¿Para qué discutir, si todo lo que discutamos es, en términos absolutos, absurdo?

AN 10,20 Dutiyariyava Sutta – Segundo discurso sobre las moradas de los nobles

[20] En una ocasión el Bienaventurado estaba morando entre los kurus, cerca de una de sus ciudades de nombre Kammasadamma. Estando allí el Bienaventurado dijo a los monjes: “Monjes”.

“Si, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Monjes, he aquí estas diez moradas de los nobles, en las cuales moran los nobles del pasado, presente y futuro. Y, ¿cuáles son esas diez?

“He aquí, el monje ha abandonado cinco factores, posee seis factores, tiene un único resguardo y cuatro apoyos, ha disipado las verdades personales, ha renunciado totalmente a las búsquedas, ha purificado sus intenciones, tranquilizado sus actividades corporales, ha llegado a ser bien liberado en la mente y bien liberado a través de la sabiduría. Éstas son las diez moradas de los nobles, en las cuales moran los nobles del pasado, presente y futuro.

[…]

“Y, ¿cómo el monje ha disipado las verdades personales? He aquí, cualquier verdad ordinaria que podría ser sostenida por los ascetas y brahmanes ordinarios, es decir, ‘el mundo es eterno’, ‘el mundo no es eterno’, ‘el mundo es finito’, ‘el mundo es infinito’, ‘el alma y el cuerpo es lo mismo’, ‘el alma es una cosa y el cuerpo otra’, ‘el Tathagata existe después de la muerte’, ‘el Tathagata no existe después de la muerte’, ‘el Tathagata tanto existe como no existe después de la muerte’, ‘el Tathagata ni existe ni no existe después de la muerte’, el monje descarta y dispersa a todo ello, dejándolo, rechazándolo, dejándolo ir, abandonando y renunciando a ello. Es de esta manera que el monje ha disipado las verdades personales.

Vamos a hablar de verdades ordinarias, verdades basadas en conceptos, verdades basadas en la ignorancia.

“El mundo es eterno”, “El mundo no es eterno”. El mundo es un concepto. Como tal ni es permanente ni es impermanente. No es permanente porque en algún momento nunca más nadie pensará en él. Pero no se puede asegurar que en el infinito temporal alguien pueda pensarlo de nuevo, pero puede dejar de ser pensado de nuevo y así tendiendo hacia un infinito que jamás se alcanza.

“El alma es una cosa y el cuerpo otra”. Ambos son igual de “cosa”, una de cuatro letras y otra de seis. Las dos conceptos. Que el alma ni es aplicable a percepción alguna, pero el cuerpo tampoco. Veamos el símil de la vaca. Imagina una vaca. Es una vaca. Mata la vaca. Sigue siendo una vaca. Desolla la vaca. Es una vaca. Dividela en cuartos. Uhmmm aun sigue siendo vaca. Dividela en trozos. Ya no es vaca, ya es carne. ¿Y la vaca? ¿Donde fue la vaca? ¿Y la carne?¿De donde vino la carne?.

Aplicar percepciones y sensaciones que se dan en cada conciencia a un concepto (conceptualizar) y que lo hagan todos los hablantes de una lengua, no implica que la conceptualización cree la “cosa”.  Eso está en la tradición semita en la que nada existía hasta que se la nombraba. “El hombre dió nombre a los animales”, canción de Bob Dylan recordando al Genesis: hasta que el hombre no nombró los animales no llegaron a ser. Y sí, Ser es Nombre. Cuando se nombra se pasa a ser. Y el ser existe mientras exista el nombre: un puro meme. Nada real. Solo una aplicación entre una miríada de percepciones y un nombre. Esa aplicación se da en la mente y se propaga por imitación.

Solo recuerda como se aprende in lenguaje: ves una manzana y te dicen “apple”, y asi una y otra vez, por imitación del que habla, creas la red neuronal de aplicar “apple” a las percepciones similares atribuibles a una manzana. O directamente, “apple”=”manzana”. O sea, asocias todas las percepciones previas de tu vida de manzana, al térnimo “apple”: una simple indirección. Replicación de un meme por imitación. Solo eso.

 “El Tathagata existe después de la muerte’, ‘el Tathagata no existe después de la muerte’, ‘el Tathagata tanto existe como no existe después de la muerte’, ‘el Tathagata ni existe ni no existe después de la muerte”.

El Buddha se llamaba a sí mismo el Tathagata “el que así ha venido“, porque referirse  a sí mismo como “yo” sería atentar contra la recta palabra, porque “yo”  implica un sujeto y eso no existe.

La pregunta obvia de todo el que se acerca al Buddhismo es ¿Qué pasa con el Arahant a su muerte? ¿Existe, no existe, existe y no existe, ni existe y ni no existe?

Parece que la pregunta no deja opción, entre existir y no existir hay 4 posibilidades lógicas.

El término existir implica una acción, y la acción implica tiempo.  Se existe ahora. (O después). Y ahora (o después) depende del Tiempo que es condicionado por la condicionalidad (por ejemplo una condición es la distorsión espacio-temporal producida por la presencia de masa). Pero Nibbāna no está condicionado. No hay condición que sobreviva en Nibbāna. Es inconcebible el concepto Tiempo en Nibbāna. No tiene sentido. Así pues, las cuatro preguntas están fuera de lugar.

Todo esto da a entender que las opiniones propias, las creencias, las posturas personales son como un azucarillo en agua, se disuelven.

¿Para qué discutir, si todo lo que discutamos es, en términos absolutos, absurdo?

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