuchillo”.

Entonces, Mara, el Malvado, habiendo conocido con su propia mente la reflexión en la mente del Venerable Godhika, se acercó al Bienaventurado y se dirigió a él con estos versos:

Ardiente con el poder y la gloria.
Adoro a los pies de Aquel que tiene la Visión,
Que ha superado la enemistad y el temor.

“Oh gran héroe que has vencido a la muerte,
Tu discípulo anhela la muerte.
Intenta [tomar su propia vida]:
¡Deténgalo, oh Luminoso!

“¿Cómo puede, oh Bienaventurado, tu discípulo
—Alguien que se deleita en la enseñanza,
Que busca el ideal de su mente—
Tomar su propia vida, oh extensamente afamado?”.

 

En esa precisa ocasión el Venerable Godhika había usado el cuchillo. Entonces el Bienaventurado, habiendo entendido: “Este es Mara, el Malvado”, se dirigió a él en verso:

Ellos no se apegan a la vida.
Después de haber sacado el ansia con su raíz,
Godhika alcanzó el Nibbana final”.

Acto seguido el Bienaventurado se dirigió a los monjes así: “Venid, monjes, vayamos a la Roca Negra, en la pendiente Isigili donde el hombre de clan, Godhika, usó el cuchillo”.

“Sí, Venerable Señor”, respondieron aquellos monjes y el Bienaventurado junto con un número de monjes fue a la Roca Negra, en la pendiente Isigili. Y el Bienaventurado vio, desde cierta distancia, al Venerable Godhika tendido en la cama, con su hombro torcido.

En esta ocasión una nube de humo, un remolino de la oscuridad se movió al este, luego al oeste, luego al norte, luego al sur, hacia arriba, hacia abajo y hacia los cuartos intermedios [de los puntos cardinales]. Entonces, el Bienaventurado se dirigió a los monjes así: ‘¿Veis, monjes, aquella nube de humo, aquel remolino de la oscuridad que se mueve al este, luego al oeste, luego al norte, luego al sur, hacia arriba, hacia abajo y hacia los cuartos intermedios [de los puntos cardinales]?”.

“Sí, Venerable Señor”.

“Aquel, monjes, es Mara, el Malvado buscando la conciencia del hombre de clan Godhika, preguntándose: ‘¿Dónde se estableció la conciencia del hombre de clan Godhika?’. Sin embargo, monjes, con la conciencia no establecida, el hombre de clan Godhika alcanzó el Nibbana final”.

Entonces Mara, el Malvado, tomando un laúd de la madera amarilla vilva, se acercó al Bienaventurado y se dirigió a él en verso:

“Arriba, abajo y de un lado a otro,
En los cuatro puntos cardinales y en su espacio intermedio,
A dónde fue Godhika”.

[El Bienaventurado:]

“Este hombre era firme y decidido,
Un meditador que siempre se regocijaba en la meditación,
Sin apego incluso por la vida.

“Habiendo conquistado al ejército de la Muerte,
No retornando a la renovada existencia,
Habiendo extraído el ansia con sus raíces,
Godhika alcanzó el Nibbana final”.

Tanto fue herido por el dolor
Que su laúd se le cayó de su axila.
Entonces ese espíritu decepcionado
Desapareció en el acto.

 

Majjhima Nikaya 144 & Sayutta Nikaya 35.87
Channovada Sutta
Consejos a Channa

 

Esto he escuchado: En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en Rajagaha, en la Arboleda de los Bambúes, donde van las ardillas en busca de comida.

Al mismo tiempo, el Venerable Sariputta, el Venerable Mahacunda y el Venerable Channa estaban morando en el monte Pico de Buitre.

En esta ocasión el Venerable Channa estaba aquejado, afligido y gravemente enfermo. Entonces, cuando llegó la tarde, el Venerable Sariputta emergió de la reclusión, se acercó al Venerable Mahacunda y le dijo: “Ven, amigo Cunda, acerquémonos al Venerable Channa e indaguemos acerca de su enfermedad”.

“Sí, amigo”, respondió el Venerable Mahacunda.

Entonces, el Venerable Sariputta y el Venerable Mahacunda se acercaron al Venerable Channa e intercambiaron en él cordiales saludos, después de lo cual se sentaron en los asientos preparados para ellos. Y el Venerable Sariputta dijo luego al Venerable Channa: “Espero que lo estés soportando bien, amigo Channa, espero que te encuentres mejor. Espero que tu sensación penosa esté disminuyendo y no incrementándose, y que esta disminución sea la que se pueda discernir y no su incremento.”

“Amigo Sariputta, no lo estoy soportando bien ni me encuentro mejor. Una fuerte sensación penosa se está incrementando en mí y no disminuyendo, y este incremento es el que se puede discernir y no su disminución. Es como si un fuerte hombre partiera mi cabeza abriéndola con una afilada espada, así también de violentos son los vientos que atraviesan mi cabeza. Por eso no lo estoy soportando bien… Es como si un fuerte hombre estirara una resistente correa de cuero alrededor de mi cabeza como una venda, así también de violentos son los dolores en mi cabeza. Por eso no lo estoy soportando bien… Es como si un hábil carnicero o su aprendiz estuviera abriendo el vientre del buey con un afilado cuchillo, así también de violentos son los vientos que cortan mi vientre. Por eso no lo estoy soportando bien… Es como si dos fuertes hombres sujetaran a uno débil por los dos brazos asándolo sobre un pozo lleno de carbón ardiente, así también de violenta es la quemadura que tengo dentro de mi cuerpo. Por eso no lo estoy soportando bien ni me encuentro mejor. Una fuerte sensación penosa está aumentando en mí y no está disminuyendo, y este incremento es el que se puede discernir y no su disminución. Quiero usar el cuchillo, amigo Sariputta, no tengo deseo de seguir viviendo.”

“Que el venerable Channa no use el cuchillo. Que el venerable Channa siga viviendo. Nosotros queremos al venerable Channa con vida. Si el venerable Channa carece de la comida apropiada, voy a ir en busca de la comida apropiada para él; si el venerable Channa carece de la apropiada medicina, voy a ir en busca de la apropiada medicina para él; si el venerable Channa carece del asistente personal, yo voy a ser el asistente personal para él. Pero que el venerable Channa no use el cuchillo. Que el venerable Channa siga viviendo. Nosotros queremos al venerable Channa con vida.”

“Amigo Sariputta, he aquí, no hay carencia de la comida apropiada; yo tengo la comida apropiada. No hay carencia de la apropiada medicina; yo tengo la apropiada medicina. No hay carencia del asistente personal; tengo el asistente personal. No obstante, amigo, por largo tiempo he servido al Maestro de manera agradable, no de manera desagradable. Es apropiado para el discípulo, servir al Maestro de manera agradable y no de manera desagradable. Recuerda esto, amigo Sariputta: el monje Channa va a usar el cuchillo sin censura.”

“Nosotros quisiéramos preguntar al venerable Channa acerca de un punto, si es que el venerable Channa quisiera otorgarnos el favor de respondernos.”

“Pregunta, amigo Sariputta, cuando lo escuche voy a saber”.

“Amigo Channa, ¿consideras el ojo, la conciencia del ojo y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo de esta manera: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’? ¿Consideras el oído, la conciencia del oído y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído de esta manera: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’? ¿Consideras la mente, la conciencia de la mente y las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente de esta manera: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’?”

“Amigo Sariputta, yo considero el ojo, la conciencia del ojo y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Además, considero el oído, la conciencia del oído y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Y también considero la mente, la conciencia de la mente y las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’.”

“Amigo Channa, ¿qué es lo que ves y conoces directamente en el ojo, en la conciencia del ojo y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo cuando lo consideras de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’? ¿Qué es lo que ves y conoces directamente en el oído, en la conciencia del oído y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído cuando lo consideras de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’? ¿Qué es lo que ves y conoces directamente en la mente, en la conciencia de la mente y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente cuando lo consideras de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’?”

“Amigo Sariputta, es porque veo y conozco directamente el cese en el ojo, en la conciencia del ojo y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo, que lo considero de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Es porque veo y conozco directamente el cese en el oído, en la conciencia del oído y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído, que lo considero de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Es porque veo y conozco directamente el cese en la mente, en la conciencia de la mente y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente, que lo considero de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’.”

Cuando esto fue dicho el Venerable Mahacunda dijo al Venerable Channa: “Por lo tanto, amigo Channa, a esta enseñanza del Bienaventurado se debe prestar atención continuamente: ‘para alguien que es dependiente existe vacilación; para alguien que es independiente no existe tal vacilación. Cuando no hay vacilación, hay tranquilidad. Cuando hay tranquilidad, no existe inclinación. Cuando no existe inclinación, no hay ir y venir. Cuando no hay ir y venir, no hay fallecimientos y renacimientos. Cuando no existen fallecimientos y renacimientos, no hay aquí y más allá ni nada entre los dos. Esto en sí mismo es el fin de la insatisfacción.”

Entonces, cuando el Venerable Sariputta y el Venerable Mahacunda ofrecieron al Venerable Channa esta exhortación, se levantaron de sus asientos y partieron de allí. Entonces, no mucho después de que se hayan ido, el Venerable Channa usó el cuchillo.

Seguidamente, el Venerable Sariputta se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y dijo: “Venerable señor, el venerable Channa usó el cuchillo. ¿Cuál será su destino? ¿Cuál es su futuro nacimiento?”

“Sariputta, ¿no ha declarado el monje Channa la ausencia de lo censurable en tu propia presencia? “

“Venerable señor, allí está el pueblo de los vajjianos de nombre Pubbavijjhana. Ahí el venerable Channa tuvo sus familiares amigos, íntimos familiares y familiares que lo hospedaban.”

“El venerable Channa, Sariputta, realmente tuvo estos familiares amigos, íntimos familiares y familiares que lo hospedaban; pero yo no digo que por esto uno se hace censurable. Sariputta, cuando uno recuesta este cuerpo y toma otro cuerpo, entonces yo digo que uno se vuelve censurable. Pero esto no sucedió en el caso del monje Channa. El monje Channa ha usado el cuchillo sin ser censurable. Esto es, Sariputta, lo que deberías recordar”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y el Venerable Sariputta fue satisfecho y se deleitó en las palabras del Bienaventurado.

 

 

Colección de discursos agrupados temáticamente
Vakkali Sutta
SN 22.87. Discurso con Vakkali

Esto he escuchado. En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en la Arboleda de los Bambúes cerca de Rajagaha, en el lugar donde las ardillas van en busca de la comida. Al mismo tiempo, el Venerable Vakkali estaba morando en el cobertizo del alfarero, aquejado, afligido y gravemente enfermo. Entonces, el Venerable Vakkali dijo a sus asistentes: “Id, amigos, acercaos al Bienaventurado, rendidle homenaje en mi nombre con vuestras cabezas inclinadas hacia sus pies y decidle: ‘Venerable señor, el monje Vakkali está aquejado, afligido y gravemente enfermo y le rinde homenaje con su cabeza inclinada hacia sus pies’. Después decid: ‘sería bueno, venerable señor, que el Bienaventurado se acercara al monje Vakkali movido por la compasión’”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes y se acercaron al Bienaventurado, le rindieron homenaje, se sentaron a un lado y le entregaron el mensaje. Y el Bienaventurado consintió en silencio.

Acto seguido, el Bienaventurado se vistió, tomó su cuenco y el hábito exterior, y se acercó al Venerable Vakkali. Y el Venerable Vakkali visualizó al Bienaventurado desde cierta distancia cuando estaba llegando y se estiró en su cama. Entonces, el Bienaventurado le dijo: “Ya es suficiente, Vakkali, no te estires más en tu cama. Allí hay unos asientos preparados y voy a sentarme allí”.

Después de lo cual, el Bienaventurado se sentó en el asiento que estaba preparado para él y dijo al Venerable Vakkali lo siguiente: “Espero que lo estés soportando bien, Vakkali, espero que te encuentres mejor. Espero que tu sensación penosa esté disminuyendo y no incrementándose, y que esta disminución es la que se puede discernir y no su incremento”.

“Venerable señor, no lo estoy soportando bien ni me encuentro mejor. Una fuerte sensación penosa se está incrementando en mí y no disminuyendo, y este incremento es el que se puede discernir y no su disminución”.

“Espero, Vakkali, que no estás turbado por remordimiento y pesar algunos”.

“En efecto, venerable señor, tengo bastante remordimientos y pesares”.

“Espero, Vakkali, que no tienes nada que reprocharte con respecto a la virtud”.

“No tengo nada que reprocharme, venerable señor, con respecto a la virtud”.

“Entonces, Vakkali, si no tienes nada que reprocharte con respecto a la virtud, ¿por qué estás turbado por remordimiento y pesar?”.

“Por mucho tiempo, venerable señor, quise poder ver al Bienaventurado, pero no estaba de suficiente buena forma para hacerlo”.

“Es suficiente, Vakkali, ¿por qué quieres ver este asqueroso cuerpo? Alguien que ve el Dhamma me ve a mí; alguien que me ve a mí, ve el Dhamma. Para ver el Dhamma, Vakkali, uno me ve a mí; y viéndome a mí, uno ve el Dhamma.

“¿Qué opinas, Vakkali, es la forma permanente o impermanente?”—”Impermanente, venerable señor”. —”Y aquello que es impermanente, ¿es placentero o insatisfactorio?”—”Es insatisfactorio, venerable señor”. —”Y aquello que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, ¿se puede considerar así: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’?”—”No, venerable señor”.

“Y ¿qué opinas, Vakkali, es la sensación permanente o impermanente?… ¿Es la percepción permanente o impermanente?… ¿Son las formaciones mentales permanentes o impermanentes?… ¿Es la conciencia permanente o impermanente?”—”Impermanente, venerable señor”. —”Y aquello que es impermanente, ¿es placentero o insatisfactorio?”—”Es insatisfactorio, venerable señor”. —”Y aquello que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, ¿se puede considerar así: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’?”—”No, venerable señor”.

“Viendo las cosas de esta manera, Vakkali, el instruido noble discípulo experimenta repugnancia hacia la forma, repugnancia hacia la sensación, repugnancia hacia la percepción, repugnancia hacia las formaciones mentales y repugnancia hacia la conciencia. Experimentando repugnancia, llega a ser desapasionado. A través del desapasionamiento, su mente llega a liberarse. Cuando está liberado, le llega el siguiente conocimiento: ‘Esta es la liberación’. Y entiende así: ‘El nacimiento ha sido destruido, la vida santa ha sido vivida, lo que estaba por hacer, ha sido realizado, y he aquí no hay más futuras existencias’”.

Acto seguido, habiendo ofrecido esta exhortación al Venerable Vakkali, el Bienaventurado se levantó de su asiento y se fue hacia el monte Pico de Buitre.

Entonces, no mucho tiempo después de que el Bienaventurado se hubo retirado de ahí, el Venerable Vakkali se dirigió a sus asistentes con estas palabras: “Venid, amigos, alzadme sobre este lecho y llevadme a la Roca Negra de la pendiente Isigili. ¿Cómo puede alguien como yo pensar en morir en medio de las casas?”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes y alzaron al Venerable Vakkali sobre el lecho y lo llevaron a la Roca Negra de la pendiente Isigili.

Mientras tanto, el Bienaventurado pasó el resto de aquel día y la noche en el monte Pico de Buitre. Entonces, cuando la noche ya estaba bien avanzada, dos jóvenes devas de extraordinaria belleza se acercaron al Bienaventurado, iluminando todo el monte Pico de Buitre, le rindieron homenaje y se pararon a un lado. Una vez parados ahí, uno de los devas jóvenes dijo: “Venerable señor, el monje Vakkali tiene la intención de la liberación.” Y el otro deva joven dijo: “Ciertamente, venerable señor, él será liberado como alguien bien liberado”. Esto es lo que aquellos jóvenes devas dijeron y, habiéndolo dicho, rindieron homenaje al Bienaventurado y, manteniendo siempre al Bienaventurado a su mano derecha, desaparecieron de ahí.

Entonces, pasada la noche, el Bienaventurado se dirigió a los monjes con estas palabras: “Id, monjes, y acercaos al monje Vakkali y decidle: ‘Amigo Vakkali, escucha las palabras del Bienaventurado y dos jóvenes devas. Anoche, amigo, cuando la noche ya estaba bien avanzada, dos jóvenes devas de extraordinaria belleza se acercaron al Bienaventurado, iluminando todo el monte Pico de Buitre, le rindieron homenaje y se pararon a un lado. Una vez parados ahí, uno de los devas jóvenes dijo: «Venerable señor, el monje Vakkali tiene la intención de la liberación». Y el otro deva joven dijo: «Ciertamente, venerable señor, él será liberado como alguien bien liberado». Y el Bienaventurado te dice: «No temas, Vakkali, no tengas miedo. Tu muerte no será mala. Tu deceso no será malo»’”.

“Así sea, venerable señor”, respondieron aquellos monjes y se acercaron al Venerable Vakkali y le dijeron: “Escucha, amigo Vakkali, las palabras del Bienaventurado y de dos jóvenes devas”.

Entonces, el Venerable Vakkali se dirigió a sus asistentes con estas palabras: “Venid, amigos, bajadme de este lecho. ¿Cómo uno podría pensar en escuchar las palabras del Bienaventurado estando sentado en un asiento alto?”.

“Sí, amigo”, respondieron aquellos monjes, y bajaron al Venerable Vakkali del lecho.

“Anoche, amigo, cuando la noche ya estaba bien avanzada, dos jóvenes devas de extraordinaria belleza se acercaron al Bienaventurado, iluminando todo el monte Pico de Buitre, le rindieron homenaje y se pararon a un lado. Una vez parados ahí, uno de los devas jóvenes dijo: ‘Venerable señor, el monje Vakkali tiene la intención de la liberación’. Y el otro deva joven dijo: ‘Ciertamente, venerable señor, él será liberado como alguien bien liberado’. Y el Bienaventurado te dice: ‘No temas, Vakkali, no tengas miedo. Tu muerte no será mala. Tu deceso no será malo’”.

“Bien, amigos. Rendid homenaje de mi parte al Bienaventurado con vuestras cabezas inclinadas hacia sus pies y decidle: ‘Venerable señor, el monje Vakkali está aquejado, afligido y gravemente enfermo y le rinde homenaje con su cabeza inclinada hacia sus pies’. Después decidle: ‘La forma es impermanente: no tengo confusión alguna acerca de esto, venerable señor; no tengo dudas de que lo que es impermanente es insatisfactorio. No tengo dudas de que, en consideración a lo que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, no tengo más deseo, codicia ni afección. La sensación es impermanente… La percepción es impermanente… Las formaciones mentales son impermanentes… La conciencia es impermanente: no tengo confusión alguna acerca de esto, venerable señor; no tengo dudas de que lo que es impermanente es insatisfactorio. No tengo dudas de que, en consideración a lo que es impermanente, insatisfactorio y sujeto a cambios, no tengo más deseo, codicia ni afección’”.

“Así sea, amigo”, respondieron aquellos monjes, y partieron de ahí. Entonces, no mucho tiempo después de que aquellos monjes se hubieron ido, el Venerable Vakkali usó el cuchillo.

Entonces, aquellos monjes se acercaron al Bienaventurado, le rindieron homenaje, se sentaron a un lado y le entregaron el mensaje. Acto seguido, el Bienaventurado se dirigió a aquellos monjes con estas palabras: “Venid, monjes, vayamos a la Roca Negra de la pendiente Isigili donde el miembro del clan Vakkali usó el cuchillo”.

“Sí, venerable señor”, respondieron aquellos monjes. Después de lo cual, el Bienaventurado, junto con el grupo de los monjes, fue a la Roca Negra de la pendiente Isigili. Y el Bienaventurado visualizó de cierta distancia al Venerable Vakkali yaciendo en el lecho con el hombro torcido. En esa ocasión, una nube de humo, un remolino de oscuridad se movió hacia el Este, luego hacia el Oeste, luego hacia el Norte y luego hacia el Sur, hacia arriba y abajo, y hacia los cuartos intermedios. Y el Bienaventurado se dirigió a los monjes con estas palabras: “¿Habéis visto, monjes, esta nube de humo, este remolino de oscuridad que se movió hacia el Este, luego hacia el Oeste, luego hacia el Norte y luego hacia el Sur, hacia arriba y abajo, y hacia los cuartos intermedios?”.

“Sí, venerable señor”.

“Éste, monjes, es el Mara, el Malvado quien vino a buscar la conciencia del miembro del clan Vakkali, preguntando: ‘Dónde ahora ha sido establecida la conciencia del miembro de clan Vakkali?’. Sin embargo, monjes, con la conciencia no establecida, el miembro del clan Vakkali ha alcanzado el Nibbana final”.

 

Colección de discursos largos
DN 16. Parinibbana Sutta

En esta ocasión, Cunda, el herrero, escuchó que el Bienaventurado arribó a Pava y que estaba en su Arboleda de los Mangos. Entonces, se fue junto al Bienaventurado y saludándolo respetuosamente se sentó a un lado y el Bienaventurado lo instruyó, inspiró, edificó y lo llenó de alegría con la enseñanza del Dhamma.

Entonces Cunda dijo al Bienaventurado: “Venerable Señor, ¿podría el Bienaventurado consentir en recibir de mí una comida mañana, junto con el Sangha de los monjes?”. Y el Bienaventurado consintió en silencio.

Cuando Cunda entendió que el Bienaventurado aceptó su invitación, se levantó de su asiento y, saludándolo respetuosamente, se retiró cuidando que el Bienaventurado quedara siempre a su derecha.

Cuando pasó la noche, Cunda, el herrero, escogió toda clase de comida, tanto dura como blanda que preparó en su casa, junto con una cantidad de delicadeza de cerdo, después de lo cual, fue a anunciar al Bienaventurado que la comida estaba servida.

Entonces, el Bienaventurado habiéndose vestido por la mañana temprano, tomó su cuenco y hábito exterior, y fue con el Sangha de los monjes a la residencia de Cunda. Estando ahí, se sentó en el asiento preparado para él y dijo al Cunda: “La comida que preparaste con la delicadeza de cerdo, sírveme sólo a mí, Cunda, mientras que la otra comida, tanto la blanda como la dura, puedes servirla a la comunidad de los monjes”.

“Así sea, Venerable Señor”, respondió Cunda y la comida que preparó con la delicadeza de cerdo la sirvió solamente al Bienaventurado, mientras que la otra comida, tanto la blanda como la dura, la sirvió a la comunidad de los monjes.

Acto seguido, el Bienaventurado se dirigió a Cunda con estas palabras: “Cunda, cada vez que te sobre algo de la comida hecha con la delicadeza de cerdo, entierra las sobras en una fosa. Porque yo no conozco a nadie en este mundo de los dioses, Maras y Brahmas, tanto entre los ascetas, como entre los brahmanes, entre los dioses y los seres humanos, que fuera capaz de digerir totalmente esta comida, con la única excepción del Tathagata.

Entonces, Cunda, el herrero, respondió al Bienaventurado: “Así sea, Venerable Señor”; y lo que sobró de la comida hecha con la delicadeza de cerdo, lo enterró en una fosa.

Después Cunda retornó al lugar donde estaba el Bienaventurado y, saludándolo respetuosamente, se sentó a un lado. Y el Bienaventurado instruyó a Cunda, el herrero, en el Dhamma, lo inspiró, edificó y lo llenó de alegría. Después de lo cual, se levantó de su asiento y partió.

No mucho después de que el Bienaventurado hubo terminado la comida provista por Cunda, el herrero, unas funestas náuseas se apoderaron de él, incluso la disentería, y sufrió un agudo y mortal dolor. Pero el Bienaventurado lo enfrentó con la atención consciente, con clara comprensión, sin inmutarse.

Entonces, el Bienaventurado dijo al Venerable Ananda: “Ven, Ananda, vayamos a Kusinara”, a lo que el Venerable Ananda respondió: “Así sea, Venerable Señor”.

Cuando comió la comida de Cunda, escuché,
Un mortal dolor lo atravesó.
Adolorido por la delicadeza de cerdo,
Unas espantosas nauseas vinieron al Señor.
Pero él los retorcijones enfrentó y dijo: “Ven, vayamos
A Kusinara”, éstas fueron sus intrépidas palabras.

[…]

En esta ocasión, el Bienaventurado se dirigió al Venerable Ananda con estas palabras: “Podría suceder, Ananda, que Cunda, el herrero, tuviera remordimientos pensando: ‘Esta es tu culpa, amigo Cunda, es por tu falta que el Tathagata alcanzó su Nibbana final, luego de haber recibido la última comida de ti ‘. Pero el remordimiento de Cunda debe ser calmado de esta manera: ‘Este es tu mérito, Cunda, es gracias a tu buena obra, que el Tathagata alcanzó su Nibbana final, luego de haber recibido su última comida de ti. Amigo Cunda, yo escuché de la misma boca del Bienaventurado, que existen dos grandes ofrendas, que dan mucho fruto y producen un gran resultado, las cuales son más grandiosas y más beneficiosas que otras. ¿Cuáles son esas dos? La comida que se ofrece al Tathagata antes de alcanzar su Despertar y la comida que se le ofrece antes de alcanzar su Parinibbana. Estas son las dos grandes ofrendas, que dan mucho fruto y producen un gran resultado, las cuales son más grandiosas y más beneficiosas que otras. La obra de Cunda conduce a una larga vida, a la buena suerte, a la felicidad, a la fama, al cielo y al dominio’. De esta manera, Ananda, hay que calmar el remordimiento de Cunda”.

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