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En su segundo discurso, ante los cinco renunciantes, el Buddha desgrana una serie de elementos que son clave para entender la realidad y que despejan las ideas tóxicas que te mantienen atrapado en las redes de la existencia.

 

La idea central es el desarrollo de la condicionalidad la que lleva, inexcusablemente, al desorden, al caos, a todo lo que llamamos malo. Al estar atrapados en ella, ¿es posible hablar de libertad?

Evidentemente no.

Si el cuerpo fuera mío, tendría pleno dominio sobre él. No envejecería, ni se enfermaría ni moriría. Pero no hay ningún dominio, el cuerpo sigue la dinámica del Samsara, es decir, el kamma. Tampoco controlamos la reacción emocional ni la percepción ni la conciencia, ni el mismo kamma.

Si nada de lo que podríamos considerar «yo» tenemos dominio sobre él, nada es mío, y si nada es mío, no hay yo.

El dominio lo tiene el kamma. Ningún fenómeno condicionado es sustancial, porque  está sometido al kamma. Incluso el kamma está sometido a sí mismo, por lo que tampoco es sustancial, porque el kamma no actúa libremente, sino siguiendo unas reglas fijas.

Por tanto, todo fenómeno condicionado al estar sujeto al kamma está sujeto a la degradación, al desorden, a lo malo. Por estar sujeto al kamma es impermanente ya que el kamma está en continuo cambio. Por estar sujeto al kamma no es libre, no es un yo, no es sustancial.

Todo fenómeno condicionado es insustancial, desagradable e impermanente.

Por tanto, la libertad no tiene cabida en el Samsara.

Vinaya Pitaka

Mahavagga

KD 1. Pabbajjā sutta

 

Entonces el Buddha se dirigió al grupo de cinco bhikkhus, diciendo:

—El cuerpo, bhikkhus, no es uno mismo. Ahora, si este cuerpo fuera yo mismo, bhikkhus este cuerpo no tendería a enfermarse, y uno podría tener la oportunidad de decir con respecto al cuerpo: “Que el cuerpo esté así para mí, que el cuerpo no esté así para mí”.

Pero en la medida en que, bhikkhus, como el cuerpo no es uno mismo, por lo tanto, el cuerpo tiende a lo malo, y uno no tiene la oportunidad de decir con respecto al cuerpo: “Que el cuerpo esté así para mí, que el cuerpo no esté así para mí”.

La reacción emocional no es uno mismo … y uno no tiene la oportunidad de decir con respecto a la reacción emocional: “Que la reacción emocional se vuelva así para mí, que la reacción emocional no se vuelva así para mí”.

La percepción no es uno mismo… y uno no tiene la oportunidad de decir con respecto a la percepción: “Que la percepción se vuelva así para mí, que la percepción no se vuelva así para mí”.

El kamma no es uno mismo… uno no tiene la oportunidad de decir con respecto al kamma, “Que el kamma se vuelva así para mí, que el kamma no se vuelva así para mí”.

En la medida en que, bhikkhus, como la conciencia no es uno mismo, por lo tanto, la conciencia tiende a lo malo, y uno no tiene la oportunidad de decir con respecto a la conciencia, «Que la conciencia se vuelva así para mí, que la conciencia no se vuelva así para mí».

 

—¿Qué les parece esto, bhikkhus? ¿El cuerpo es permanente o impermanente?

—Impermanente, Bendito.

—¿Pero lo que es impermanente es doloroso o placentero?

—Doloroso, Bendito.

—¿Pero es apropiado considerar lo que es impermanente, doloroso, de naturaleza cambiante, como «esto es mío, soy yo, este es mi ser» ?

—No es, Bendito.

—¿La reacción emocional, la percepción, el kamma, la conciencia son permanentes o impermanentes?

—Impermanentes, Bendito”.

—¿Pero lo que es impermanente es doloroso o placentero?

—Doloroso, Buddha.

—¿Se puede considerar esto que es impermanente, doloroso por su naturaleza cambiante como «esto es mío, esto soy yo, este es mi ser»?

—No es así, Bendito.

 

—Por lo tanto, bhikkhus, lo que sea cuerpo, pasado, futuro, presente o interno o externo, o grosero o sutil, o bajo o excelente si está lejos o cerca, todo el cuerpo debería, por medio de la sabiduría correcta, ser vistos, como realmente son, así: Esto no es mío, esto no soy, esto no es mi yo.

Lo que sea reacción emocional, lo que sea percepción, lo que sea kamma, lo que sea conciencia pasada, futura, presente o interna o externa, o grosera o sutil, o baja o excelente, ya sea lejos o cerca, toda conciencia debería, por medio de la sabiduría correcta, ser vistos como realmente son, por lo tanto: esto no es mío, esto no soy, esto no es mi yo.

Al ver de esta manera, bhikkhus, el discípulo instruido por los nobles ignora el cuerpo y no tiene en cuenta la reacción emocional y no tiene en cuenta la percepción y no tiene en cuenta el kamma y hace caso omiso de la conciencia; haciendo caso omiso, él es desapasionado; mediante ese desapasionamiento es liberado; en libertad el conocimiento surge: «Estoy liberado», y él sabe: «Destruido es el nacimiento, vivida es la vida de renuncia, hice es lo que había que hacer, no hay más que hacer”.

Así habló el Buddha; encantados, el grupo de cinco bhikkhus se regocijó en lo que el Buddha había dicho. Además, mientras se pronunciaba este discurso, las mentes del grupo de cinco bhikkhus fueron liberadas de las ideas que intoxican la mente. En ese momento había seis arahants en el mundo.

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