Escapando de la Cárcel

Estás atrapado en un complejo penitenciario especialmente terrible. Las torturas, los malos tratos, las vejaciones son continuas…

Existen diferentes módulos dependiendo de la gravedad de las condenas de los prisioneros. En algunos la vida resulta insoportable, en otros es más leve e incluso en otros la vida se podría decir que es hasta buena.

Los presos dependiendo del comportamiento cambian de módulo. Así si se portan bien, pasan a módulos más relajados. Sin embargo, cualquiera puede ser llevado al agujero en cuanto haga algo que hasta a él mismo se le escapa.

Esta prisión es especialmente terrible porque las normas son rígidas pero ningún recluso las conoce. Solo las intuye.

Ningún preso ha salido de esta prisión. Solo se sabe que los que cambian de módulo ya no se les vuelve a ver. Y lo peor de todo, es que al acceder a la nueva situación se les limpia la memoria para que no recuerden nada. De esta forma, no acaban todos locos y desesperados.

Módulo nuevo, vida nueva.

Sin recuerdos, no hay pasado. Y todos empiezan desde cero y piensan que todo lo que hay es ese módulo. Nada antes, nada después. Aunque hay algunos que se empeñan en decir que cuando te sacan del módulo te juzgan y te envían al agujero para siempre o te mandan al spa para siempre.

Para siempre.

Qué tontería.

Pero mientras estén ahí, la prisión se mantiene correcta y en orden, y funciona sola. Cuanto más adormecidos se tengan a los presidiarios, más tranquila es la cárcel.

En esto que un día, uno de los prisioneros logra escaparse del módulo y entrar en los demás. Al ver que realmente están en una prisión y que cuando sales del módulo lo que te hacen es que te limpian la memoria, se pone a buscar la forma de evadirse de ella.

Al cabo de dos años ya tiene las claves de la escapada.

Va al comité de presos y les dice que esto es una prisión y que tiene la forma de escapar, pero el comité lo único que ve es una situación en la que ellos pueden perder sus privilegios y tratan de callarle.

El se pregunta que para qué se va a poner a pegarse con idiotas que lo que están consiguiendo es perjudicarse tanto a ellos como a los desgraciados a los que les influyen.

Lo cierto es que el escape no es fácil, hace falta talento y esfuerzo y los presidiarios, enajenados como están, no sirven.

Decide irse solo y se va.

Pero una vez fuera, alguien le convence de que merece la pena buscar a los poquitos que pudieran escapar, esos que, aunque están adormilados pueden despertarse con un empujón y no reaccionan violentamente antes de volver a dormirse.

Dicho y hecho, entra de nuevo y va buscando y señalando a los que piensa que son capaces de lograrlo. Los reúne y les da el plan de escape.

Irá sacándolos poco a poco. Es el objetivo.

Sin embargo, nace una corriente dentro del grupo de aquellos que les importa más saber como es la cárcel, como son sus planos, como son las reglas, como funciona, que escapar realmente.

Y ahí está la cuestión:

Si escapas ¿para qué quieres saber como era la prisión, de que te vale?

Y si nos ponemos a hacer recorridos turísticos por ella, no nos escapamos, lo que es ridículo.

Pero la gente quiere saber.

Así que les dice:

-El que quiera saber, que haga lo que hice y se ponga a recorrer huecos, grietas y pasadizos y se aprenda la prisión. Y si le atrapan será tremendo, porque le cambiarán de módulo y le borrarán la memoria.

Asi que ¿para qué?

Con que sepan como se escapa, ya tienen de sobra.

Y siempre habrá alguno que le critique porque sabe más que los demás y los demás también quieren.

Son como niños.

¿Qué habré hecho para merecer esto?

 

El que guía a la gente es el Sammasambuddha
El que se escapa y no pierde el tiempo en decirle nada a nadie es el Paccekabuddha
El que se escapa guiado es el Arahant

Esa es la compasión del Sammasambuddha, vista desde la perspectiva de los presos.
Esa misma compasión es estupidez y debilidad, vista desde la perspectiva de los que están libres.

 

 

Saṃyutta Nikāya 56
Discursos conectados sobre las verdades
SN 56.31. La arboleda de Siṃsapa

En una ocasión, el Bienaventurado estaba residiendo en Kosambi en una arboleda siṃsapa. Entonces el Bendito tomó unas cuantas hojas de siṃsapa en su mano y se dirigió a los bhikkhus de esta manera: “¿Qué piensas, bhikkhus, que es más numeroso: estas pocas hojas de siṃsapa que he tomado en mi mano o las de la arboleda siṃsapa? por encima? “

“Venerable señor, son pocas las hojas del siṃsapa que el Bienaventurado ha tomado en su mano, pero las que están en el bosquecillo siṃsapa son numerosas”.

“Así también, bhikkhus, las cosas que he conocido directamente pero que no te he enseñado son numerosas, mientras que las cosas que te he enseñado son pocas. ¿Y por qué, bhikkhus, no he enseñado tantas cosas? Porque son poco eficaces, irrelevantes para los fundamentos de la vida santa, y no conducen a la repugnancia, al desapasionamiento, a la cesación, a la paz, al conocimiento directo, a la iluminación, al Nibbāna. Por lo tanto, no les he enseñado.

“¿Y qué, bhikkhus, he enseñado? He enseñado: ‘Esto es sufrimiento’; He enseñado: ‘Este es el origen del sufrimiento’; He enseñado: ‘Esto es el cese del sufrimiento’; He enseñado: ‘Este es el camino que lleva al cese del sufrimiento’. ¿Y por qué, bhikkhus, he enseñado esto? Porque esto es beneficioso, relevante para los fundamentos de la vida santa, y conduce a la repugnancia, al desapasionamiento, a la cesación, a la paz, al conocimiento directo, a la iluminación, al Nibbāna. Por lo tanto, he enseñado esto.

“Por lo tanto, bhikkhus, se debe hacer un esfuerzo para comprender: ‘Esto es sufrimiento’ … Se debe hacer un esfuerzo para comprender: ‘Este es el camino que lleva al cese del sufrimiento'”.

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