La Aventura de los Nikāyas

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Cuando hace ahora poco más de un año me propuse hacer la primera Biografía Autorizada del Buddha basada estrictamente en los textos más genuinos y lejos de las mitificaciones por todos conocidas, me di cuenta de que necesitaba contar con unas traducciones decentes. No es normal que para cada texto existan una diversidad de traducciones tan variopinta que a veces cuesta reconocer que se trata del mismo texto. Además tienen otra característica muy particular: a pesar de usar un lenguaje llano, por mucho que los leas, te regalan la fea sensación de que no te has enterado de lo que acabas de leer.

Lo cierto es que, en ese momento, no tenía idea de dónde me acaba de meter.

Haré el cuento corto. Los textos se compusieron con el objetivo que que se transmitieran con una alta fidelidad, sin pérdidas, de forma oral, boca a oreja. Para ello los compositores codificaron el mensaje usando dos características especiales: la primera empleando un intrincado sistema de redundancia, y el segundo, usando una pseudolengua artificial compuesta exclusivamente para estos textos, llamada Pāli.

La redundancia puede resultar molesta, al repetir una y otra vez, frases iguales o muy similares, en diferentes discursos, pero su valor para la transmisión fidedigna es impagable. Al usar una misma frase en diferentes discursos en entornos distintos, no sirve traducirlas de cualquier modo ajustándolas más o menos a un entorno, sino que tiene que ser la misma traducción para todos. Esto lo convierte en un gigantesco sodoku donde las frases son tales que deben encajar en el cada lugar perfectamente, y apoyan a las demás, como un puzzle. Esto es impagable cuando me di cuenta de que los diccionarios eran inservibles en los términos clave que muchas veces, otros traductores dejan en pāli sin atreverse a traducirlos y dejando en la imaginación del lector cualquier significado que se le ocurra. Esto es lo que ocasiona la sensación de que no te enteras de lo que has leido.

Por otro lado, el empleo de una lengua específica sirve para evitar el efecto del telefono averiado. Los bhikkhus que han transmitido los textos durante estos 2500 años no hablaban esta lengua, por lo que limitaban a recordar y transmitir, sin poner ni quitar nada. De hecho, no podrían.

Algunos de ellos, aprendían más o menos a hablar en pāli para aproximarse a los textos Y digo más o menos, porque no hubo diccionarios hasta mediados del siglo XIX cuando algunos estudiosos occidentales, Chiders y Rhys Davids entre otros, empezaron a interesarse en los textos y, a su modo, emprendieron la tarea de traducirlos al inglés. Unas traducciones trabajosas, arduas, hechas por muchas personas en plazos largos de tiempo y dejando abiertos los términos técnicos sin atreverse a traducirlos. Luego, se comenzó en fechas más recientes a traducir, más o menos, a otras lenguas, con el resultado ya comentado.

Durante nada menos que veinticinco siglos se ha transmitido codificado un largo mensaje que hoy, por fin, ha sido decodificado y el resultado es la prístina palabra del Buddha que, para sorpresa, vergüenza y el escarnio de los que viven haciéndose llamar budistas, les condena y envía textualmente al infierno. No es buena noticia para tanto famoso sinvergüenza que ha vivido del abuso de la fe de la buenas gentes que siempre sospecharon que lo que les contaban eran puras mentiras interesadas.

Hoy ya no es igual que ayer.

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