Políticos

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¿Quién podría decir que los actores cuando están actuando, mienten?

De hecho es lo que hacen. Es más, no hacen otra cosa. Y tratan de ser convincentes en su papel, es decir, su objetivo es hacer creíbles las mentiras. Un actor profesional es un profesional de la mentira. Pero nadie va a decir que mienten. Dirán que actúan.

Los actores ponen todo de sí mismos para despertar en el espectador las emociones que tiene encerradas, tratando de que salgan a la luz. Una actuación magistral es aquella que emociona. Y las emociones son de todo tipo: amor, odio, lujuria, celos, avaricia, soberbia, placer, felicidad, alegría, miedo, terror, horror, deseo… Un actor capaz de despertar en el espectador todas estas emociones se le considera un gran profesional.

Los políticos son actores. La única diferencia está en el espectador que cree que lo que ve es real, que no es una actuación. Así que cree que mienten, engañan, crispan, enervan, entusiasman, siembran el odio y el rechazo, son soberbios y prepotentes. Pero nada de eso es así. Son actores, es su trabajo que desarrollan también frente a su público, siguiendo un guión ante las cámaras de televisión, un culebrón donde, por supuesto, tienen partidarios y detractores. Salen y actúan y no se salen del personaje.

Me recuerdan a actores como Groucho o Bogart.  Groucho es Groucho sea la película que sea, igual que Bogart, igual que los políticos. Son actores de un solo personaje. Actores y políticos se meten en el papel en cuanto tienen público delante y solo en la intimidad o cuando se retiran, podemos descubrir a la persona que en verdad había detrás del personaje.

Al igual que en las películas hay productores o en el teatro, empresarios, los políticos están al servicio de sus productores, que en este negocio se llaman «grupos de presión» o «lobbies», que son los que tienen los medios, el dinero, y son quienes los contratan y a los que sirven para que con sus actuaciones mantengan entretenidos a los tontos, mientras les manipulan, les engañan, les someten y les roban para hacerse aún más ricos y poderosos.

Si preguntas por qué se usan actores en política, te diré que la decapitación de Luis XVI fue un serio aviso de que, a veces, la gente se harta y cuando se hastía, es muy peligroso ser la cabeza porque la acabas perdiendo. Así que se decidió cambiar la monarquía absoluta por un modelo aún más arcaico que es la república representativa basada en el voto, que es la organización más primitiva de las sociedades prehistóricas, cuando los jefes de tribu votaban a algunos de ellos para cargos específicos de forma temporal. La única diferencia es que no son jefes de nada, sino pobres diablos sin oficio ni beneficio que son atraídos por las altas remuneraciones a la par de una mínima exigencia formativa y laboral. Los únicos inconvenientes son que algunos acabarán asesinados y muchos más en la cárcel. Los políticos son material fungible de repuesto. Nunca faltan, la oferta de políticos es verdaderamente abundante.

Los primeros productores, para hacer el cuento creíble, llamaron a este modelo de organización política «democracia» con dos fines, el primero era que el pueblo no saliera a las calles a reclamar democracia porque les hicieron creer que de eso se trataba, y que los tejemanejes de los productores tuvieran como último «responsable» al mismo pueblo que es el que vota a sus actores favoritos. Son tan listos como tonto el pueblo.

Bien por ellos.

Eso sí.

Todas esas actividades que desarrollan, lo de robar, mentir, matar, enfrentar, aborregar, privar de derechos, abusar de la gente, corromperse, drogarse y correrse parrandas de sexo y alcohol son todas y cada una de ellas reprobables y acarrean un pésimo kamma.

No solo los actores van al infierno. También los políticos.

Los políticos no mienten, actúan. Es tu problema creerles. Es como aquel que llora y se desespera por una escena de telenovela y es capaz de todo movido por esa emoción.

Tontos hay que lo hacen. ¿Eres tú uno de ellos?

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SN 42.2: CON TĀḶAPUṬA

En algún momento, el Buddha se encontraba cerca de Rājagaha, en la Arboleda de los Bambús, el lugar de alimentación de las ardillas. Entonces Tāḷapuṭa, el maestro de danza, se acercó al Buddha, se inclinó, se sentó a un lado y le dijo al Buddha:

—Maestro, he oído que los bailarines del pasado que fueron maestros de maestros dijeron:

—Supongamos que un bailarín entretiene y divierte a la gente en un escenario o en un festival con verdades y mentiras. Cuando su cuerpo se rompe, después de la muerte, renacen en compañía de devas risueños.

—¿Qué dice el Buddha sobre esto?

—Basta, jefe, déjelo estar. No me preguntes eso.

Por segunda vez…

Y por tercera vez Tāḷapuṭa le dijo al Buddha:

—Maestro, he oído que los bailarines del pasado que fueron maestros de maestros dijeron:

—Supongamos que un bailarín entretiene y divierte a la gente en un escenario o en un festival con verdades y mentiras. Cuando su cuerpo se rompe, después de la muerte, renacen en compañía de devas risueños.

—¿Qué dice el Buddha sobre esto?

—Claramente, jefe, no quiero hablar de ello con usted cuando le digo: “Basta, jefe, déjelo estar. No me preguntes eso”. Sin embargo, te responderé.

Cuando los seres vivos todavía no están libres de codicia, y todavía están atados por la codicia, un bailarín en un escenario o festival les presenta cosas aún más excitantes. Cuando los seres vivos todavía no están libres de odio, y todavía están atados por el odio, un bailarín en un escenario o festival les presenta cosas aún más odiosas. Cuando los seres vivos todavía no están libres de la ilusión, y todavía están atados por la ilusión, un bailarín en un escenario o festival les presenta cosas aún más engañosas. Y así, siendo ellos mismos descuidados y negligentes, han alentado a otros a ser descuidados y negligentes. Cuando su cuerpo se rompe, después de la muerte, renacen en el infierno llamado “Risa”.

Pero si tienes esa opinión: “Supongamos que un bailarín entretiene y divierte a la gente en un escenario o en un festival con verdades y mentiras. Cuando su cuerpo se rompe, después de la muerte, renacen en compañía de devas risueños. Esta es tu opinión equivocada. Un individuo con una creencia incorrecta renace en uno de dos lugares, digo: el infierno o el reino animal”.

Cuando dijo esto, Tāḷapuṭa lloró y estalló en lágrimas.

—Esto es lo que no le dije cuando le dije: “Suficiente, jefe, déjelo estar. No me preguntes eso”.

—Maestro, no estoy llorando por lo que dijo el Buddha. Pero señor, durante mucho tiempo he sido engañado, burlado y traicionado por los bailarines del pasado que fueron maestros de maestros, quienes dijeron: “Supongamos que un bailarín entretiene y divierte a la gente en un escenario o en un festival con la verdad y mentiras. Cuando su cuerpo se rompe, después de la muerte, renacen en compañía de devas risueños”.

¡Excelente señor! ¡Excelente! Como si estuviera corrigiendo lo volcado, o revelando lo oculto, o señalando el camino hacia lo perdido, o encendiendo una lámpara en la oscuridad para que las personas con buenos ojos puedan ver lo que hay, el Buddha ha dejado clara la enseñanza de muchas maneras. Me refugio en el Buddha, en la enseñanza y en el Saṅgha de los bhikkhus. Señor, ¿puedo recibir la renuncia, la ordenación en presencia del Buddha?

Y el maestro de danza Tāḷapuṭa recibió la renuncia, la ordenación en presencia del Buddha. Poco después de su ordenación, Venerable Tāḷapuṭa se convirtió en uno de los Dignos.

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