Dormir

Aunque al Buddha se le represente normalmente sentado y, en ocasiones, acostado con los ojos cerrados hay que señalar que no era muy amigo de dormir. No solo eso, sino que le dirigía toda clase de improperios. Y aún más, lo consideraba una forma de esclavitud.

Si dormir te gusta, tienes un problema.

Qué cosas…

Para una persona corriente, es decir, uno que no es noble porque no ha alcanzado ningún nivel de iluminación, dormir es una actividad que ocupa al menos la tercera parte de la vida.

O sea, dormir es una verdadera pérdida de tiempo, es estéril para la vida, es inútil para la vida y es insensible para la vida.

Es bien sabido que los grandes genios de la Humanidad duermen poco, muy poco. Su precioso tiempo lo emplean en sus creaciones, o para sí mismos. Leonardo da Vinci se organizó un horario en el que dormía 20 minutos cada 4 horas, 2 horas de sueño al día. Eso lo intentó Tesla y casi acaba loco. Su competidor, Thomas Edison sí que lo lograba.

Otros genios, menos genios se suben a las cuatro horas. Pero no más, aunque alguno pasaba más tiempo roncando que pensando, como es el caso de Einstein. Aunque, a fuerza de ser sinceros, don Alberto tuvo dos momentos mágicos en su vida, uno en 1905 y otro en 1916, y pasó el resto viviendo de la fama que le dieron esas dos genialidades. Se podría decir con propiedad aquello de crea fama y échate a dormir.

 

Y para genio de la Humanidad, el Buddha.

Mientras los demás dormían, empleaba el tiempo paseando en soledad bajo la luz de la luna y las estrellas.

Estas son unas pinceladas que nos sirven para entender el dormir desde la perspectiva del Buddha:

 

 

Colección de discursos agrupados temáticamente

Supati Sutta

4.7. Dormir

 

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la arboleda de los bambúes, en el santuario de las ardillas, cerca de Rajagaha. Entonces, cuando se hizo de noche, el Bienaventurado, habiendo pasado una gran parte de la noche caminando de un lado a otro al aire libre, lavó sus pies, entró en su morada y se recostó sobre su lado derecho en la posición del león, con una de las piernas puesta sobre la otra, atentamente consciente y con clara compresión, habiendo atendido a la idea de levantarse.

 

Colección de discursos agrupados numéricamente

8.79. Declive

 

“Monjes, estas ocho características conducen al declive de un monje que es aprendiz. Y, ¿cuáles son esas ocho? El deleite en el trabajo, el deleite en las charlas, el deleite en el dormir, el deleite en la compañía, el no resguardar las puertas de las facultades sensoriales, la falta de moderación en la comida, el deleite en el vínculo y el deleite en la proliferación. Estas ocho características conducen al declive de un monje que es aprendiz.

 

 

Colección de discursos agrupados numéricamente

5.206. Esclavitudes

 

“Monjes, he aquí estas cinco esclavitudes mentales. Y, ¿cuáles son esas cinco?

 

“He aquí, monjes, el monje no evita la codicia por los placeres sensuales, no evita el deseo, la afección, la pasión ni el ansia por ellos. Cuando el monje no evita la codicia por los placeres sensuales, no evita el deseo, la afección, la pasión ni el ansia por ellos, su mente no se inclina al ardor, al esfuerzo, la perseverancia ni la energía. Y puesto que su mente no se inclina al ardor… ni la energía, esta es la primera esclavitud mental.

“Además, monjes, el monje no evita la codicia por el cuerpo… esta es la segunda esclavitud mental.

“Además, monjes, el monje no evita la codicia por la forma… esta es la tercera esclavitud mental.

“Además, monjes, habiendo comido todo lo que quería hasta llenar su barriga, el monje cede al placer del descanso, al placer de la pereza, al placer del dormir… esta es la cuarta esclavitud mental.

“Además, monjes, el monje vive su vida espiritual aspirando a un cierto mundo de los devas, pensando: ‘Mediante esta conducta virtuosa, la observancia, la austeridad o la vida espiritual, llegaré a ser un deva o a estar en compañía de los devas’. Cuando el monje vive su vida espiritual aspirando a un cierto mundo de los devas, pensando: ‘Mediante esta conducta virtuosa, la observancia, la austeridad o la vida espiritual, llegaré a ser un deva o a estar en compañía de los devas’, su mente no se inclina al ardor, el esfuerzo, la perseverancia ni la energía. Y puesto que su mente no se inclina al ardor… ni la energía, esta es la quinta esclavitud mental.

 

“Estas son, monjes, las cinco esclavitudes mentales”.

“Monjes, estas ocho cualidades conducen al no-declive de un monje que es aprendiz. Y, ¿cuáles son esas ocho? No tener deleite en el trabajo, no tener deleite en las charlas, no tener deleite en el dormir, no tener deleite en la compañía, resguardar las puertas de las facultades sensoriales, la moderación en la comida, no tener deleite en el vínculo y no tener deleite en la proliferación. Estas ocho cualidades conducen al no-declive de un monje que es aprendiz”.

 

Colección de discursos agrupados temáticamente

Adittapariyaya Sutta

35.235. Exposición sobre el ardor

 

“Monjes, voy a enseñaros la exposición del Dhamma sobre el tema del ardor. Escuchad y prestad atención que voy a hablar”. —”Sí, venerable señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

 

“Y, ¿cuál es, monjes, la exposición del Dhamma sobre el tema del ardor? Sería mejor, monjes, para la facultad del ojo estar lacerada por un pasador de hierro rojo de calor, ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características de la forma cognoscible a través del ojo. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad del oído estar lacerada por una filosa estaca de hierro ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del sonido cognoscible a través del oído. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad de la nariz estar lacerada por un filoso cortador de uñas ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del aroma cognoscible a través de la nariz. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad de la lengua estar lacerada por una filosa navaja ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del sabor cognoscible a través de la lengua. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

“Sería mejor, monjes, para la facultad del cuerpo estar lacerada por una filosa asta ardiente, flameante, candente, que asir por uno el signo a través de las características del objeto táctil cognoscible a través del cuerpo. Si uno falleciese cuando la conciencia estuviese ligada a la gratificación del signo o de sus características, es posible que uno iría a uno de estos dos destinos: el infierno o el reino animal. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

 

“Sería mejor, monjes, dormir -aun siendo que dormir, monjes, es estéril para la vida, es inútil para la vida y es insensible para la vida- que pensar cosas que podrían inducir a uno, que sucumbió bajo su control, a lograr el cisma dentro del Sangha. Habiendo visto este peligro, lo declaro.

 

“En consideración a esto, monjes, el instruido noble discípulo reflexiona así: ‘Habiendo dejado la facultad del ojo lacerada por un pasador de hierro rojo de calor, ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: el ojo es impermanente, las formas son impermanentes, la conciencia del ojo es impermanente, el contacto del ojo es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto del ojo como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad del oído lacerada por una filosa estaca de hierro ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: el oído es impermanente, los sonidos son impermanentes, la conciencia del oído es impermanente, el contacto del oído es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto del oído como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

 

“‘Habiendo dejado la facultad de la nariz lacerada por un filoso cortador de uñas ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: la nariz es impermanente, los olores son impermanentes, la conciencia de la nariz es impermanente, el contacto de la nariz es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto de la nariz como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad de la lengua lacerada por una por una filosa navaja ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: la lengua es impermanente, los sabores son impermanentes, la conciencia de la lengua es impermanente, el contacto de la lengua es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto de la lengua como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“‘Habiendo dejado la facultad del cuerpo lacerada por una filosa asta ardiente, flameante y candente, voy a atender solamente esto: el cuerpo es impermanente, los objetos táctiles son impermanentes, la conciencia del cuerpo es impermanente, el contacto del cuerpo es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto del cuerpo como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

 

“‘Habiendo dejado de dormir, voy a atender solamente esto: la mente es impermanente, los fenómenos son impermanentes, la conciencia de mente es impermanente, el contacto de la mente es impermanente, cualquier sensación surgida por el contacto de la mente como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa- también es impermanente.

“Viendo esto, monjes, el instruido noble discípulo sabio experimenta repugnancia por el ojo, por la forma, por la conciencia del ojo, por el contacto del ojo, por cualquier sensación surgida por el contacto del ojo como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa. Experimenta repugnancia por el oído… Experimenta repugnancia por la nariz… Experimenta repugnancia por la lengua… Experimenta repugnancia por el cuerpo… Experimenta repugnancia por la mente, por los fenómenos, por la conciencia de la mente, por el contacto de la mente, por cualquier sensación surgida por el contacto de la mente como condición -sea placentera, penosa o ni-placentera-ni-penosa.

“Y habiendo experimentado repugnancia, llega a ser desapasionado. Mediante el desapasionamiento, se libera y, una vez liberado, llega a este conocimiento: ‘esta es la liberación’. Y entiende así: ‘destruido está el nacimiento, la vida santa ha sido vivida, lo que estaba por hacer se hizo, he aquí no hay más futuras existencias’”.

 

Imagínate en tu lecho de muerte, cuando tengas 90 años y luches por un día más, por una hora más y te venga este pensamiento:

“He pasado 30 años de mi vida durmiendo. La tercera parte de esta vida. He empleado un tercio de mi vida en no vivir. Si hubiera estado todo el tiempo durmiendo, no habría vivido. ¿Para esto he tenido una vida humana?

Si hubiera estado trabajando, habría trabajado el doble.

Si hubiera estado de ocio, me habría divertido el doble.

En lugar de eso, dormía… todos los días.”

 

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