El Estado de la mentira (I). Orden Público

Desde siempre se nos ha dicho, como si fuera una verdad evidente, que el estado no solo es necesario sino, además imprescindible. Que es impensable poder organizarse de ninguna otra forma. Que es el orden natural de las cosas…

¿Orden natural? ¿Desde cuando existe el estado? ¿Los bichos tienen estados?

Enseguida salen con aquello de que el estado es imprescindible porque es necesario imponer el orden público, mantener una administración de justicia y, a más a más, proveer de una sanidad pública y una educación pública de calidad.

Y se quedan tan oreados.

Parece que las mentiras parecen verdades a base de echar más y más mentiras.

Vamos a empezar con lo más “evidente”, el famoso y manido “orden público”.

Lo que está claro es que se debe imponer un orden…

Pero ¿Quién?

Porque quien impone el orden, impone su orden.

La policía, tal y como la entendemos, es uno o varios cuerpos represivos que actúan bajo las órdenes estrictas del estado. Además, suele haber varios cuerpos policiales para que no se desmanden, y unos hagan de contrapeso a otros.  Actúan para el estado, no para el individuo, son la policía privada del estado que actúa para el interés del estado.

Bueno, dirá alguno, el estado actúa en beneficio de sus ciudadanos. Y la respuesta es ¿por qué? ¿Qué razón tiene el estado para actuar en beneficio de los ciudadanos, por encima del suyo propio?

Lo cierto es que ninguna. En el supuesto caso de que coincida, si es que eso se da, la policía actuará a favor del ciudadano, pero solo porque esa acción, por las razones que sean, beneficia al estado.

Y la prueba es que si a un ciudadano le roban o le matan ¿paga el estado? ¿Qué interés legítimo mueve al estado a proteger al ciudadano?

Ninguno. No tiene interés ni razón alguna para hacerlo. Es más, si no lo hace no pasa absolutamente nada.

Y la prueba es evidente. La policía se encarga de perseguir conductas que no son del gusto de la moral del estado. La policía se encarga de multar, de recaudar, de chingar y joder al ciudadano, que le paga para protegerle, no para que haga de padrastro.

Existen incluso cuerpos que se crearon para reprimir a los ciudadanos en áreas rurales y siguen haciendo lo mismo. Ahí aparecen cada vez que el gobierno quiere, pero nunca cuando hace falta. Eso sí, son perfectos para capturar a robagallinas, pero no a grandes delincuentes y menos aun a sus propios jefes.

Ellos no cobran menos cuando le roban a un ciudadano, o no les expulsan si lo asesinan. Ellos están para cobrar y listo. Si les pagan poco, usarán la fuerza que se les da para coaccionar y sacar mordidas. Si se les paga mucho, para que me muevan hay que darles comisión por hacerlo, bien a base de lograr “objetivos” o bien directamente como comisionistas de sus propias recaudaciones.

No te extrañe que para sancionar el tráfico estén atentos y vigilantes, pero si necesitas ayuda, puedes esperar sentado. Eso sí, con chaleco reflectante y triángulos de seguridad. Y que corran raudos para detener a un cómico que ha hecho un chiste que desagrada al gobierno.

La policía pública son los guardias de seguridad del gobierno.

Y no, la solución no es que no existan cuerpos y fuerzas de seguridad. No. Pero, como todo en la vida, debe existir un contrapeso, una justificación para que se trabaje bien. Y para eso es necesario que quien provea la seguridad le interese que estés seguro, y le interese mucho.

Y eso no es una utopía, están ahí y se encargan de salvaguardar lo que realmente es importante: los bancos, las instalaciones militares, los centros de computación, etc. Se llaman vigilantes privados.

Pero tampoco te vas a poner como individuo a contratar una empresa de seguridad, pero si lo puede hacer un grupo de personas. Pero como, además, a ese colectivo debe interesarle la seguridad y debe responsabilizarse si falla, para eso también están empresas desde hace mucho tiempo que se dedican a la evaluación de los riegos: las aseguradoras.

Una aseguradora que te asegure la seguridad, dispondrá de los medios para que se estés seguro porque si falla, deberá indemnizarte. Por tanto, una aseguradora puede contratar a una o a varias empresas de seguridad. Y la dinámica propia del mercado hace el resto: si son malos, los echan. Si un guardia es corrupto, lo corren sus propios compañeros…

Y se va a trabajar para la seguridad más que para la represión.

El sistema tiene muchos más beneficios. Por ejemplo, nadie querrá proteger a los malandros que se encontraran con la desagradable situación de tener en contra a todos sin nadie que les proteja. La mejor motivación para que emigren.

Además, si a la compañía de seguros le interesa porque eres de fiar, no vas a causar daño y le parece conveniente, podrá hacer que te autoprotejas.

Y la dinámica es la propia de las compañías de seguros: si hay un conflicto entre dos clientes de la misma compañía ya se organiza ella, y si no, se buscan un árbitro aceptado por las partes para que medie en las indemnizaciones. Igual que lo hacen con los accidentes de tráfico.

Nada nuevo.

Pero muy bueno. ¿Te imaginas a un guardia de seguridad multando a su cliente, pegando a su cliente, maltratando a su cliente, pidiéndole una mordida a su cliente?

El Estado no es mi padre. Ni el tuyo.

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