El Origen de la Tragedia Explicado para Lerdos

SAMSARA-NIBBĀNA

Para empezar, vamos a dividir lo real en dos conjuntos: todo lo que es condicionado y todo lo que no es condicionado.

Solo eso.

Ahora ¿existe algo como que sea condicionado e incondicionado?

Obviamente no. O es, o no es.

Bien, llamaremos “Samsara” al conjunto de todo aquello que sea condicionado. Si es condicionado, es decir, surge debido a condiciones y cesa debido a condiciones, pertenece al Samsara.

Y llamaremos Nibbāna a lo no condicionado. Nibbāna solo hay uno, no puede haber más.

Imaginemos que hay varios conjuntos de objetos no condicionados. Para que un objeto pertenezca a uno o a otro no puede deberse a condiciones ya que serían condicionados. Entonces ¿dónde se coloca? Lo cual es absurdo porque lo incondicionado no tiene lugar, ni tiempo, ni dimensión. No tiene sentido clasificar aquello que no está en ninguna parte, ni en ningún momento ni tampoco acepta clasificación (todo ello, cosas condicionadas). Por tanto, Nibbāna es único.

 

ORIGEN DEL SAMSARA

Todo aquello que es condicionado depende de las condiciones. Pero las condiciones se dan si y solo si existe la información, porque las condiciones son información. Y la información se da si y solo si existe ignorancia. Dicho al revés: si no hay ignorancia, no es posible la información y sin información no hay posibilidad de condiciones, o sea, el Samsara no podría existir. Resumiendo, diremos que el Samsara existe porque previamente existe la ignorancia. De igual forma, podemos decir que Nibbāna, por tanto, carece de ignorancia. Dicho de otro modo, Samsara es ámbito de la ignorancia y Nibbāna es el ámbito de la no-ignorancia.

 

Para los que les gusten los términos Pāli, estos actores son:

Ignorancia: Avijjā

Información: Cetana (con lo que trabaja ceto, o mente)

Condicionalidad: Kamma

 

CITTA Y NAMĀ-RŪPA

Una vez que tenemos condiciones, podremos tener causas. Si tenemos causas, tendremos fenómenos, que son precisamente el resultado de las causas que son condiciones necesarias para el fenómeno. Un fenómeno es una experiencia. Y una experiencia necesita un proceso que experimente y un proceso que es experimentado.  No se pueden dar independientemente. No tiene sentido experimentar sin experimentador, ni tampoco tiene sentido experimentar sin experimentado.

Para los que le gustan el Pāli:

Citta: Conciencia

Namā: Conjunto de conceptualizaciones, de objetos mentales, de pares qualia-nombre.

Rūpa: Conjunto de procesos de entrada y salida de información que funcionan como enchufe o conexión con el resto del Samsara.

Lo que experimenta es Citta, o Conciencia y lo experimentado es Namā-Rūpa o Interfaz.

Es decir, tenemos a la conciencia y al interfaz, condicionándose mutuamente para hacer así surgir el fenómeno que se da debido a la condicionalidad (por definición los fenómenos aquí tratados son condicionados, el incondicionado es Nibbāna) que se da debido a la información, que se da debido a la ignorancia.

 

CONTACTO

Como consecuencia de la existencia de lo que experimenta y lo experimentado (conciencia y su interfaz) se produce la experimentación a la que llamaremos contacto. El contacto son todos los procesos de transferencia de información entre ambos.

 

REACCIÓN EMOCIONAL

Al producirse el contacto la conciencia experimenta una reacción emocional (emoción etimológicamente significa lo que está antes del movimiento) que la impele a reaccionar o no. La reacción emocional es una evaluación previa que juzga si la información recibida representa una amenaza, una oportunidad o nada de eso. Entendemos que un ser siente si experimenta algún tipo de reacción a determinados estímulos. La reacción emocional puede no producirse (reacción indiferente) o bien cambiar si es desagradable o no cambiar si es agradable. Esto lo vemos en cualquier ser que puede sentir.

 

SED, ANSIA, DEPENDENCIA

Es muy importante darse cuenta de que son procesos automáticos. También hay que entender que la voluntad no existe y la reacción dependerá del condicionamiento previo. Así, es posible descondicionar a la conciencia para que no identifique nada ni como amenaza ni como oportunidad. En el caso de los humanos es relativamente sencillo porque el humano usa un parámetro simple para identificar la amenaza o la oportunidad que es el diferencial de felicidad. Un fenómeno que se presenta que aumenta el nivel de felicidad se considera como oportunidad, mientras que si la disminuye se considera amenaza. Si ni la aumenta ni la disminuye, no se reacciona. De esta forma, de forma general, podemos contemplar al humano corriente como un ser drogodependiente de la serotonina, cuya misión en el cerebro es precisamente premiarse o castigarse para modular la conducta. Este yonqui considera que la motivación última de lo que hace es ser feliz, o ser menos infeliz, por lo que se guiará según este impulso irracional en lugar de por la lógica. Esta es una forma muy peligrosa de ignorancia: actuar por los impulsos de las drogas y no por lo que resulta conveniente.

La motivación para actuar depende de su propia generación de drogas considerando que, de una forma mágica, la conciencia va a saber qué es lo mejor sin hacer ninguna clase de evaluación racional.

En este nivel vemos que el humano corriente se comporta como un animal irracional, en lugar de un ser que piensa (homo sapiens).

Este es un primer nivel de intervención. Desacondicionando a la conciencia a su preevaluación de la felicidad, eliminamos este eslabón y todo lo siguiente. No hay reacción emocional sino reacción racional. A nivel cerebral se deja la reacción al lóbulo prefrontal (neocórtex humano) en lugar de al sistema límbico (cerebro reptil).

La búsqueda de la felicidad es lo que caracteriza a lo que llamaremos “hombre corriente”, que de animal racional tiene muy poco, estando más cerca de los reptiles o las amebas que de lo que es un humano racional. Funcionalmente este tipo de individuo se podría calificar como menos que humano y más que animal ya que se rige por su drogodependencia, por sus adicciones que no puede saciar de modo alguno, entrando de lleno en la definición de peta o “espíritu” hambriento. Hambriento de dinero, de sexo, de poder… de felicidad. Son los que se conocen como tontos, y como necios si además su dependencia les hace violentos.

 

APEGO

En dependencia del ansia es que surge el apego, lo pegajoso. La conciencia lo toma como propio, se lo apropia, lo hace suyo. En este momento es cuando surge una errónea concepción de un YO que posee. Yo y posesión son lo mismo. Surge así lo que se ha venido en llamar el teatro cartesiano, o sea, se imagina que existe un homúnculo que es quien observa todo lo que sucede en la mente como si de un teatro se tratara y es quien posee. El Yo se extiende así a todo lo poseído.

Se denomina teatro cartesiano por ser Descartes quien lo propuso e imaginó que debía existir una glándula a la que llamó pineal que debería ser la conexión entre el Yo o alma y el cuerpo. Más tarde se encontró una glándula a la que en recuerdo de Descartes le pusieron ese nombre.

Esta estúpida concepción es la que avala la existencia de un atman o un alma que sería el observador último. Esto es una barbaridad porque ¿Quién observa al observador en la observación? Siguiendo este mismo estúpido razonamiento se necesitaría un homúnculo dentro del homúnculo y asi hasta el infinito.

Y no solo la idea del atman sino incluso la idea del “momento mental” introducido en el Abhidhamma en el que solo un proceso se ejecuta a la vez, como si la gente tuviera una sola neurona.

No existe nada de eso y es evidente y está demostrado. Todas las neuronas piensan, todo es teatro y no hay observador. Todo es proceso y no hay sujeto de la observación. Así cuando se pregunta ¿qué renace? La respuesta es obvia: nada. O hay quien, en el teatro, el teatro está vacío. Ni atman, ni alma ni yo.

El apego funciona recreando una realidad paralela en la mente con el fin de calmar el ansia. Y, como es evidente, al no existir el pensamiento mágico, lo que se desea no condiciona la realidad de los sentidos y menos aún la determina. Sujeta a condiciones ajenas al deseo, la realidad se muestra contraria a la construcción mental que el apego ha fabricado, por lo que se siente una aversión a la pérdida, o bien de algo que se tiene, aversión, o a algo que se proyectó que se iba a tener, apego. La readaptación a la realidad exige descontar la pérdida, a romper las sinapsis construidas, lo que lleva a un dolor físico que se llama sufrimiento.

Pero el apego no solo produce daños visibles aquí y ahora en forma de sufrimiento. Es peor.

Es en este nivel donde se puede hacer un segundo método de intervención, una reprogramación conductual consistente en readaptar la conducta de forma que no se plegue a la aversión ni al apego. Es decir, que no se haga nada movido por la aversión ni por el apego. Es este segundo nivel conductista donde se inserta el método del Buddha llamado” Óctuple Noble Camino”.

En esencia consiste en una reprogramación conductual en forma de ocho pasos que re repiten de forma cíclica en forma de rueda girando que es la representación de un modelo de mejora continua, cuyo fin es no hacer nada motivado en la aversión o en el apego, reevaluando en cada ciclo lo que consideramos que es correcto o no para lograr este objetivo. Es básicamente desarrollar las condiciones de una conducta ética, precisamente porque el fin de la ética es evitar el sufrimiento propio.

Comparado con el método anterior, éste tiene que bregar con la reacción emocional mientras que el otro, más radical, no lo necesita porque la anula.

El primer método además evita el sufrimiento debido al dolor físico porque se identifican las señales que el cuerpo emite como simples señales y no como alarmas que saltan por los aires. Esto se hace aplicando un poco de concentración allá donde aparecen las señales y transformándolas en otro tipo de señal que no alarme, por ejemplo, en colores. Es la llamada sinestesia. La información del dolor sigue apareciendo, pero a título informativo. No se debe obviar si se quiere mantener el cuerpo íntegro.

 

POSESIVIDAD, ADHERENCIA, ENGANCHE

El segundo efecto indeseable del apego es que condiciona la posesividad, adherencia o enganche de la conciencia a namā-rūpa, considerando como suyo el interfaz y todo lo que viene con él. Ya no se trata de una simple ejecución fría de procesos de información. Aquí ya hablamos de que citta se engancha al Samsara incluso más allá del interfaz en el que está agarrado.

 

EXISTENCIA EN EL SAMSARA

La posesividad o adherencia condiciona que citta no se separe de ninguna manera del Samsara aun a pesar de que el interfaz namā-rūpa se descomponga y desaparezca. Cuando el interfaz se degrada y desparece, lo que llamamos muerte o fin de la vida, citta no puede dejar de interactuar con el Samsara. Por una parte, en dependencia de las condiciones que trae, de las conductas a las que está habituada, este programa se enganchará a ejecutar inicialmente el tipo de rūpa al que está condicionado, cogenerando así un nuevo namā a partir de las conceptualizaciones y recreará un rūpa completo en función de lo que logre enganchar.

El ansia por la existencia puede ser tan grande que no se enganche solo a un interfaz mínimo rūpa, sino a más de uno. La ejecución de cada uno de ellos dará lugar a nuevas vidas y, por supuesto, como se mantienen las existencias, seguirán en nuevas líneas.

La tendencia es siempre, en general en el Samsara como conjunto o sistema cerrado, a mayor desorden, es decir, en general a más de una vida y a interfaces más desordenados, o sea, tendentes hacia el infierno.

Pero como la existencia en sí misma es un sistema abierto, puede ir a mayor orden En ese caso, se daría una sola vida en un nivel superior o igual al del anterior interfaz. O sea, viendo la perspectiva global de los seres que vagan en el Samsara, tienden a multiplicarse yendo hacia abajo, aunque alguno remonta puntualmente y logra subir de nivel dando un salto. La corriente del Samsara en hacia mayor entropía, o sea, hacia el infierno. En esa dirección todo es más fácil porque libera información. Por el contrario, se requiere mucha información, mucha no-ignorancia o sabiduría, para remontar contra corriente.

 

NACIMIENTO

Una vez que la existencia ha cuajado en una o varias vidas, éstas dan lugar al nacimiento en el plano o morada correspondiente a cada una de ellas.

 

VEJEZ Y MUERTE

Todo lo que nace, muere necesariamente. Para aquellos que han cortado esta línea de condicionalidad la desaparición, degradación del interfaz namā-rūpa unida a la inexistencia de posesividad implica que queda definitivamente liberada del Samsara. No habiendo ya nada que la condicione, citta queda incondicionada. Y como vimos, lo incondicionado es único y se llama Nibbāna. Dicho de una forma poética, citta se funde en Nibbāna, aunque realmente la conciencia se transforma en Nibbāna.

Para aquellos que continúan enganchados a la condicionalidad, la muerte no es más que un nuevo sorteo con destino probable en el infierno, a donde todo llegará, sin fin, antes o después.

 

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