La Mentira de la Belleza (I)

Los cosméticos se han venido usando para dar sensación de juventud, atractivo sexual y salud… mientras que su acción real ha sido, y es, el envenenamiento de sus víctimas, enfermándolas y e incluso matándolas.

Los cosméticos son sustancias o productos utilizados para realzar o alterar la apariencia de la cara o la fragancia y la textura del cuerpo. Son mezclas de compuestos químicos de origen natural o artificial. Se llama maquillaje a los cosméticos aplicados a la cara para mejorar su apariencia. Los elementos comunes de maquillaje incluyen: pintalabios, rímel, sombra de ojos o base. Mientras que otros cosméticos comunes pueden incluir limpiadores para la piel y lociones corporales, champús y acondicionador, productos para el peinado (gel, sprays para el cabello, etc.), perfumes y agua de colonia.

La palabra cosmético deriva del griego κοσμητικὴ τέχνη (kosmetikē tekhnē), que significa “técnica de vestido y adorno”.

Los cosméticos han estado en uso durante miles de años. La ausencia de regulación de la fabricación y el uso de cosméticos ha provocado efectos secundarios negativos, deformidades, ceguera e incluso la muerte a lo largo de los años. Algunos ejemplos son el uso frecuente de ceruse (plomo blanco), para cubrir la cara durante el Renacimiento y la ceguera causada por la máscara de pestañas Lash Lure a principios del siglo XX.

Los hombres y mujeres egipcios usaban maquillaje para realzar su apariencia. Les gustaban mucho los delineadores de ojos y las sombras de ojos en colores oscuros, incluidos el azul, el rojo y el negro. Los antiguos hombres y mujeres sumerios fueron posiblemente los primeros en inventar y usar pintalabios, hace aproximadamente 5,000 años. Aplastaron piedras preciosas y las usaron para decorar sus caras, principalmente en los labios y alrededor de los ojos. También alrededor del 3000 aEC al 1500 aEC, las mujeres de la antigua civilización del Valle del Indo se aplicaron un lápiz de labios teñido de rojo en los labios para decorar la cara.

Los antiguos egipcios extrajeron un tinte rojo de algas marinas, 0.01% de yodo y algunos, bromo.

La descomposición de las algas marinas es una potente fuente de sulfuro de hidrógeno, un gas altamente tóxico, y se ha implicado en algunos incidentes de aparente envenenamiento por sulfuro de hidrógeno. Puede causar vómitos y diarrea. Por otro lado, el alga picante Microcoleus lyngbyaceus contiene varias toxinas conocidas, incluidas la lyngbyatoxina-a y la debromoaplysiatoxina. El contacto directo con la piel puede causar dermatitis de algas marinas caracterizada por lesiones ardientes y dolorosas que subsisten durante varios días.

Por su parte, los humanos podemos absorber bromuros orgánicos a través de la piel, con la comida y durante la respiración. Los bromuros orgánicos son ampliamente usados como sprays para matar insectos y otras plagas no deseadas. Pero no solo son venenosas para los animales contra los que son usados, sino también para los animales más grandes. En muchos casos también son venenosos para los humanos.

Los efectos sobre la salud más importantes que pueden ser causados por contaminantes orgánicos que contienen bromuros son disfunciones del sistema nervioso y alteraciones del material genético. Pero los bromuros orgánicos pueden también dañar ciertos órganos como el hígado, riñones, pulmones y testículos y puede causar disfunciones estomacales y gastrointestinales. En la naturaleza se encuentran algunas formas de bromuros inorgánicos, pero a pesar de que se dan naturalmente, los humanos han añadido demasiado a lo largo de los años. A través de la comida y del agua los humanos absorbemos altas dosis de bromuros inorgánicos. Estos bromuros pueden perjudicar al sistema nervioso y la glándula tiroides.

Los lápices labiales con efectos brillantes se hicieron inicialmente usando una sustancia nacarada que se encuentra en las escamas de los peces. Se descubren reliquias de seis mil años de las tumbas huecas de los antiguos faraones egipcios.

Los primeros desarrollos incluyeron el Kohl utilizado por el antiguo Egipto como protector del ojo. Este compuesto es la estibina, o trióxido de antimonio. Esta sustancia irrita los ojos, la piel y el tracto respiratorio. En exposición prolongada o repetitiva con la piel puede producir dermatitis. Los pulmones pueden resultar afectados por la exposición prolongada o repetida a polvo de esta sustancia. Se han detectado tumores en experimentación animal, pero este resultado puede ser no extrapolable al hombre. La experimentación animal muestra que esta sustancia posiblemente cause efectos tóxicos en la reproducción humana. Si se calienta la estibina es un gas muy tóxico.

Otro cosmético muy usado en la antigüedad era el Albayalde (del árabe al-bayūd, ‘blancura’) designa al carbonato básico de plomo (II), también conocido como blanco de plomo o cerusa. La intoxicación por plomo se llama Saturnismo.

El cerebro es el órgano más sensible al envenenamiento. Los síntomas pueden incluir dolor abdominal, estreñimiento, dolores de cabeza, irritabilidad, problemas de memoria, incapacidad para tener hijos y hormigueo en las manos y los pies. Representa la causa de casi el 10% de la discapacidad intelectual de causa conocida y puede causar problemas de conducta. Algunos de los efectos son permanentes. En casos severos puede cursar con anemia, convulsiones, coma, y puede provocar la muerte.

En 2016 se cree que el plomo ha causado 540,000 muertes, principalmente en el mundo subdesarrollado. Se estima que el plomo es responsable del 0.6% de las enfermedades del mundo. Se conoce su toxicidad desde la época romana mientras que los esfuerzos para limitar el uso del plomo se remontan a por lo menos el siglo XVI. La preocupación por los bajos niveles de exposición comienza en la década de 1970 y no existe un umbral seguro para la exposición al plomo.

El primer cosmético rojo fue un musgo llamado orchilla Lischen roscella, de Linneo, con el que se preparaba el tornasol. Este musgo se llamaba antiguamente fucus, nombre que con el tiempo se usó para todo tipo de cosmético. El tornasol es irritante por contacto e inhalación con posible riesgo sistémico.

Se usaban también ciertas plantas tintóreas, particularmente la Anchusa tinctoria, una hierba frágil, blanquecina, perennifolia y velluda que alcanza un tamaño de 10.30 cm de altura con flores pequeñas y que se agrupan en racimos terminales, dispuestos usualmente en pares. La alkanna tinctoria se ha utilizado como colorante para lápiz de labios y color rojo en cosméticos. El agente colorante en la raíz de Alkanna tinctoria ha sido aislado químicamente y nombrado alkannin. La raíz de las especies del género Alkanna pueden contener alcaloides pirrolizidínicos, ​ cuya ingestión afecta al hígado, provocando daños agudos y/o crónicos, que pueden provocar la muerte por fallo hepático; asimismo, puede causar cáncer de pulmón e hipertensión pulmonar.

De los animales se usaban el aesypum (extracto procedente del sudor de los carneros, bien purificado) y el estiércol pulverizado de cocodrilo, que servía para curar ciertas enfermedades de la piel y para hacer desaparecer las manchas y las arrugas.

La saliva de esclava era uno de los principales ingredientes de los cosméticos. A fin de que la saliva fuese olorosa, la esclava encargada de prepararlos tomaba todas las mañanas unas pastillas preparadas para este efecto. Antes de comenzar a desleír el afeite echaba su aliento sobre un espejo de metal y le presentaba a su señora, para manifestarle que su saliva era pura y aromática. Virus, bacterias y parásitos son susceptibles de estar contenidos en secreciones biológicas como sangre, orina, saliva, vómitos, y que pueden entrar en contacto con piel, mucosas y sangre.

En Oriente las cejas negras formando un semicírculo perfecto reuniéndose en lo alto de la nariz son consideradas como una parte principal de la belleza de una mujer y asimismo era también una circunstancia de la belleza de las antiguas mujeres griegas y romanas. Las mujeres turcas en sus harenes ocupaban horas enteras en pintarse las cejas y las pestañas con un polvo negro que llaman surmé. Las romanas de distinción tenían esclavas únicamente encargadas de esta parte del tocador. El polvo de que se servían era de galena, de plomo o de bismuto llamado en griego stimmé y en latín stibium y le aplicaban con dos punzones o agujas encorvadas en la punta.

La palabra galena proviene del vocablo “galene” que se traduce como plomo. El término fue muy empleado por Plinio para hacer referencia a las minas de dicho metal. Los egipcios también emplearon la galena para fines cosméticos. Al parecer, se la aplicaban en los ojos, para protegerlos de la luz solar y el polvo, y en el cuerpo para repeler a los insectos. Es un irritante en inhalación, ingestión y exposición dérmica.

La poppeana, un invento de Popea, esposa de Nerón, era un cosmético para conservar la pastosidad y la delicadeza de la piel. Consistía en una pasta de miga de pan mojada en leche de burra con la que se hacía una máscara facial. A la mañana siguiente, después de haber levantado con esponjas la costra ya seca que cubría la cara, las mujeres se lavaban con leche de burra todavía caliente. Según Plinio el Viejo, Popea llevaba en sus viajes de una recua de quinientas burras para poder bañarse en su leche.

La leche cruda es aquella que no ha pasado por el proceso de pasteurización para matar las bacterias dañinas. Puede contener bacterias peligrosas como Salmonella, E. coli y Listeria. Estas bacterias dañinas pueden afectar gravemente la salud de cualquier persona que beba leche cruda o consuma alimentos preparados a partir de ella. Los microorganismos de la leche cruda pueden ser particularmente peligrosos para las personas con sistemas inmunitarios debilitados, adultos mayores, mujeres embarazadas y niños.

Durante el Renacimiento el auge de los cosméticos surgió en Italia con los monjes de Santa María Novella, que inventaron el primer laboratorio de cosméticos y medicinas. Esto llevó a que las mujeres de Venecia utilizaran bastante maquillaje. Lo usual era que se maquillaran de color blanco el rostro y de igual forma el escote. Se puede apreciar la preferencia de la palidez, ya que el color oscuro en la piel era exclusivo de mujeres y hombres que pertenecían a una clase social inferior. El color blanco se hacía con albayalde, o sea, con plomo.

Otro aporte de las mujeres venecianas a Europa fue la moda de teñirse el cabello de color rojo, las mujeres de la realeza lo hacían con fragancias de flores como el azafrán y le agregaban sulfuro; luego lo aplicaban en el cabello y lo exponían a la luz del Sol.

Fue Catalina de Médici quien llevó a Francia la moda de los cosméticos al asistir maquillada a su matrimonio con Enrique II. Por su parte, su amiga Catalina Galigai inauguró el primer Instituto de Belleza, donde se comienzan a vender perfumes como el neroli y el ámbar. En 1573 Catalina de Sforza escribió una obra, titulada Experimentos, donde se reúnen recetas para crear cosméticos y perfumes, además de que contiene una sección sobre los defectos del cuerpo y su corrección. Uno de los ingredientes base para diversos productos era el mercurio, algunos de los objetivos eran colorear los labios, quitar manchas o usarlo como tintura para el cabello al que le agregaban sulfuro de plomo, cal y agua.

El mercurio es altamente tóxico, envenenando al sistema nervioso central provocando desmayos, dificultad para respirar, locura y muerte. Además, provoca colapso circulatorio, descenso de la presión sanguínea, arritmia cardíaca y disfunción renal. Se puede absorber por vía dérmica.

La mayor peligrosidad de los metales pesados es su efecto acumulativo en el cuerpo y que su periodo de semidesintoxicación abarca demasiados años. Este efecto acumulativo desemboca en una cascada de síntomas ante los cuales no es posible actuar, puesto que es cuerpo está totalmente intoxicado.

Con el fin de obtener una piel pálida que los distinga de las clases bajas de piel oscurecida por el sol por el trabajo a la intemperie, se volvió a poner de moda el albayalde, o carbonato de plomo, que es otra sustancia altamente tóxica. Provocó el deceso de varias mujeres por absorción dérmica. Otro efecto del albayalde era la pérdida de cabello, lo que explica las grandes frentes que se aprecian en los personajes de la época. La pérdida de las cejas lo solucionaban con pelos de ratón.

Para el cabello se solían utilizar diversos productos como el aceite de vitriolo o ácido sulfúrico, el cual es corrosivo y lo mezclaban con jugo de ruibarbo con el fin de obtener un tónico aclarador. Esto provocó aún más pérdida de cabello por lo que se comenzaron a utilizar las pelucas. Otra de las costumbres referentes al cabello eran los peinados altos y ficticios donde a las pelucas les ponían harina de trigo blanqueada, pulverizada y perfumada; la aplicación de polvos de colores aparece en Francia en el siglo XVI. Para lavar el cabello utilizaban un champú en seco preparado con polvos de arcilla, con el fin de que ésta absorbiera la grasa y la suciedad.

Otro de los productos empleados para los labios era la mezcla de cochinilla y cera de abejas; para colorear los párpados, usaban nácar molido. Era común en las mujeres de la nobleza tener el rostro limpio, por lo que se lavaban la cara con vino tinto y leche de burra. También solían preparar infusiones de agua de hinojo y Eufrasia.

De 100.000 cochinillas, un insecto parásito originario de ciertos cactus de México, se obtiene un solo kg. de carmín, una sustancia altamente tóxica a la que da color el ácido carmínico al que se mezcla con aluminio, amoniaco o calcio para extraer las diferentes tonalidades de colores. Puede provocar hiperactividad, asma, eczemas, shock anafiláctico e insomnio. Se sospecha que pueda ser carcinogénico y mutagénico.

Por su parte la exposición prolongada a la Eufrasia puede resultar tóxica para la reproducción en hombres.

Para suavizar la piel se usaban claras de huevo batidas para aplicación tópica. Se ponían lunares pintados o de terciopelo.  Para las pecas no eran bien vistas y para ello había un remedio hecho a base de hojas de saúco son savia de abedul y azufre, todo ello en forma de infusión era aplicado en la piel por las noches luego en la mañana era eliminado con mantequilla. El sauco es sensibilizante por inhalación por lo que no existe umbral de seguridad. El azufre puede producir irritación en piel y ojos.

Resumiendo, en el Renacimiento, tener una buena apariencia era reflejo de estatus social, aunque el precio a pagar resultara demasiado alto.

En siglos posteriores se expandió la industria cosmética, fundamentalmente la francesa, gracias a sus lujosos envases en oro y plata. Sin embargo, no hubo una significativa evolución de los productos cosméticos.

Finalmente, en el siglo XIX, la reina Victoria declaró el maquillaje públicamente descortés, propio de actores y prostitutas. En la época de la Segunda Guerra Mundial, los cosméticos estuvieron vetados en la Alemania nazi.

La aplicación adecuada para los cosméticos es sobre un cuerpo en el que la absorción no resulte nociva o tóxica, como los cadáveres. Sin duda, su indicación más acertada. Para embalsamar, algo que tienen en común con los practicantes originales de vipassana o incluso del weizza-lam.

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