15 cosas útiles que se obtienen con el No-Retorno.

Octava Parte.

 

Anagami

  1. Erradicación del apego.

A este nivel se llega a partir de la ejecución constante durante meses del Noble Óctuple Camino, que es un ejercicio recursivo decuple: Entendimiento, Intención, Acción, Palabra, Modo de Vida, Atención, Esfuerzo, Concentración, Sabiduría y Liberación correctos. Y vuelta a empezar. Este es un ejercicio de reprogramación de forma que nunca más el sistema multiproceso tome cualquier decisión basada en apego o de la aversión. Así se llega a un punto en el que no existe la tendencia subyacente a apegarse y ni siquiera a rechazar el apego. Se ejecutan las cosas de forma funcional, solo porque parece lo más adecuado.  Y da igual si se estaba o no equivocado. Se rectifica en tiempo real, aunque no es una rectificación en sí sino una nueva situación que requiere una nueva acción.

 

  1. Nuevo tratamiento del dinero

Una forma especial del no apego es el tratamiento del dinero. Empieza a verse por lo que es: el instrumento del estado para mantener cautivos a sus ciudadanos. Todo muy democrático. Todo muy liberal.

De ésta forma se trata de una energía y como tal se debe usar. Con la información correcta se multiplica, sin ellas se pierde. Pero no deja de ser un juego. Y puedes apostar todo tu dinero a opciones lógicas sin ninguna clase de aprensión. Así no se pierden oportunidades, como, por ejemplo, las bajistas. Si lo que hemos invertido baja, incluso por debajo del nivel de compra, inmediatamente se vende para recomprar cuando rebote. Así se incrementa la inversión. Y respecto a gasto corriente ya no se mira si se puede o no, si es conveniente se gasta, sin ninguna clase de aprensión ni de emoción. Si es una oferta inmejorable y hace falta se compra. Así no se retiene el dinero de forma absurda y solo te desprendes de el cuando no queda otra y ese momento es siempre más caro y duele doble.

Así te liberas definitivamente de la dependencia patológica del dinero.

 

 

  1. Dejas de apegarte a tu equipo de fútbol

Es un apego arraigadísimo la pertenencia a un determinado equipo deportivo.  Tanto es así que es más difícil de desarraigar que la propia religión o la pareja. Esto es debido a que es una programación muy temprana, de la primera infancia, habitualmente referida a la necesidad de aprobación externa o de rebeldía, o solo por temas locales.

En este estadio simplemente te da igual que le pase a tu equipo. Si gana, bien. Si pierde, también. Y lo que es más significativo es que ya no odias al equipo rival. Si gana, bien y si pierde también bien. Así eres un forofo muy raro. Pero el deporte deja de ser una vía de entrada al apego.

 

  1. Rechazas las actitudes solo políticamente correctas.

No pertenecer trae como consecuencia no defender lo nuestro no a los nuestros ni a lo que todos parecen respetar. Si existen opiniones equivocadas, aunque sean parte del pensamiento del grupo de pertenencia se rechazan incluso si esto te lleva a enfrentarte con tu gente.

De forma similar a los deportes. Si está bien, está bien, pero si está mal, está mal. Independientemente de quien lo haga. Se aplaude o se protesta sin condicionar su origen.

 

  1. Erradicación de la aversión

El efecto más importante es que nada que pueda pasarte, por tremendo que sea te afecta y, ni siquiera te sorprende. Es como si dieras por descontado todo. Las cosas pasan mientras fluyes a su misma velocidad. Así no chocas con nada. Nunca das por sentado nada. Ni siquiera que la silla en la que estás sentado, te siga sosteniendo…

 

  1. Solo juzgas por los hechos y los resultados de las acciones

De lo poco rescatable de los Evangelios está la frase:” Por sus frutos los conoceréis”. Y en este punto es así. Cuando ves las cosas, a la gente, ya no miras que dicen, que representan, que significan, sino que hacen y para qué sirven, cuál es su efecto en el entorno. Así se desvela el teatro del mundo, donde casi nadie representa su papel sino otro que le gusta más, todos pensando en que no les ves. Y, sí. Les ves. Y muchas veces resulta grotesco. Los buenos son malísimos, y los malos, sinceros.

 

 

  1. Dejas de alegrarte cuando el equipo rival fracasa

Lo más arraigado respecto a creencias y apegos es al equipo de fútbol. Es nuestro equipo desde que éramos muy niños y fue la adhesión infantiloide a un símbolo de pertenencia. Si agarras el equipo ganador, lo que buscas desesperadamente es la aprobación de los demás, si el alternativo, es un síntoma de rebeldía. Y así, sin saberlo, te pasas la vida haciendo depender tu alegría no del éxito de tu equipo, sino del fracaso del eterno rival. Pues bien. En este punto, re muestras compasivo con el rival cuando pierde incluso cuando es contra el propio equipo. Aquí se muestra la profundidad de la erradicación de la aversión. Llega a las capas más profundas de la mente.

 

 

  1. Erradicación del sufrimiento.

Esta es la característica más significativa de este punto, que es la prueba del estado de anagami. Sin apego y sin aversión el sufrimiento desaparece. Y sucede súbitamente. Un día te exploras, y ya no está. Antes te podías sentir mal ante una persona que esté mal. Ya no. Solo ves su inmensa ignorancia. Ni siquiera se produce ya esa especie de pequeño sudor frío cuando algo haces mal, porque ya nada haces mal. Aun puedes actuar por ignorancia, pero ya no por apego o aversión Simplemente, no sufres.

Esta característica puede ser muy problemática. La gente no puede comprender que no sufras y siempre hay alguien cerca que se empeña en tratar de hacerte sufrir, incluso te maltrata. No representa sufrimiento alguno, pero llega a ser una molestia. Y también hay personas que fían la relación con ellas al apego que le puedas tener. Su sorpresa es que eso no existe y si la relación se basaba en apego, son relaciones que se disuelven como un azucarillo. Y no importan los años de amistad o relación. Así te libras de parásitos. Y el arrepentimiento no existe.

El sufrimiento para quien sufre es una emergencia, para quien ya no sufre se acaba olvidando, no le das mayor importancia.

 

 

  1. Dolor físico y sinestesia

Esta característica, aunque apuntada en su día, se hace evidente ahora. El dolor, su señal dolorosa se transforma en señal visual. Y si es muy intenso, lo percibes, pero como si fuera de otro. Y si le pones atención, la señal desaparece. Da igual que sea una quemadura de aceite, que un golpe en un dedo del pie. Ves al cuerpo defenderse, pero son reacciones naturales que solo observas.

 

  1. Agotamiento sin cansancio.

Al no existir sufrimiento, después de una intensa actividad física, bien sea dinámica o estática, las señales no causan alarma, por lo que, si no se está especialmente atento, puedes desfallecer. Este estado es lo que buscan los deportistas de resistencia, como los corredores de fondo porque puedes llegar sin sufrimiento al límite de las fuerzas.

 

  1. Ataraxia

Se denomina ataraxia (del griego ἀταραξία, «ausencia de turbación») a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual un sujeto, mediante la disminución de la intensidad de pasiones y deseos que puedan alterar el equilibrio mental y corporal, y la fortaleza frente a la adversidad, alcanza dicho equilibrio y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con la razón y los sentimientos.

Aquí no sólo se disminuye la intensidad, aquí se anula.

Es el estado ideal del soldado antes de entrar en combate.

 

  1. Ver el Originamiento Dependiente

La característica cognitiva más importante en este estado es ser capaz de ver cómo realmente funciona la realidad, como todo es dependiente, como la realidad se configura, como discurre el mundo de la materia, de los conceptos… La relación estrecha entre la conciencia como proceso en paralelo y su interfaz de nama-rupa, de pares nombre-qualia y de las diferentes entradas y salidas lógicas, puertos lógicos a ninguna parte.

De cómo la ignorancia da asiento raíz a la condicionalidad y ésta a su vez a todo el Samsara… y lo más importante: cómo es el mecanismo de liberación. Una vez quitada la adherencia al interfaz, romper la dependencia.

 

  1. El cuerpo puede funcionar por sí mismo.

Si lo permites, las manos pueden ejercer tareas autónomas y hacerlo perfectamente. Desconectadas de la conciencia, pueden ejecutar danzas interminables con variaciones infinitas. Pueden, por ejemplo, tocar un instrumento de manera autónoma. Lo hacen tan bien que, si pones la conciencia a formar parte de la melodía, las manos pierden su maestría.

 

  1. Fin de la procastinación.

El momento de hacer las cosas es el adecuado, o sea, ahora. No dejas nada para después a no ser que inviertas voluntad y, si lo haces, asumes luego las consecuencias…

Todo transcurre fácil, sin sobresaltos, todo en tiempo y forma.

 

Si dejas hacer, acudes con puntualidad prusiana a todas las reuniones y citas. Es increíble cómo, sin calcular nada, te pones en marcha y vas a la velocidad para llegar con un margen de 1 a 3 minutos antes de la hora.

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