Mística (II). Sintaxis

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El lenguaje que usamos condiciona la forma en la que pensamos, e incluso la determina si no empleamos más que el razonamiento secuencial. La sintaxis de las oraciones es una esfera en el que la mente se circunscribe no permitiendo pensar más allá de las reglas del lenguaje. En español, como en muchos idiomas, la construcción de las oraciones implica a un sujeto, a un verbo y a un predicado. Esto que parece simple, es un error conceptual pueril: no hay un sujeto independiente del verbo, ni un verbo independiente del sujeto y del predicado, ni un predicado que tenga sentido por sí mismo. Por ejemplo:

«El niño ve la manzana»

Implicaría que hay un niño, independientemente de ver y de manzana. Y hay una manzana la vea o no el niño. Esta forma de pensar lleva a la conclusión de que tiene que existir un «yo», en forma de niño o de manzana, y que «ver» es una más de muchas posibilidades. Ese «yo» sintáctico existe antes de la oración, de hecho, se emplea en más ocasiones y es autoportante, se representa a sí mismo.

Es evidente que no existe observador (niño) sin objeto (manzana), y que todo es pura observación (ver). Lo real es el hecho de ver, hasta que no se ve y durante esa acción existe un observador y algo que es observado.

Pero ¿podemos utilizar el español solo con verbos? Está claro que no.

Todo en el Samsara, es decir, en el conjunto de todo lo que está condicionado, es actividad pura, son condiciones que evolucionan, como las olas en el océano. No son nada en sí, pero lo que transmiten es la energía con la que se mueve el kamma, esto es, la información. Si queremos usar el castellano para entender la realidad, no vamos a poder, porque es un idioma con una sintaxis que lo impide. Igual sucede con otros lenguajes.

En conclusión, no se debe usar el español para plantear preguntas serias.

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