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Quien está en el Samsara es porque está condicionado a permanecer en él, atado mediante las cadenas de su propio apego a la existencia. Mientras esté sumido en la ignorancia, no podrá verlo y seguirá en la pesadilla de los continuos renacimientos, porque si existe, nace.
Es algo que está de su mano, de nadie más.
¿Quién querría permanecer vida tras vida padeciendo, si el Samsara es puro sufrimiento, pura insatisfacción?
Podría parecer evidente que nadie, pero el apego a la existencia se manifiesta de muchas maneras. La ignorancia ciega. Puede mostrar al sufrimiento como algo soportable y que se compensa con breves momentos de felicidad. Es la forma más económica de seguir amarrado. O puede hacer justo lo contrario, mostrar el sufrimiento más crudo hasta niveles insoportables.
El sufrimiento produce aversión que no es más que la consecuencia del apego. Una aversión insuperable es la consecuencia de un apego igual de insuperable.
Hay algunos que, en su ignorancia, sin ver no conocer lo que le causa el sufrimiento considera que éste está amarrado a la vida y no a la existencia. Piensan que acabando con la vida acaban con el sufrimiento.
Y se suicidan.
No hay diferencias sustanciales entre los dos casos, son dos facetas de la misma ignorancia: en una es el apego el que ciega, en la otra es la aversión la lo hace. Mientras que el primero no considerará emplear el esfuerzo para librarse de la existencia, pensando que a con la muerte todo acabará y que todo estará bien y vive., el segundo tampoco considera el esfuerzo para romper con la existencia pensando que a su muerte todo acabará y estará bien y se suicida.
Los dos consiguen lo mismo, seguir existiendo. Así que lo que hacen es pasar el problema a la siguiente vida. De esta forma los dos han perdido la oportunidad de escapar, cegados por la ignorancia.
El Samsara es una inmensa máquina de reciclaje donde la inmundicia cada vez es más despreciable. Y como todo está condicionado, si el suicida pensaba que su vida era insoportable, era porque ignoraba que hay existencias mucho más miserables. Y para el que se contenta, lo mismo.
Toda situación desesperada, tienda a empeorar.
Se llama entropía.
Caso aparte es el de los que han roto con la existencia, para los que la vida no proporciona nada, ni bueno ni malo, porque sin existencia no hay donde acumular kamma. A ellos, que han roto con la existencia, que han roto con la ignorancia, que han roto con la condicionalidad les espera lo incondicionado: Nibbāna.
Nada que ver, justo lo contrario.
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