El Árbol de la Historia (II). El Cambiazo

No se puede entender la evolución de las religiones sin comprender como funciona el Timo del Cambiazo. Un cambiazo es un cambio realizado de manera fraudulenta y es sinónimo de engañar, estafar, dar gato por liebre o defraudar.

La religión se enseña desde niños. Mas que enseñanza, es aleccionamiento. Y se usa la fe para fijarla y la magia para que los niños la entiendan. La mente infantil, incapaz de analizar y entender la condicionalidad de los fenómenos, asume fácilmente la explicación mágica y aprende por fe.

Luego, de mayores, la religión llega a ser parte de la identidad, como la nación, la clase o el equipo de fútbol. Es un conocimiento muy temprano que el individuo usará en su desarrollo mental como base para integrar nuevos conocimientos. Aceptará o rechazará en función de lo que conozca. Por eso, aleccionar desde pequeños es sencillo y resulta muy eficaz. Es realmente difícil que un individuo se cuestione incluso su propia identidad, por lo que lo que está asociado a ella lo mantendrá bien guardado.

La religión tienes dos aspectos, por un lado, el doctrinal que se basa en un mito y que evoluciona mediante saltos mágicos y no mediante una condicionalidad lógica. Este mito se introduce en la mente del devoto y llega a fusionarse con él. El devoto entiende el mundo y lo que sucede a través de la visión doctrinal de su religión.

El segundo aspecto es el político. Se crea una asociación entre el mito y una organización política de forma nominal. Quien sea dueño del nombre de la religión es quien tiene autoridad sobre el mito y por ende sobre el devoto. Este es un tipo de manipulación muy poderoso y desde tiempo inmemorial los gobernantes han echado mano de la religión para ganarse el favor, y el terror, de sus súbditos. De esta forma, la conciencia de cada individuo se convierte en el más eficaz policía (e inspector de Hacienda) del gobernante. Para ello, son precisamente los gobernantes los que impulsan la doctrina, dejando a un cuerpo de ladroneses, los “sacerdotes” el poder de administración del mito.

Sucede que la religión sobrevive al autor y sigue funcionando, pero siempre administrada por ese cuerpo de ladroneses, floreciendo o menguando según sirva a los propósitos de los nuevos gobernantes.

El problema surge cuando un gobernante quiere hacerse con el favor de los devotos sin contar con los sacerdotes, o robándoselos directamente. Aquí es cuando “nacen” las religiones.  La dificultad está en la enorme inercia mental que existe en la mente de los devotos, por lo que hemos hablado.

Aquí es donde entra en Timo del Cambiazo.

Lo que se necesita es un patrón muy fuerte, económica y políticamente (históricamente un rey, emperador, faraón o similar) y luego desarrollar una doctrina muy similar a la previa, para que no produzca rechazo, y lo que se hace es cambiar el nombre a los objetos de culto. Lo que antes es Isis, luego es la Virgen María y lo que antes es la diosa Tonantzin es ahora la Virgen de Guadalupe. Luego identificamos a María con Guadalupe y tenemos a los indios tlaxcaltecas adorando a una diosa egipcia con el mismo fervor que siempre, salvo que ahora obedecen a un obispo en lugar de al chamán de la tribu.

El patrón, que es quien se beneficia de toda la trama, lo que hace es favorecer la “conversión” y eso se hace usando los impuestos, les extrae recursos a los paganos para entregárselos a los conversos como “actos de caridad” y simultáneamente la coacción, usando el monopolio de la fuerza del estado contra los renuentes. Hoguera, inquisición, tortura, expulsiones, confiscaciones, etc. Igual que a los niños, o caramelos o zapatilla.

De esta forma, la gente sigue creyendo lo mismo, solo que cambiando los nombres… y los sacerdotes, puestos por el patrón. De esta forma, con el cambiazo se logra la adhesión inquebrantable de los súbditos, ahora también convertidos en devotos.

Después, los sacerdotes se dedicarán en su tiempo libre, y todo su tiempo es libre, a organizar el culto, fabricar una teología, redactar leyes canónicas, constituir tribunales eclesiásticos, condenar herejes (individuos que piensan lo que quieren, no lo que se les ordena), infiltrar a la ciencia, corromper el conocimiento, etc. Y a administrar una inmensa fortuna donada por los devotos que, para eso, son ladroneses: les pagan para que les roben.

De aquí que la religión sirva para matarse unos contra otros, porque no se enfrentan realmente los dioses, sino devotos de unos dioses contra los devotos de otros dioses, que no son más que infelices súbditos de unos soberanos contra otros soberanos, pero creyendo que luchan por el más allá y la vida eterna. Eso es algo que con dinero no se paga. Con ignorancia, sí.

Y la fe es ignorancia.

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