Mindfulness

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El Dhamma funciona porque se basa en el principio fundamental de que «todo está condicionado» del que derivan, por ejemplo, las matemáticas que es la expresión normalizada de las relaciones de causalidad en las ciencias. Es decir, lo que se observa empíricamente corresponde necesariamente a este principio.

Hará unos cinco años me encontré con un extraño caso que luego se repetiría invariablemente: aquellos que habían practicado lo que llaman «meditación vipassana» presentaban una asombrosa incapacidad de hacer jhānas, es más, no podían ni siquiera hacer el más simple de los ejercicios de concentración.

En estos casos, se busca en los textos una explicación. Y esto me encontré:

 

Colección de Discursos Numerados
AN 4.205 Óctuple

—Bhikkhus, os enseñaré qué es una mala persona y la peor persona, una buena persona y la mejor persona.

—¿Y qué es una mala persona?

—Es alguien que tiene una creencia incorrecta, una planificación incorrecta, un discurso incorrecto, una acción incorrecta, una conducta incorrecta, un esfuerzo incorrecto, una mala memoria y una meditación incorrecta. A esto se le llama una mala persona.

—¿Y qué es la peor persona?

—Es alguien que tiene una creencia incorrecta, una planificación incorrecta, un discurso incorrecto, una acción incorrecta, una conducta incorrecta, un esfuerzo incorrecto, una mala memoria y una meditación incorrecta. Y animan a otros en estas mismas cualidades. A esto se le llama la peor persona.

—¿Y qué es una buena persona?

—Es alguien que tiene la creencia correcta, la planificación correcta, el discurso correcto, la acción correcta, la conducta incorrecta, el esfuerzo correcto, una buena memoria y la meditación correcta. A esto se le llama una buena persona.

—¿Y qué es la mejor persona?

—Es alguien que tiene la creencia correcta, la planificación correcta, el discurso correcto, la acción correcta, la conducta correcta, el esfuerzo correcto, una buena memoria y la meditación correcta. Y animan a otros en estas mismas cualidades. A esto se le llama la mejor persona.

 

Esto nos da una buena pista: el Buddha califica de malas personas a aquellos que, a consecuencia de una mala creencia y derivada de ella, meditan de manera incorrecta. Y a sus instructores los enjuicia como las peores personas.

Es obvio que tanto las malas personas y, por supuesto, las peores personas están destinadas a los planos inferiores, al infierno.

Si examinamos la doctrina que los sectarios de la «vipassana» creen, esta se basa en el concepto de «atención plena». Usan de manera incorrecta el término «vipassana» cuyo significado es literalmente «intuición» y lo asocian a un concepto pseudomágico mediante el cual prometen que el partidario alcanzará la sabiduría y con ella la liberación. Esto se puede deber a la pobre comprensión de los que realmente es la intuición y como funciona. En los textos aparece esta palabra unida a la de «samatha» cuyo significado es «tranquilidad», necesaria para que la intuición funcione.

Sin embargo, a consecuencia de su ignorancia y el parecido a la palabra «samadhi», igualan los dos términos y dicen que «samatha» es una «meditación» asemejable a las jhānas, haciendo ver que es algo «menor» ante el «poder» de su «vipassana» que califican, no ya como una forma de pensamiento, sino como una práctica «meditativa» capaz de lograr una iluminación instantánea.

Hay un pasaje en los discursos numerados en los suttas que dice lo que es posible y lo que es imposible.

Colección de discursos agrupados numéricamente
268–277. Primer subcapítulo

Esto es imposible e inconcebible, bhikkhus, que un arahant, considerase fenómeno condicional alguno como permanente; no existe semejante posibilidad. Pero esto es posible, bhikkhus, que una persona corriente considerase algún fenómeno condicional como permanente; he aquí, existe semejante posibilidad.

Esto es imposible e inconcebible, bhikkhus, que un arahant, considerase fenómeno condicional alguno como placentero; no existe semejante posibilidad. Pero esto es posible, bhikkhus, que una persona corriente considerase algún fenómeno condicional como placentero; he aquí, existe semejante posibilidad.

Esto es imposible e inconcebible, bhikkhus, que un arahant, considerase fenómeno condicional alguno como esencial; no existe semejante posibilidad. Pero esto es posible, bhikkhus, que una persona corriente considerase algún fenómeno condicional como esencial; he aquí, existe semejante posibilidad.

 

En vista de esto, ellos entienden que, si alguien comprende intuitivamente que cualquier fenómeno condicional es impermanente, insatisfactorio e insustancial, eso es porque se ha iluminado y es un arahant…

En el pasaje dice que es imposible que un arahant entienda lo contrario, pero que podría ser posible que una persona corriente lo entendiera erróneamente, pero no que si lo entiendes es porque eres un arahant.

Es una obviedad que algo que está condicionado, al depender de condiciones no pueda permanecer, por lo que es insatisfactorio y que no puede ser sustancial, porque la sustancia es autosustentable. Pero aquí el juego parece que consiste en que te venga un flash mágico y lo entiendas…

Mindfulness, o como quiera que la llamen, es un ejercicio de consumo empaquetado para su venta al mundo occidental y ha resultado un éxito comercial sin precedentes. Su origen no se remonta muy lejos. Surge en la Birmania del siglo XVIII en un momento turbulento con el surgimiento de movimientos milenaristas de «medio tiempo». Según los sesudos cálculos de los bhikkhus theravadines, la Sāsana del Buddha duraría 5.000 años justos, al término de los cuales aparecerá Metteyya, el Buddha que salvará a aquellos que le conozcan y sean sus discípulos. Con sus cálculos basados en suposiciones y creencias ancestrales y ubicando el nacimiento del Buddha siglos antes de la fecha posible, calculaban que estaban a 2.500 años de un Buddha y a otros 2.500 años del siguiente. Esperar es la forma de practicar el buddhismo, no hay de otra. Y para hacerlo es imprescindible acumular méritos para conocer a Metteyya en una vida futura que se haya renacido como humano y, mientras tanto, esperar como deva en alguna esfera agradable. Pero había gente que se había cansado de esperar.

Dos movimientos heréticos surgieron, el Weizza-Lam que proponía hacer a sus acólitos inmortales haciendo uso de la magia negra y así conocer a Metteyya y el Vipassana que, mediante extraños ejercicios, se lograría la iluminación sin la intervención de ningún Buddha. Al principio fueron perseguidos, pero, debido a la crisis política que atravesaba Birmania, no pudieron ser extirpados y quedaron como movimientos residuales refugiados en las montañas, pero condenados por el Sangha oficial.

Con la llegada y establecimiento de los ingleses en el país, y la venida de occidentales ávidos de formas ancestrales de meditación, viendo así una forma no solo de sacar un rendimiento económico sino, además, una forma de reivindicar su herencia cultural y religiosa, el bhikkhu Ledi Sayadaw logró darles a ambos movimientos el aval del Sangha a través de fundamentaciones escriturales que arregló manipulando el sentido de algunos comentarios theravadines medievales. Ya, con la bendición del Sangha local, pudo ser ofrecido a los colonizadores occidentales como un producto genuino. Mientras que el Weizza-Lam no tuvo la menor aceptación por parte de los nuevos amos (eso de enterrarse vivo esperando hacerse inmortal no les resultaba atractivo), el vipassana por el contrario fue cómodamente aceptado. Un tal Mahasi Sayadaw llegó a montar una franquicia de centros que se expandió por todo el mundo.

Los occidentales no entienden eso de que haya que esperar para iluminarse varias vidas. Quieren la iluminación ya, aquí y ahora, que para eso pagan. Es curioso, pero en el mismo sutta citado anteriormente aparece más adelante:

Colección de Discursos Numerados
268–277. Primer subcapítulo

Esto es imposible e inconcebible, bhikkhus, que:

  • un arahant privase a su madre de vida…
  • privase a su padre de vida…
  • privase a un arahant de vida…
  • con el odio en la mente, derramase la sangre del Tathagata…
  • crease un cisma en el Sangha…
  • reconociese a alguien más [aparte del Buddha] como maestro; no existe semejante posibilidad.

Pero esto es posible, bhikkhus, que una persona corriente reconociese a alguien más [aparte del Buddha] como maestro; he aquí, existe semejante posibilidad.

Esto es imposible e inconcebible, bhikkhus, que dos arahants que son buddhas perfectamente iluminados, surjan simultáneamente en el sistema mundial; no existe semejante posibilidad. Pero esto es posible, bhikkhus, que un arahant que es buddha perfectamente iluminado, surja en el sistema mundial; he aquí, existe semejante posibilidad.

Este pasaje dice claramente que un arahant no puede tener otro maestro que un Buddha perfectamente iluminado, lo que es lógico: es quien sabe hacerlo y, además, se ha inclinado a enseñar. Pero con obviar esta parte, lo solucionan.

Buddhaghosa escribió allá por el siglo V una tesis de acceso al empleo de editor en Mahāvihara, el mayor monasterio de Sri Lanka, llamado Visudhimagga. Lo escribió porque fue requerido a ello como un ejercicio de oposición. Ahí reunió toda clase de ejercicios meditativos que fue recopilando. Aprobó y se convirtió en un importante comentarista que, siglos más tarde, los theravadines tomarían como referencia escolástica fundamental. Es curioso que, como no podía ser de otra forma, las últimas palabras de la descomunal obra fueran para dedicarla a alcanzar el mérito suficiente para renacer como deva y esperar y renacer como humano para conocer a Metteyya.

Pero parece que nadie ha llegado al final de tan voluminoso libro para leer la dedicatoria final.

Una de las más burdas manipulaciones es la «transformación» del término «Sāti» de su significado es «memoria, recordar» a «atención plena».  El equivalente sánscrito de Sāti es Smṛti.

El término Smṛti se refiere a un conjunto de textos sagrados del hinduismo. El hinduismo acepta como textos sagrados la literatura védica que abarca gran cantidad de antiguos textos sánscritos, que los brahmanes debían memorizar y recordar.

Hay que entender que en la época del Buddha la escritura no existía, por lo que las instrucciones que el Buddha daba había que memorizarlas. De ahí la importancia de Sāti. «Mahasatipatthana sutta» significa literalmente el Gran Discurso de los Fundamentos que hay que Recordar y consiste en una enumeración de los mismos y no «El Gran Discurso de la Atención Plena».

Al traducir Sāti por «atención plena», a todas las frases en los suttas que la incluyen se las despoja de sentido. Lo solucionan explicando que son traducciones «técnicas» y que, por tanto, los suttas no se deben leer sin el apoyo de los «comentarios».

Veamos ahora cómo destruye esta práctica nefasta la concentración de sus víctimas y las prepara para su futuro en el infierno.

Veamos qué es la atención. Consiste en estar a la espera de que aparezca un fenómeno, listo para captarlo. La desatención es estar a la espera, pero sin atender a ningún fenómeno. La concentración es estar centrado en un fenómeno ignorando todo el resto.

Un ejemplo simple lo encontramos en una cancha de tenis: los jugadores están concentrados en la pelota, el juez de silla está atento a todo lo que sucede en el campo de juego y un espectador aburrido, está distraído.

Al dirigirse a occidentales se utiliza un instrumento que siempre usaban e incluso llevaban encima: el reloj, donde la unidad básica de mismo es la hora. Una hora de reloj es el tiempo que establecen para el ejercicio. Como se supone que es un ejercicio de meditación se adapta la postura descrita en las jhānas, que es la de sentado con las piernas cruzadas. Erguido y fijo al frente. Sin moverse. Que parezca que están meditando de verdad. Tan importante es la postura que algunas sectas se quedan ahí, se sientan tan bonito que es una alegría verlos todo el tiempo así.

Dentro de la invariable hora de reloj (no, el Buddha no tenía reloj, es más, no sabía qué era una hora) los diversos ejercicios que conforman el «espectro mindfulness» se centran en detectar fenómenos, aprehenderlos y rápidamente rechazarlos para esperar el surgimiento del siguiente. Lo hacen, por ejemplo, con los pensamientos del mono loco (como no practican jhānas todos padecen de este molesto síndrome) que tiene la ventaja de que nunca cesa de aparecer y desparecer. O bien, con sensaciones corporales. Siempre los mismo: estar muy atentos, localizar, aprehender y soltar.

Les dicen que soltar es una forma de cultivar el desapego, cuando lo que realmente hacen es cultivar la aversión. Ir por algo para rechazarlo, así durante una hora, un día tras otro, un año tras otro convierten al practicante en un experto en aversión.

Y, qué curioso: es precisamente en lo que consiste el infierno: con un altísimo nivel de entropía los fenómenos desagradables aparecen tan rápido que no es posible hacerse a ellos, causando un sufrimiento sin pausa. La atención plena sirve para lograr atenderlos a todos tratando de que dañen lo mínimo posible. Es decir, estamos ante un ejercicio destinado a los que tienen billete comprado al infierno. Porque he aquí otra característica: no es que una buena persona caiga en el engaño y se prepare para el infierno. Si lo hace es porque ya viene condicionada a hacerlo. Es decir, tiene lo que busca. Y así tenemos miles de practicantes, ya destinados al infierno, enganchados a este ejercicio infernal que aseguran que les produce una gran felicidad.

Además, en términos prácticos, al condicionar a la mente a expulsar todo lo que aprehenden, devienen en una especie de TDAH. Si se ponen a concentrarse en un punto, en cuanto logran enfocar la concentración, se salen. Por muchas veces que lo intenten, siempre que se enfocan, se salen. Así resulta imposible que practiquen meditación porque requiere concentración que, por poca que sea, es más de la que ellos pueden lograr. O sea, no se pueden liberar teniendo, además, billete al infierno. Un daño irreversible.

Pues que les vaya bien.

Y a los que se lucran con ello, queda demostrado que son las peores personas.

Esto no se hace.

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