Los Tres Signos de la Ignorancia Educativa

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En cualquier profesión seria al enfrentarse a un problema lo primero que se hace es analizar el caso, a no ser que sea tan trivial que cualquier solución por nefasta que resulta suficiente. Es el caso de la Educación de los seres humanos.

Se parte de que son piezas de recambio y que, como hay muchas, si sale mal una, se sustituye por otra. Al fin y al cabo, desde que la esclavitud desapareció, los obreros son gratis.

Cuando se habla de educación, a los responsables les gusta llamarse “formadores” porque los niños son un libro en blanco y ellos, como si fueran dioses se dedican a moldearlos como Yahveh hizo con la arcilla. Piensan que solo una persona “formada” es útil. En otras palabras, los humanos son trozos de madera sin tallar y ellos se encargan de fabricar con ellos médicos, arquitectos, soldadores, sacerdotes, maestros… Así que cuando uno de ellos te pregunta sobre lo que “eres” les molesta si te sales de su miope guión y no contestas con una profesión u oficio reconocible.

Los educadores son fabricantes de embutidos, a las que les dan diferentes formas, texturas y sabores, de manera que al acabar el lento pero inexorable proceso educativo el alumno es una salchicha alemana, un chóped, un salchichón, un jamón o un chorizo.

Y aquellos que no han servido para hacer su mezcla divina acaban convertidos en Nuggets o en Salchichas.

En resumen, un humano es una tuerca por descubrir.

Y lo hacen como se fabrican las tuercas, desde pequeñitos los van formando, limitando, deslavando, tallando y, por último, puliendo, dejándolos listos para la Universidad.

Para hacerlo es imprescindible extraer de ellos cualquier resto de humanidad, como cuando se fresa una madera no queda del tronco más que madera, una madera similar a todas las demás. Luego durante el proceso de encontrar la “vocación”, lo que “me gusta”, se determina que clase de pieza va a tratar de fabricarse para ser parte del engranaje de una sociedad constituida por millones de piezas como esta.

Para empezar, se somete a los bebés recién nacidos a un proceso de descerebración teniendo cuidado de apartarles de cualquier fuente de estímulo para prevenir que el niño se vuelva extraño e inmanejable. Nada mejor que las guarderías. Un bebé alejado de la atención exclusiva de las personas mayores, prestas a su constante estimulación, tentación de ser diferente, y puesto en medio de un grupo de críos llorones, cagones y meones, para que él también aprenda a cagar, mear y llorar y se sienta parte de un grupo que no pertenece a nadie.

Justo lo que le espera.

Luego, la escuela se encargará de laminar a todo el diferente; tanto los profesores como los mismos alumnos. Se parte de esquemas estándar y todo el trabajo consiste en meter a los niños en la trituradora, tratando de dar especial apoyo a aquellos que no entren, bien sea a base de presión, o cortándoles a trozos.

Y el que no sirva, a la línea de Nuggets.

Así, como carne procesada van cayendo a la Universidad, proceso final en el que se debe delimitar los tres signos que procesarán para acabar dentro de una bandeja plastificada lista para ser expuesta en los lineales de la gran superficie del mercado laboral.

Estos tres signos son:

  1. Especialización: el humano debe ser una cosa, o a lo sumo dos, como una herramienta de doble uso. Toda la formación se centra en “asignaturas”, que no son más que datos aislados de todo lo demás. Una tuerca solo debe saber de tornillos.
  2. Individualización: se fabrican piezas que sean intercambiables, por lo que se evita cualquier clase de colaboración con terceros, porque se entiende que debe ser capaz de ser tuerca él solo sin ayuda de nadie.
  3. Nivel: solo se es una buena tuerca si el alumno es conforme una serie de criterios objetivos, es decir, ajenos a él mismo.

Esto se ve en los “exámenes”, ese estúpido ejercicio con el que se culmina cada fase de deshumanización de los humanos. Todos ellos tratan de:

  1. Una Asignatura
  2. Está prohibido “copiar”
  3. Se hacen para “aprobarlos”, es decir, verificar que se supera el nivel objetivo. Y es objetivo porque todos los exámenes que se reparten son iguales.

Esto lo que fabrica son Inteligencias Artificiales Cutres (SAI) por sus siglas en inglés: “shabby artificial intelligence”.

Estos humanos son una especie de auxiliar de androide cuya finalidad es ocupar las tareas que económicamente no interese emplear a un robot, o sea, las más precarias de la sociedad.

Querer competir con una máquina en el manejo de tareas definidas, repetitivas que soporten manejo de datos es lo mismo que entrenar a humanos para que corran contra las motocicletas.

¿Qué tienen los humanos que no tengan las máquinas?

Todo, son buenísimos para ser humanos y pésimos para trabajar de máquinas.

Un humano que no haya sido sometido a la descerebración hubiera podido hacer muchas cosas con diferentes grados de competencia que solo él puede superar. No hay criterios objetivos en esto. El humano es buenísimo para establecer sinergias con otros humanos, que para eso ha construido una sociedad, no para ser una isla en un archipiélago.

De reconocer patrones abstractos.

De pensar.

Es capaz de intuir.

De ver soluciones donde no las hay.

Es decir, de hacer cosas que las máquinas pueden hacer.

 

0 Comentarios Agrega el tuyo

  1. vctorsegovia dice:

    Esta bien la critica, pero ¿cómo debería ser entonces? El problema es que no queremos otra forma de vivir ¿o no?

    1. No se me ocurre como podría funcionar una sociedad sin los tontos. Demasiada imaginación es requerida.

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