Delincuencia Religiosa

 

Hay diversos factores que se han conjugado para dar lugar al irracional mercado religioso en el que nos encontramos actualmente.

  1. Ocupa el primer lugar por su decisiva importancia la ignorancia traducida como falta de preparación de una buena parte de la sociedad occidental en materias como historia, religiones comparadas, ciencia, etc.

 

  1. Después muy seguido vienen las crisis espirituales tanto personales como de las religiones étnicas tradicionales. Las crisis de posmodernidad y posmaterialismo podemos incluirlas en este ítem.

 

  1. La influencia etérea de “Nueva Era” o New Age por su carácter tan abierto ha impregnado de forma general una buena parte de la subcultura religiosa en Occidente en las últimas décadas. Este carácter etéreo sin organización clara, sin administración no da sensación de permanencia y el “hágalo usted mismo” sirve para instalar la creencia de que es uno mismo el que “busca” cuando, simplemente, es adoctrinado.

 

  1. La crisis religiosa institucional debida a que la gente accede a información que antes no tenía, ha hecho desconfiar de las religiones tradicionales envueltas en lo de siempre: escándalos de sexo y dinero. Esto ha favorecido la apertura política a las prácticas religiosas antes perseguidas o mal vistas.

 

  1. El papanatismo de los diferentes gobiernos respecto al respeto al hecho religioso en forma de libertad religiosa o libertad de culto, que ha traído legislaciones sumamente laxas en materias fiscal y laboral.

 

  1. El incremento del tráfico ilegal, de drogas, de armas, de personas, de corrupción política… así como de las tasas impositivas y los mecanismos de control que han ido implementando esos mismos gobiernos, que hacen imprescindible buscar formas para el lavado del dinero producido por actividades ilegales o por evasión de impuestos.

 

  1. Las tradicionales relaciones de codependencia entre Iglesia y Estado, traducidas hoy a codependencia entre gobiernos y sectas, favoreciéndose mutuamente a nivel político.

Los puntos 5 y 6 recuerdan a la pasta de dientes, el sexto aprieta y aprieta, mientras que el quinto es la salida abierta por donde se sale toda la pasta. Pasta de dinero, no solo de dientes.

Esta necesidad de blanquear dinero ha favorecido un esquema que se repite en el mundo entero y del que las religiones establecidas constituyen auténticas multinacionales.

Este esquema es muy simple y se basa en que los “fieles” de una religión o pseudorreligión pagan en “efectivo” todo aquello que la secta, iglesia o escuela o como quieras llamarlo, le vende o se deja regalar.

Esta idea del pago en efectivo nos retrotrae a las bandejas, las cestas y los cepillos de las iglesias tradicionales. A nadie se le ocurre pasar un datáfono para pagar con tarjeta de crédito, ni un cajero automático a los pies de San Judas Tadeo, patrón de los imposibles…

Frente a las autoridades fiscales y policiales, es un dinero donado por los fieles para el mantenimiento del culto protegido por la libertad de culto dentro de lo que es la libertad religiosa.

Es evidente que, si los gobiernos prohibieran la ignorancia, no existirían religiones y menos aún estarían protegidas, pero los gobiernos están infestados de políticos que usan las religiones para estar y mantenerse.

Vamos previamente a explicar en qué consiste el blanqueo de capitales o lavado de dinero. Lo primero a considerar es que el dinero tiene dos canales, el del efectivo y las cuentas bancarias. Los bancos son parte del sistema de gobierno y envían al fisco la información de los movimientos bancarios de todas las cuentas. Todo el dinero que llega al sistema bancario debe ser debidamente justificado. Una vez dentro, circula sin problemas. Es igual que las fronteras de un país, una vez traspasadas ya nadie necesita controlarte. El asunto es entrar dentro del sistema bancario, en otras palabras, justificar el dinero en efectivo que se ingresa en el sistema bancario.

Existen una amplia gama de actividades delictivas o evasiones fiscales que usan precisamente el dinero en efectivo porque está fuera del alcance del fisco y de las autoridades. Pensemos en el menudeo de droga, en el pago en B de parte de una vivienda o cualquier otra actividad ilegal.

El lavado de dinero consiste en hacer pasar por legal lo que tiene un origen ilegal. Y como el dinero en efectivo no se puede rastrear es por esto que este delito puede producirse.

El lavado de dinero es la forma de controlar y perseguir a los delincuentes, terroristas, evasores y otras gentes de mal vivir una vez que quieren poder disponer de su dinero ganado de forma deshonesta.

El lavado funciona a partir de que existen actividades cuya entrada de dinero es el efectivo habitualmente y puede justificarse ante las autoridades fiscales y policiales. Por ejemplo, si un negocio “A” puede justificar un dinero X recibido en efectivo, puede ingresarlo en sus cuentas bancarias legalmente.

Ahí es donde está el asunto, que ese dinero que puede justificar no se corresponda con la realidad, sino que sea más de lo que verdaderamente produce. Esa diferencia, entre lo que puede justificar y lo que realmente produce puede usarse para blanquear dinero de un delincuente o un terrorista. Es como si llevas un autobús con capacidad legal de 50 personas en la frontera, y llevas solo a 23, colando a 27 ilegales en el otro país.

De igual forma, si puedes justificar unos ingresos de 10.000 $ al mes, pero solo recibes 3.000$, los 7.000$ puedes ingresarlos legalmente al sistema. Entonces, un generoso donante o un patrocinador te da esos 7.000$ en efectivo para que los ingreses en tu cuenta. Una vez dentro del sistema, puedes enviárselos a su cuenta justificando el movimiento mediante transacciones inexistentes o difícilmente comprobables, o sea, mediante facturas falsas.

Por ejemplo, si una secta dice recaudar esos 10.000$ diarios, y se pone de acuerdo con la delincuencia organizada, ingresa los 3.000$ suyos y 7.000$ de los delincuentes o terroristas. Esos 10.000$ son perfectamente legales ya dentro del sistema. Ahora, hay que devolverle el dinero a la mafia. Esto se hace a partir de compras de material inexistente, o de informes, o de formación, o incluso de subcontratación de obras de caridad que los delincuentes justifican con facturas falsas de gastos. O sea, de esos 7.000$ se les paga legalmente 6.000$ quedándose la secta con una comisión de 1.000$, en dinero blanco en su cuenta bancaria. Así por un módico 15% la mafia logra colar su dinero sucio dentro del sistema, o bien un evasor fiscal en lugar de pagar un 30% del impuesto de sociedades o un 42% de impuesto sobre la renta, solo paga a la secta ese 15%.

Y ya pueden disponer de ese dinero para seguir haciendo maldades.

En este punto, vamos a definir la variable “capacidad de blanqueo” como la cantidad de dinero que una secta puede lavar de forma creíble ante las autoridades fiscales y policiales.

Esta variable depende de dos factores, del número de fieles y de la cantidad media de dinero que de forma creíble cada miembro aporta a la secta.

Así que la base del negocio consiste en tener muchos fieles que se dejen mucho dinero.

Esto parece una obviedad, mucha gente con mucho dinero es un espléndido negocio. Pero no, es mucho más rentable que esto. Además de estos ingresos directos, que les son limpios, está el verdadero negocio: no se necesita ese dinero para que produzca dinero, o sea, no hace falta que los fieles realmente aporten dinero, solo que lo parezca. Es por eso que, indefectiblemente, siempre te dicen que no te cobran si tienes dificultades económicas. Esto no es caridad, como veremos.

La idea es crear la sensación de que se tienen “x” fieles más o menos fijos y que cada uno aporta “y” en dinero efectivo anualmente.

El resultado de x * y es la capacidad de blanqueo. Ese dinero es ya blanco.

Como vimos, según las tarifas más o menos establecidas, se vende ese dinero por un 15% a la diferente fauna delincuencial para blanquear. Y se hace mediante facturas falsas, servicios inexistentes, donaciones desinteresadas… lo habitual en estos casos.

Es la forma más competitiva de blanqueo en el mercado y más rápida y limpia frente a las formas tradicionales consistentes en justificar gastos como pérdidas operativas, como lo es creando empresas lujosas fantasma que justifiquen pérdidas creíbles. Éstas son siempre más sospechosas y requieren organizarlas, montar centros de trabajo, contratar personal que calle y cobre por no hacer nada… Demasiada gente para mantenerlo oculto.

Sin embargo, el blanqueo mediante iglesias o sectas está protegido por la libertad de culto.

Y no solo eso.

Las grandes religiones mundiales, las sectas o escuelas o tradiciones se venden a los delincuentes como franquicias de lavado de dinero respaldadas por muchos años en el negocio y sus éxitos en el mercado negro. Esta es la forma por la cual se expanden las mismas por Occidente.

El caso de las sectas buddhistas son un ejemplo de esto. Sin ir más lejos, Thailandia es la matriz de las diferentes sectas theravadines y es uno de los nidos de corrupción más importantes del mundo, donde una buena parte de la población se emplea en este productivo sector del blanqueo de capitales a nivel mundial.

Se ha llegado al caso, absolutamente ridículo, de la secta Dhammakaya que cobra absolutamente por todo, por entrar, por sentarte, por levantarte, por poner incienso, por ser bendecido, por besar una estatua de oro de buda… Los fieles entran con un fajo de billetes en la mano y se las pasan dando y dando… y no solo eso, para optimizar su capacidad de blanqueo han construido un templo del tamaño del estadio Santiago Bernabéu para justificar millones de dólares diarios.

Pero desde las más grandes a las más pequeñas, el esquema es el mismo.

Los “ministros del culto” son vividores que se benefician de este esquema para vivir sin trabajar y enriquecerse de paso. Y la diferencia entre estos delincuentes y los demás es que socialmente son muy bien vistos e incluso reverenciados por sus seguidores o incluso por los gobernantes, mientras que los demás son perseguidos y encarcelados.

En muchos casos, importantes monjes acaban entre rejas, aunque sea por un ratito, en la corrupta Thailandia, en dependencia de la afinidad del bhikkhu con el gobierno militar de turno.

Y los escándalos sexuales son tan habituales en este clero como en el de toda la vida.  La pederastia es también una plaga muy extendida. Sinvergüenzas con acceso a niños es una combinación muy peligrosa pero protegida por los poderes públicos y los mismos padres.

Teniendo corruptores, los delincuentes y evasores, salen los religiosos y ahora faltan los fieles.

Pero… ¿de dónde salen los fieles?

Muchos del New Age.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Muy buena esta Tomas, queda escrito como funciona esta plaga de falsos religiosos, es esto a lo que nos referimos cuando decimos que el Budismo es una mierda, y la gente no entiende nada !!! puajj
    jj

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