Vipassanā (III). La Estafa

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Ledi Sayadaw (1846-1923) es considerado como el fundador del movimiento vipassanā como se lo conoce hoy. Este movimiento comenzó a fusionarse solo después de la conquista británica del reino birmano en 1885. Ledi Sayadaw escribió numerosos manuales vernáculos sobre Abhidhamma y vipassanā comenzando en la década de 1890, y usando la imprenta, publicó ampliamente para promover alfabetización en la doctrina budista y propagar entre el pueblo en general lo que él creía que era la práctica correcta de vipassanā basado en las normas de las escrituras.

Su propósito en este trabajo no era solo para facilitar el progreso espiritual de los fieles budistas, pero para fortificar la cultura birmana contra lo que él consideraba de las corruptas influencias del nuevo régimen extranjero y para defender el budismo contra la polémica de los misioneros cristianos.

En esquema y contenido, los manuales de Ledi Sayadaw son similares a los escritos ciento cincuenta años antes por el monje Medawi. Pero a diferencia de su predecesor de la era Konbaung, Ledi Sayadaw, abogó por la utilidad y la necesidad de la práctica vipassanā para todos, incluso aquellos que esperaban una futura liberación como discípulos de Metteyya Buddha. En su Bodhipakkhiya-dīpanī escrito en 1905, Ledi Sayadaw afirmó que, si bien el camino tradicional del mérito podría dar lugar a un renacimiento auspicioso en el momento de Metteyya, no podría por sí mismo generar las perfecciones (pāramītas) necesarias para poder alcanzar la liberación a través de la enseñanza de Metteyya. Según Ledi, solo haciendo méritos junto con la práctica de vipassanā emprendida en esta vida, podría darse esa oportunidad.

Incluso mientras la interpretación de Ledi Sayadaw de vipassanā y sus esfuerzos para popularizar su práctica fueron innovadores de muchas maneras, se mantuvo en gran medida tradicional en su aceptación de la mayoría de las costumbres budistas y creencias populares budistas. De particular importancia aquí estaba la defensa de Ledi Sayadaw de la noción birmana de que los cadáveres de los arahants fallecidos permanecen inmunes a la descomposición incluso aunque esta idea no está atestiguada en fuentes Pāli autorizadas.

Uttamapurisa-dīpanī, un tratado sobre los atributos de los ariyas escritos en 1900, afirmó,

…antes de alcanzar la budeidad los agregados del Bendito eran contaminado con la corrupción de los kilesa y la mugre del kamma. Después de alcanzar la budeidad, no existió tal corrupción o mugre … [Es por esta razón que] los cadáveres de buddhas y arahants tampoco decaen ni emiten mal olor, sino que permanecen frescos al igual que cuando estaban vivos… Sus agregados mentales están completamente purificados y tan genéticamente los cuerpos físicos que son puros … [Por lo tanto] no escuchan la doctrina herética (micchā-vāda) que afirma que solo se ilumina la mente. Que solo la mente es el Buda y el cuerpo no es el Buda.

 

No es de extrañar, dada la devoción del Sangha birmano a los budistas escolásticos, la falta de autoridad en los textos sobre este punto fue la razón por la cual algunos monjes eruditos rechazaron el argumento de Ledi Sayadaw. En el Yahanda Pyathana, un tratado sobre la arahantado contemporáneo, el escolástico Thadammodaya Sayadaw criticó duramente la creencia de que los cadáveres de los arahants no se descomponen, señalando que en las escrituras el mismo Buda declaró que su propio cuerpo era una masa de corrupción incluso mientras estaba vivo. ¿Cómo entonces podrían los cuerpos de arahants muertos no pudrirse?

En una nota al pie, el editor del texto comenta que la preservación de los cadáveres hoy en día se logra a través del embalsamamiento, una práctica que irreverentemente hace justamente eso.

Aquí Ledi pudo haber sido respondido por un grupo heterodoxo de iconoclastas llamado burlonamente ‘paramats’ que supuestamente abogaron por la adoración de la mente iluminada del Buda, excluyendo de todo lo demás.

Una de las posibles inspiraciones para los propios puntos de vista de Ledi Sayadaw pueden haber sido las de Alaung daw Kathapa cueva-santuario ubicado al noroeste de Monywa. De acuerdo a leyenda local de la cueva contiene el cadáver incorruptible del discípulo del Buddha, Mahākassapa, que se reanimará en el momento de Metteyya e incinerará automáticamente en el futuro la mano de Buda. Esta curiosa leyenda no está certificada en las fuentes pali y tiene su origen en la Tradición budista sanscrita del norte de la India (devocionarios de Kassapa).

A pesar de críticas ocasionales de este tipo, la opinión de Ledi Sayadaw ha prevalecido y hoy representa la visión mayoritaria del movimiento vipassanā y del espíritu religioso del establishment birmano. Desde el tiempo de Ledi Sayadaw, las organizaciones vipassanā promueven cada una sus propias técnicas de meditación. Estas técnicas típicamente se basan en interpretaciones del Satipatthāna Sutta y en el cultivo de la atención plena (Sāti).

Las interpretaciones de este sutta son más bien “libres”, de forma que, aunque todas se llamen igual, se parecen unas a las otras solo en que son diferentes a lo que el sutta relata.

La razón por la que el conglomerado vipassana hace referencia a este sutta es exclusivamente por este párrafo:

Colección de Discursos Largos

DN 22. Mahāsatipatthāna Sutta

«Este es un camino de ida, monjes, para la purificación de los seres, para la superación de la pena y la lamentación, para la extinción del dolor y la tristeza, para alcanzar el camino correcto, para la realización directa de Nibbāna”

Este sutta se encabeza con la afirmación por parte del Bendito de que las instrucciones contenidas en el discurso son la puerta para alcanzar la meta, Nibbāna.

Tomando como bandera este discurso, aunque como veremos, las interpretaciones sean delirantes, al asociar sus “técnicas” a este sutta lo que hacen indirectamente es afirmar que llevan a la liberación final.

Aquí hay varios saltos al vacío. El primero es que la meditación correcta es condición necesaria para alcanzar la realización, pero es solo una. La necesidad de un maestro completamente iluminado es otra, y algunas más.

La segunda es que ni siquiera hablamos de meditación correcta. “Interpretar” libremente el sutta desconociendo su significado lleva a desarrollar múltiples técnicas. Lógicamente, la meditación correcta tiene una técnica, la técnica correcta, no múltiples. La meditación incorrecta, en cambio, sí tiene infinidad de técnicas para desarrollarla, realmente todas menos la técnica correcta. De esta forma, solo usando la pura lógica el movimiento vipassana se desmiente a sí mismo.

Pero hay más. Mucho más.

Por ejemplo, el mismo nombre del sutta nada tiene que ver con atención plena. Los instructores de vipassana afirman que “Sāti” en “atención” y que “Satipatthana” es “atención plena”, lo que denota un total desconocimiento del lenguaje.

Antes de la aparición de este movimiento, en los diccionarios, “Sāti” ha significado siempre “memoria”, y “upatthana” significa “al servicio de”, por lo que el título del sutta es realmente “Al servicio de la memoria”. Lo que realmente describe el sutta: un conjunto variado de prácticas cuya misión es cambiar tanto la química cerebral como la esfera conceptual, y que los bhikkhus de la época debían recordar para no olvidar ninguna de sus partes.

Más adelante, con la aparición de la tolerancia del establishment a este movimiento, se introdujeron definiciones espurias en los diccionarios para encajar sus ideaciones en el lenguaje, sin base en los textos.

La mayoría de los métodos vipassanā implican alguna clase de práctica de lo que llaman atención plena de manera exclusiva, mientras que se evita la práctica de la meditación en sí (samadhi) y el logro de las jhānas.

Recapitulamos.

Esta gente introduce un batiburrillo de prácticas a las que denominan de “atención plena” mientras que evitan la meditación (samadhi).

Lo siguiente es llamar a sus prácticas “meditación”, después afirmar que la meditación (samadhi) no sirve y que sus “meditaciones”, cualquiera de ellas, son las que llevan a Nibbāna.

Evidentemente su planteamiento no se puede sostener por ninguna parte. Si vamos a los textos, la única meditación que el Buddha practica y manda practicar a sus monjes son la jhānas. Pero no una o dos veces. La palabra jhāna aparece nada menos que en 662 textos, o sea, la práctica de jhānas, lejos de ser algo fútil, representa la mera práctica.

Pero ahí no queda lo sorprendente. En un alarde de ignorancia supina no entienden que la primera de las prácticas descritas en el Satipatthana Sutta, la atención a la respiración, es precisamente la técnica correcta que conduce a las jhānas.

Pero hay más, cómo no.

El Sutta enumera una serie de ejercicios, aparte de la técnica de jhānas, que se resumen así:

 

1.Sección de Concentración en la Respiración

Son las instrucciones para el logro de jhānas, fundamental para cualquier ejercicio posterior.

 

2.Sección de las Posturas

Andar despistado es una forma terrible de ignorancia porque nos condiciona a decisiones de consecuencias desconocidas. Ya vimos que el objetivo de la ética (el fin del sufrimiento) culmina con la erradicación de la ignorancia. No hacer nada por ignorancia, o sea, si se hace algo que haya sido después de haber provocado en el sistema un descenso de su nivel de entropía a base de recabar información acerca de él suficiente para ser plenamente conscientes de las condiciones que pondrá en marcha.

Éste en un ejercicio de reprogramación constante durante todo el día, vamos a ser plenamente conscientes de las cuatro posturas que adoptamos Siempre estaremos en una postura. Es por esto que este ejercicio tiene objeto permanentemente y la práctica siempre es posible.

 

3.Sección sobre la Percepción de la Situación

Éste en un ejercicio de reprogramación constante durante todo el día, vamos a ser plenamente conscientes de la percepción de nuestra situación en el espacio. Siempre estaremos adoptando una situación espacial. Es por esto que este ejercicio tiene objeto permanentemente y la práctica siempre es posible.

 

4.Sección sobre la Aplicación de la Mente a la Repulsividad.

Es un ejercicio de comprensión de la naturaleza de namā. Sirve para comprender que un concepto (el cuerpo) puede estar constituido por una miríada de conceptos (sus órganos).

 

5.Sección sobre la Aplicación de la Mente a los Elementos.

También relacionado con namā, sirve para comprender que ese mismo concepto está constituido por qualias (los elementos).

 

6.Los Nueve Cementerios.

Este ejercicio que parece de la contemplación de la impermanencia, no lo es. Es un ejercicio para discriminar el papel de actor “creador” de namā, o sea, del observador, en una aproximación muy interesante acerca de la inexistencia de la realidad objetiva. Y claramente del concepto de no-yo o anatta. Nuestro cuerpo no tiene más existencia intrínseca de aquella que nosotros mismos le demos de forma convencional.

 

7.Contemplación de las Emociones.

Para erradicar el sufrimiento es condición previa reconocer la naturaleza de las emociones que provienen de los sentidos, y a partir de ahí, estudiar sus mecanismos para reprogramar su desaparición.

Este ejercicio es la base de la ética buddhista: no hacer nada movido por el apego, no hacer nada movido por la aversión y no hacer nada movido por la ignorancia. O, dicho de otra forma, es el corazón del Noble Óctuple Camino.

 

8. Contemplación de la Mente.

Reconocer cómo es una mente nos sirve para reconocer como es nuestra mente. Si una mente está sana, o no lo está. Reconocer los estados que atraviesan la mente nos sirve para poder manejarnos con ella, tanto las ajenas como las propias. Una mente nunca está igual, la mente tiene modos diferentes de funcionamiento. Y su comportamiento no será igual.

 

Como se puede ver, aquí no hay nada parecido a contar mientras se respira, ni a localizar sensaciones en trozos de la piel, si nada semejante. Es una prueba más de que toman el sutta solo en el segundo párrafo y solo para apropiarse de su finalidad.

Esta es la prueba de que vipassana no es más que un engaño o estafa dirigido a gente inculta con capacidad de creer cualquier cosa.

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