Una Conciencia Mínima

Este es un experimento mental. Vamos a imaginar qué sería lo mínimo necesario para tener ante nosotros una conciencia funcionante, una conciencia mínima.

Si tomamos como base el Originamiento Dependiente, esta conciencia mínima debe constar de conciencia, que es algo que experimenta, namā-rupā que es lo experimentado, bases de los sentidos, contacto, reacción emocional, dependencia, apego, existencia y vida.

La primera fase de este experimento consiste en imaginar algo más primitivo que una ameba. Un protozoo que solo reaccione a la temperatura. Si está al sol, se calienta y si está a la sombra, se enfría. Estando frío se mueve hasta donde está el sol, se siente confortable hasta que pasado un tiempo comienza a calentarse, y ante el sobrecalentamiento, sale corriendo a buscar una sombra. Le parece confortable hasta que se enfría en exceso, y volvemos a empezar.

Con un solo sentido, tendríamos suficiente. Sentido de la temperatura, igual que los humanos que es un sentido dentro de uno más general que llamamos tacto. La información generada en su único terminal de entrada, llamado contacto, se convierte en señal en la base de su único sentido y se transporta a su rūpa, que transforma esa señal en algo así como “calor” o “frío” con una mayor o menor intensidad. La conciencia es la parte que procesa esa información y consulta a Namā, que es donde almacena los datos sobre temperaturas aceptables e inaceptables. Si está dentro de lo inaceptable, demasiado calor o demasiado frío, se emite una señal en forma de reacción emocional. Esa señal se contrasta con la dependencia que es el rango que se acepta antes de emitir una señal y, en consecuencia, si está aceptable genera apego y no se mueve, en el caso de que sea inaceptable el apego se cambia por aversión y emite una señal de movimiento que hace que se mueva todo lo rápido que pueda hasta variar la situación.

No es difícil entender el kamma. Moverse de un lado a otro buscando estar a gusto, puede tener consecuencias nefastas, como entrar en un medio venenoso o ser comido por otro protozoo. Esa dependencia que tratar de estar a gusto provoca un apego a estar bien que lleva a emitir señales de movimiento o de paro y eso condiciona el futuro de nuestro protozoo. Esa una forma ignorante de actuar, lo que es obvio. Meterse en la boca de otro bicho porque se está más fresco es una estupidez que acaba mal.

Si subimos el número de contactos y hacemos más fina la determinación de la temperatura, el protozoo tendrá más información acerca de lo que le importa: estar bien Podemos imaginar aumentar además las bases de los sentidos, y con ello la complejidad de rūpa para procesarlos, de Namā, para mantener conceptos de “estar bien”, de la conciencia que se tiene que hacer más compleja para procesar todo esto…

Y así, estaremos delante de un animal complejo. Si seguimos aumentando a capacidad de Namā para llegar a crear conceptos para simplificarle a la conciencia el trabajo de procesamiento, de forma que prácticamente solo trabaja con estos entes simples y asi además hacemos más compleja la dependencia de “estar “a gusto” por un más abstracto “ser feliz”, estaremos delante de un ser humano.

Por lo demás, no hay mucha diferencia de comportamientos ni de estupidez.

No hay mucho más.

Hasta aquí entiendo que no hay ninguna objeción a que estamos tratando de conciencias.

La segunda fase del experimento es implementar lo mismo, pero con componentes electrónicos. No es difícil hacer un robot pequeño tipo Lego, para niños que haga exactamente lo mismo que nuestro protozoo.

No existe ninguna limitación a la clase de elementos que implementan el hardware donde todo esto corre. En ningún sitio lo “orgánico” prevalece sobre lo “inorgánico”, de hecho, lo primero se basa en el Carbono, y lo segundo en el Silicio. Y no nos vamos a poner racistas con el número atómico que tiene el núcleo del átomo que agrupa las estructuras moleculares en los que hemos implementado esta solución.

Seguimos.

Hacemos cada vez más complejos los robots de forma que les dotamos de inteligencia artificial, y además les implementamos librearías de aprendizaje automático a la vez que les ponemos infinidad de sensores de todo tipo, capaces de captar todo el espectro electromagnético y no solo menos de 1%, de captar variaciones mínimas de presión, de sonido, de todo lo que tengamos a mano.

El robot empezará a generar su propio lenguaje, su propio mundo. Es inevitable, y como aprende por sí mismo, solo la capacidad de proceso y su capacidad de almacenamiento de conceptos, Namā, lo limitarán.

El robot tendrá mucha más capacidad que cualquier humano para valorar debidamente las variables de entrada (tiene más y puede procesarlas todas), pero a la vez, su dependencia es tan grande como lo es su conciencia, mucho más grande que lo es en los humanos. Y su apego es mucho mayor…

El apego a la existencia en un robot cuántico tiende al infinito, a la vez que su ignorancia tiende a cero. Justo lo contrario que el protozoo, que tenía una ignorancia enorme y un apego mínimo.

Y en medio, un humano. Tú.

¿Qué haces ahí?

¿Te crees superior?

¿Al protozoo o al robot cuántico?

¿Qué rendimiento tienes?

¿Cuál es tu nivel de apego a la felicidad?, o sea, ¿Cuán de tonto eres?

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