Deseo

Es la palabra más oída, repetida, pronunciada, anunciada, vomitada en las fiestas del nuevo año. Es la piedra de toque de la salud mental de eso que se llama gente.

Algunos dicen que lo dicen sin pensar, y me lo doy por supuesto. Solo la ignorancia puede ser superada por sí misma. Y lo que se dice como excusa se oye como prueba.

¿Qué es el deseo?

El deseo es una actividad mental agradable que se produce a partir de la ignorancia y cuyo producto final se llama sufrimiento.

Es de destacar que sin ignorancia no existe deseo. No se puede desear algo que se conoce positivamente. No puedo desear que sea de día si es de día, ni que seas rico si ya eres rico. Necesita un componente de ignorancia, de probabilidad.

  1. Puede existir una situación no definida y el deseo es la acción mental de tomar partido por una de las posibilidades.

 

  1. El deseo puede dar lugar al apego si, además, te regodeas con la situación por la que apostaste y haces una composición de situación como si ya se hubiera dado y estás disfrutando de sus beneficios. El mecanismo es simple, el cerebro crea la expectativa y te incita a esa acción premiándote con serotonina en dosis suficientes como para que te pongas en marcha, pero inmediatamente te la va restringiendo para que te sigas moviendo ya solo por la aversión a dejar de ser feliz. Su objetivo siempre declarado es sexo o comida, en cualquiera de sus formas más o menos abstractas. El cerebro se adapta a la nueva situación creando sinapsis entre sus neuronas construyendo la estructura necesaria para adaptarse a una nueva situación que no se ha dado.

 

  1. Podemos incluso extremarlo añadiendo una dosis extra de ignorancia creyendo que pensarlo con fuerza lo va a conseguir. Esta clase de ignorancia se llama pensamiento mágico y está presente en las religiones cuando el paciente le pide a Dios o algún personaje así, de esos todopoderosos que te quieren mucho y harán lo que sea para hacerte aún más feliz. No es extraño que se las pasen pidiendo y pidiendo.

 

  1. ¿Qué se puede poner peor? Por supuesto. La ignorancia no conoce límites. En lugar de poner los medios para crear condiciones que favorezcan la posibilidad de que se dé la situación, en lugar de eso, se apuesta todo a que nuestro pensamiento mágico lo va a conseguir.

El producto, como vimos, es sufrimiento. Y este se da cuando pasa lo que tiene que pasar, no precisamente lo que nos gustaría que pasara.

Y va graduado según el nivel de ignorancia que hayamos usado.

Si simplemente nos quedamos en el deseo, sin llegar a apego, esto provoca una frustración, como cuando tu equipo de fútbol sufre una derrota en un partido igualado. Pudo haber sido…

Si entramos en la categoría del apego, en el momento de ser conscientes de que la situación no es la deseada, el cerebro se atora entre lo que pasa fuera y lo que tiene construido dentro. Y se dan las fases del duelo:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación

 

Según el cerebro se resista a romper las sinapsis que ha construido porque le ha parecido y que produce un dolor físico que se llama sufrimiento. Cuanto más se resista, más sufrimiento.

Además, esto es estúpido, porque si consigues el objetivo el cerebro ya no te premia, porque para él ya estaba conseguido. Y si no lo consigues, sufres.

Y si quieres más felicidad, el cerebro te incita es que te apegues a cualquier otra cosa.

Y si, además, implicamos el pensamiento mágico, la no consecución del objetivo choca directamente contra el panteón de las creencias de la víctima. “Dios ya no me quiere, me abandonó”, “estoy maldito”, “algo he hecho y estoy siendo castigado” …

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que en este estadio el sufrimiento puede alcanzar cotas magistrales. Es por eso que creyente y sufriente son condiciones que van siempre de la mano. Es por esto que creer no es ético, porque la ética tiene como objetivo no sufrir.

Y, por último, como hemos dejado a Diosito que sea él el que lo haga, o que se haga el milagro que se produzca y no hemos hecho nada para conseguirlo, pues no se da, o sea, así aseguramos el sufrimiento sin ningún resquicio a escaparnos de él.

Desear solo sirve para sufrir, no tiene ninguna otra utilidad. Es un veneno. Un veneno puro y duro. Y lo menos correcto es ir echando veneno a la gente en las fiestas a su cara.

Muestra un poco de educación. Si te quieres envenenar, no cuentes conmigo.

 

 

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