Cuestión de método: Modelización vs. Conceptualización

Cuando te enfrentas a racionalizar una experiencia o un conjunto de experiencias, las cuales son tan complejas que son díficiles de manejar hay dos formas en las que podemos tratarlas: la conceptualización y la modelización.

La primera consiste en asignar un concepto a la experiencia. De esta forma la experiencia queda atrapada en el concepto. Asi puede recordarse y transmitirse. La simplificación es evidente y hace posible su manejo fácil y simple.

Pero es una forma de perder información. Dos, tres o más experiencias similares acabarán asociadas al mismo concepto. De esta forma no solo no seremos capaces de volver a recabar los recuerdos de la experiencia y acabará siendo una amalgama difusa de todas ellas. La conceptualización se asemeja al método de análisis por pozos, el problema asi como su solución se circunscriben a un concepto. Se resuelve ahí sin relación con ningún otro. Todo lo relacionado con un concepto va al concepto. Es como un agujero negro de experiencias: todo se lo traga. Y no va a ningún lado. Todo es el concepto. La forma de manejar el conocimiento es la acumulación lineal de conceptos. Cuantos más conceptos, más conociemientos, pero también más ignorancia. Y es así, porque un número finito de conceptos puede absorber un  úmero infinito de experiencias.

Este modo de funcionamiento es el preferido por nuestro cerebro que tiene muy fácil identificar y juzgar para archivar.

Esta acumulación de conocimientos se asemeja a un archivo inmenso indexado solo por clave primaria. No hay posibilidades de explotación.

Por el contrario, la modelización busca factores comunes de diferentes experiencias de naturaleza común y con ellos trata de crear modelos que verifican su validez siempre y cuando las nuevas experiencias vayan adaptándose al modelo. En el caso de que no sea así, y verificada la validez de la nueva experiencia, se replantea el modelo para ajustarlo a la nueva situación.

De esta forma, la experiencia individual forma parte de un árbol, que puede crecer indefinidamente usando sólo el razonamiento, siempre que las nuevas experiencias verifiquen el modelo.

Pero este sistema además es ideal para la investigación y el desarrollo. Probar la validez del modelo exige la existencia de nuevas experiencias no vividas, pero que al verificar su posible existencia se buscan, y así, buscándolas se pueden encontrar.

Para tratar de desarrollar una nueva perspectiva de la realidad para “saberla” basta con aprenderse los Suttas, aspecto a aspecto. Palabra a palabra. Recitarlas. Cada concepto ocupa su espacio y no se relaciona con nada. Esta forma de “saber” sirve para escribir libros, dar clases, informar. Es el tipo de “saber” que se le puede exigir al empleado de una agencia de viajes.

Sin embargo, para tratar de vivir esa realidad hacen falta reglas, leyes, principios, axiomas, teoremas, corolarios, para ajustar esa realidad incógnita a una experiencia previsible. Cualquier nueva experiencia no se debe circunscribir a su ámbito propio sino a su relación con todas las demás. De esta forma todo tiene sentido y la realidad se puede vivir.

Si el modelo es correcto o, al menos, muy próximo, esa realidad se hace real.

Será real, no conceptual.

Quizás sea ésta la diferencia metodológica entre el seguidor-por-la-verdad del seguidor-por-la-fe.

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