El Linaje (III). La Cultura Embrutece

La evolución del cerebro a través de los homínidos nos cuenta una larga historia en la que unos animales arborícolas pudieron conquistar el suelo y competir con animales que les superaban en número, en tamaño, en fuerza y en velocidad. Aparte de una gran resistencia en carrera de varios días, los homínidos disponían de un órgano que hizo la diferencia: su cerebro.

Y es la evolución la que los hizo humanos.

El cerebro es un órgano plástico cuyo funcionamiento se basa en la creación de redes neuronales dinámicas cuya química interna varia a cada momento.

Hay tres grandes unidades funcionales en las que podemos dividir el trabajo del cerebro. Las funciones vitales de control del organismo (rūpa), la memoria, (namā), y la capacidad de procesamiento (citta).

Hay que dejar claro que las redes no involucran a unas determinadas neuronas específicas sino a sus redes, en las que pueden participar unos u otras.

Los homínidos, al principio, carecían de lenguaje, por lo que su mundo conceptual (namā) era muy pobre, pero necesitaban una gran cantidad de poder de procesamiento para salvar las circunstancias vitales que se les presentaban día a día. Tenían que estar literalmente inventándolo todo cada día únicamente para lograr sobrevivir.

La apuesta por incrementar la encefalización de cara a aumentar la funcionalidad de la conciencia, se tradujo en un éxito evolutivo lento pero muy continuo, de forma que, durante casi dos millones de años, las diferentes especies de homínidos fueron incrementando su capacidad cerebral de forma muy uniforme a razón de 100 cc cada 100.000 años, aproximadamente.

Hay que considerar que, en el entorno precultural, quien fallaba en su capacidad de procesamiento, estaba muerto, y sus genes no pasaban a la siguiente generación. Dicho de otra forma, los tontos no podían sobrevivir lo suficiente como para replicarse.

El subconsciente le iba dando pautas al homínido con el fin de conseguir sexo y comida, premiándole con dosis de serotonina y de dopamina y castigándole, retirándoselas si el objetivo reproductivo, bien en forma de copulas o en forma de acumulación de bienes para proveer a su prole, no se lograba. De esta forma, los homínidos fueron identificando “bueno” con “felicidad”, aunque a un nivel muy básico, ya que si el subconsciente fallaba y premiaba lo que no debía, se comprometía la continuidad vital del homínido. Así se fue afinando la capacidad de acierto del sistema de recompensa. Lo fallos, repito, se pagan con la muerte y no pasan a la siguiente generación.

Desde hace 1.900.000 años, con el homo habilis, se fueron relevando diferentes especies de homínidos, mejorando su encefalización hasta llegar al máximo entre en la mezcla que se dio entre el hombre de Neanderthal y los primeros Cromagnon, donde se alcanza el máximo desarrollo cerebral hace unos 25.000 años.

Los hombres de Neanderthal eran muy poco sociales, mientras que sus sucesores lo eran y mucho. En el punto máximo, el mayor cerebro jamás registrado por homínido alguno, rūpa habría permanecido constante o variando poco. Los sentidos evolucionaron para hacerse más finos, pero no en exceso. Y, con una conceptualización precultural, o sea, muy básica, namā era casi inexistente. Por tanto, la mayor parte de la masa cerebral era usada para el puro procesamiento, por lo que los primeros humanos debían ser muy hábiles en el pensamiento espacial, en la capacidad de intuición e incluso en la mística. Grandes cerebros dedicados casi en exclusiva a pensar.

De hecho, el arte lo inventaron los Neandertales hace 68.000 años con dibujos y esquemas muy significativos.

Sin embargo, a partir de la introducción del lenguaje y la civilización, lo que antes requería de una potente red neuronal para resolver en segundos, ahora bastaba una pequeña red para recordar lo que se aprendía por imitación. Es mucho más fácil aprender una cosa, la que sea, que inventarla si se necesita.

Evidentemente, la civilización significó una importante mejora en la supervivencia del individuo asegurando su supervivencia a pesar de ser deficiente mental puesto que las propias redes sociales ayudaban a la supervivencia, mediante la educación o la asistencia.

Aún hoy se espera educación y sanidad de la sociedad agrupada en forma de estado. O sea, no es nuevo.

Al ser mucho más económico recordar que inventar, el cerebro empezó a usar recursos de proceso (citta) y los empezó a emplear en recursos de conceptualización (namā), de forma que se podía ahorrar una gran cantidad de recursos metabólicos simplemente usando la memoria en lugar del pensamiento creativo.

Órgano que no se usa, órgano que se atrofia. Y mucho más aún si ese órgano consume nada menos que el 20% de todo el metabolismo basal. El principio de economía energética hará que cada vez se use menos y se usará solo lo imprescindible. Y llegará el momento en el que no consumirá ni siquiera el mínimo que el resto del cuerpo produce para él. Y sí, estamos hablando del cerebro.

El neurólogo Marcus E. Raichle publicó en Science en 2006 un artículo llamado “La Energía oscura del cerebro”. En el que da unos datos para que tengamos idea de la magnitud del asunto. El cerebro representa aproximadamente un 2% del peso del cuerpo humano. Sin embargo, consume un 20% de la energía del organismo humano. Eso, en sí mismo, es llamativo. ¿Para qué demonios necesita tantísimo?

La respuesta es fascinante: para hacer NADA, bueno, seguir sabiendo quien eres.

Para entenderlo, debemos considerar que seguir siendo quién eres significa mantener el ego y todo el sistema memético, aprendido por imitación y que conforma una buena parte de lo que es namā. Hay que entender que a pesar de que la química cerebral cambia constantemente, sigues sabiendo lo que sabías.

Raichle calculó que este “modo de mantenimiento” o “modo predeterminado” consume nada menos que el 95% de esa energía y mantiene una serie de redes que nada tienen que ver con estímulos externos ni con el procesamiento.

Como las neuronas solo pueden procesar energía desde la glucosa, no desde otros azúcares o lípidos, el cerebro la usa como combustible con un consumo aproximado de 5,6mg de glucosa por cada 100g de tejido cerebral por minuto, eso representa más de 105 gramos de glucosa pura al día. De los cuales, 96 gramos se emplean para mantener su red de mantenimiento.

Esta red básica está implicada en procesos como el Alzheimer, donde el individuo pierde la noción de sí mismo. Hacer “nada”, solo recordar, resulta vital y consume muchísimos recursos.

O sea, el cerebro humano actual solo dispone de un 5% para procesos externos que implican a los sentidos y al aparato motor y para la conciencia. O sea, para procesar no queda prácticamente nada.

El cerebro humano moderno se está quedando funcionalmente en lo básico: acordarse de quien es, de qué sabe y dónde está. O sea, la energía necesaria para mantener la máquina de los memes. Y como cada vez se necesita menos capacidad de proceso gracias a la conceptualización, tampoco se necesita tanto cerebro que tanto consume. De esta forma podemos contemplar el desastre que la cultura ha provocado en la historia del género homo.

En el siguiente gráfico podemos observar en rojo la curva de la encefalización medida en términos de capacidad craneal. Como el cerebro no fosiliza, debemos inducir datos objetivos como esta capacidad respecto al peso corporal para inducir la encefalización.

Las ordenadas están en centímetros cúbicos en tanto que las abscisas representan la línea temporal en miles de años iniciando en -1.900.000 años y concluyendo en la actualidad.

evolucion humana

 

Las diferentes especies del género homo, se van sucediendo aumentando lineal y progresivamente esa capacidad, empezando con el Habilis, siguiendo con el Egaster, el Erectus y culminando con el Neanderthal y los primeros individuos de nuestra especie, los Cromagnon.

Y aquí vemos lo que en un gráfico económico podríamos ver como el pinchazo de la burbuja de la encefalización: en los últimos 10.000 años (solo el 0.5% del tiempo estudiado) se ha precipitado de forma brusca nada menos que un 15% y con tendencia a ir a peor.

Como hemos visto, lo que le ha pasado por encima al homo sapiens sapiens en estos 10.000 años ha sido la Cultura.

La Cultura se ha cargado al hombre como animal inteligente con capacidad de pensar y de crear y lo está convirtiendo en una máquina de almacenar memes no dejando resquicio a las capacidades mentales superiores.

Un cerebro cada vez más pequeño y atiborrado de basura nos ha devuelto a niveles del homo Erectus. Y, funcionalmente, la inmensa mayoría de los humanos “actuales” no son diferentes del Erectus.

La cultura está matando el cerebro y la sociedad asistencial ha potenciado la supervivencia de los imbéciles impidiendo no solo que mueran, que sería lo evolutivamente esperable, sino que los ha potenciado de forma miserable.

Y el futuro se ve con perspectiva negativa de forma rapidísima.

La irrupción de las nuevas tecnologías depara por un lado un bombardeo masivo de información en cerebros deficientes incapaces de procesarla, solo tratar de acumularla, convirtiendo a esos presuntos humanos, en simples máquinas replicadoras de memes, en entornos de baja productividad mental y llevando a la especie humana hacia la Sociedad de la Imbecilización de forma irreversible.

Que son los humanos los que pueden iluminarse, lo sabemos, como sabemos que los animales no pueden lograrlo.

Y algo muy importante que hay que dejar muy claro: los malos pueden llegar a iluminarse, los tontos no. Ahí tenemos dos ejemplos emblemáticos con el asesino en serie Angulimala que tenia un collar de recuerdo con los dedos de sus víctimas, que llegó al arahantado, y al bueno, tierno pero tonto de Ānanda, el asistente del Buddha. que no lo logró.

Recordemos que el Buddha Gotama era analfabeto, lo que favoreció muchísimo su logro.

Iluminarse hoy día con la cantidad de conceptualización en la que estamos inmersos (conceptos son ignorancia) es algo de veras fuera de lo normal. Además, con la pérdida de la misma condición humana de la gente. Esta pérdida, de forma genérica, la tenemos recogida en el Sutta del Linaje nos indica que los arahants producidos por cada Buddha han ido en disminución progresiva:

  1. Vipassī 100.000
  2. Sikhī 70.000
  3. Vessabhū 60.000
  4. Kakusandha 40.000
  5. Konāgamana 30.000
  6. Kassapa 20.000
  7. Gotama 1.230

No debemos esperar mas de 75 arahants en la octava, y última, ocasión en la que quedará abierta la ventana de oportunidad de Nibbana.

El resto ya es conocido, la condicionalidad tiende al máximo nivel de desorden y todo lo que vemos, experimentamos y contemplamos, como condiciones que son, acabarán en el Padana, el último infierno.

Cosas de la entropía en sistemas cerrados.

Las condiciones están puestas y te están pasando por encima.

El objetivo de la educación es hacer que el individuo tenga más conocimientos, más habilidades no que sea más inteligente, no que sepa pensar más y mejor. Es siempre más fácil dar una receta que hacer que la persona sea capaz de elaborarla por sí misma. Y si no existe presión adaptativa de supervivencia, el cerebro se transforma en la máquina de los memes, incapaz de pensar, de elaborar sino solo de imitar, memorizar, tratar de casar situaciones y repetir. El órgano más evolucionado sobre la faz de la Tierra convertido en un portapapeles del copia y pega. Y el bicho que lo porta solo sabe fijarse en lo que le hace feliz o infeliz para lograr discernir lo conveniente de lo inconveniente.

La cultura embrutece.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¿La conceptualización, como base de la cultura, es la que degenera nuestro cerebro invalidándolo para alcanzar la iluminación?

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    1. A ver, dado un conjunto finito de neuronas, que va A MENOS DE FORMA DRAMATICA, si las tienes que repartir en redes neuronales, ¿es logico que uses el 95% para namā, cuando namā es pura ignorancia?

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