Las tres características

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Esto que voy a contar parece una broma y lo que parece una broma, es una broma. Esta pertenece al género tragicómico. Y sí, vamos a volver a hablar de las ocurrencias de la secta «vipassana», «mindfulness» o bien, los chicos de la «atención plena».

La justificación última que dan para estar triturándose la mente a base de taladrar su exigua concentración en masoquistas sesiones de horas-culo, es lograr la comprensión de «las tres características». Nunca se ha descrito la relación entre los entretenimientos que tienen mientras van cayendo uno a uno los pesados sesenta minutos del partido entre los memes de campo contra los árbitros que quieren echarlos de a cancha, y entender alguna cosa. Bueno, dicen que sí. Que con las suficientes horas-culo, de una forma mágica y misteriosa llegan a entenderlas completamente y así, dicen, consiguen su nirvana de juguete. Así, si las han entendido, a su muerte su cuerpo no se descompondrá y podrá ser exhibido para su adoración en un templo, con fines estrictamente recaudatorios, colmado de flores.

A éstos, por lo menos, no los entierran vivos para ver qué pasa, si se pudren o qué, como a sus parientes weizza-lam.

Las famosas «tres características» son la «impermanencia», el «sufrimiento» y la «insustancialidad». Veamos que dice U Silananda, un moje birmano discípulo del principal promotor internacional de esta secta, un tal Mahasi Sayadaw:

 

«Sin el discernimiento de estas tres características no puede existir vipassana. Durante las etapas iniciales de vipassana uno no podrá ver estas características claramente. Pero después de haber progresado un poco, uno podrá ver por sí mismo estas características, la impermanencia, el sufrimiento o insatisfactoriedad y la insubstancialidad.

¿Cómo sabemos que algo es impermanente? Observando la marca o la característica de la impermanencia. La marca o característica de la impermanencia es tener un surgir, un cesar y el cambio.

Cuando uno practica vipassana, en las etapas iniciales uno no es capaz de ver la real impermanencia de las cosas. Cuando uno progresa más y más, cuando uno alcanza un cierto nivel en el conocimiento de vipassana uno podrá ver esta impermanencia. Uno verá clara y vívidamente este surgir y cesar de los fenómenos».

Según esto la «impermanencia» de las cosas, es un «surgir» y un «cesar». Si miramos a una manzana, ya ha surgido, por lo que ver el surgimiento no es posible, aunque nos podemos imaginar que, de pronto, ¡aparece! Y si nos quedamos mirando que cese, o desaparezca, nos puede dar el aire, por mucho que estemos mirando la manzana, no va a desaparecer. Por eso, según este señor, hay que hacer vipassana.

 

Hay más. Vamos con el «sufrimiento», a ver qué entiende por «sufrir»:

 

«La segunda característica es ‘dukkha.’ ‘Dukkha’ se traduce como sufrimiento o dolor. Pero ‘dukkha’ es más que eso. ¿Qué es lo que es ‘dukkha’, lo que es doloroso, lo que es sufrimiento, lo que no satisfactorio? La misma cosa que es impermanente. Entonces, todo en el mundo es sufrimiento, no satisfactorio. Los cinco agregados o la mente y la materia, todo esto es ‘dukkha.’

Con respecto a ‘dukkha’ o el sufrimiento debemos entender que existen tres tipos. El primero es el más obvio – la real sensación de dolor, el dolor real. Cuando se golpea con algo o se corta, hay dolor. Esto es lo que se denomina ‘dukkha-dukkha,’ el sufrimiento real.

Otro tipo de ‘dukkha’ es el sufrimiento en el cambio. Por ejemplo, uno tiene una buena sensación. Cuando esta buena sensación desaparece, uno se siente triste, uno siente pesar por esto. Por lo tanto, la sensación agradable en sí misma se dice que es ‘dukkha.’ No es sufrimiento en el sentido popular, pero cuando desaparece, produce sufrimiento. No deseamos perder esa buena sensación. Cuando la perdemos, no sentimos apenados por esto. Por lo tanto, esa sensación agradable también se denomina ‘dukkha,’ sufrimiento como cambio. Es un poco más difícil de ver porque todo nosotros estamos apegados a estos placeres del mundo. No queremos ver estos placeres como ‘dukkha,’ como sufrimiento, con no satisfactorios.

El tercer tipo de ‘dukkha’ es el sufrimiento como formaciones, el sufrimiento como cosas condicionadas. Este aspecto de ‘dukkha’ es el más difícil de ver. Este aspecto de ‘dukkha’ es simplemente la característica de estar oprimido por el surgir y cesar. Todo lo que surge y desaparece, todo lo que tiene un comienzo y un final es ‘dukkha.’».

 

O sea, la manzana, la pobre, como está oprimida por el surgir y el cesar, sufre. Y sufre mucho. Gracias a la meditación vipassana puedes ver el sufrimiento de la desdichada manzana.

Y no digo nada si la cortas o te la comes… Ahí se ve claramente el sufrimiento no solo de la manzana sino el tuyo propio que te la comes y que te gusta. Porque eso de que te guste también es sufrimiento.

 

Aún no satisfecho, se mete ahora con el concepto de «insustancialidad»…

«La tercer característica es ‘anatta,’ no yo, no alma, insubstancialidad. Esta característica es la más difícil de ver. Se menciona en los textos que las dos características de impermanencia y sufrimiento pueden ser vistas o descubiertas cuando no hay Buddhas en el mundo. La característica de ‘anatta,’ la característica de no alma, sólo puede ser descubierta cuando hay Buddhas. Son únicamente los Buddhas quienes pueden revelar esta característica al mundo.

¿Qué es lo que es ‘anatta,’ lo que es no alma? Es la misma cosa que impermanente, que es sufrimiento. Por lo tanto, todo en el mundo es ‘anatta.’ Todo lo que existe en el mundo es sin alma, sin yo. Los cinco agregados o la mente y la materia son ‘anatta,’ carecen de un alma, carecen de un yo.

El otro aspecto de ‘anatta’ es la ausencia de un núcleo o la ausencia de una substancia. Todo lo que existe en el mundo carece de substancia. Solamente existen los fenómenos, sólo fenómenos que surgen y cesan. No puede haber substancia aun en las cosas que consideramos como substanciales o que consideramos como sólidas. Las cosas externas y los cuerpos materiales están compuestos de átomos. Los átomos están siempre cambiando y hay espacio entre esos átomos. Si magnificamos cien mil o un millón de veces podremos ver que hay más espacio que substancia en mundo. En realidad no hay substancia. Hay solamente energía. Entonces, de acuerdo con las enseñanzas de Buddha todo lo que existe en el mundo es ‘anatta’ porque no podemos ejercer ningún control sobre los fenómenos y porque no existe una substancia o un núcleo. Esto significa que no hay nada que dura para siempre, que va de una vida a otra».

O sea, la manzana no tiene alma. Pero eso solo se puede saber si hay un Buddha por el mundo, si no lo hay, no se puede saber. Y no tiene alma porque la distancia entre los núcleos de sus átomos es muy grande, y como el alma está en ese núcleo, el núcleo no existe porque es energía…

Y la manzana no tiene alma porque no podemos ejercer control sobre ella, es decir, olvídate de comértela. Eso no es posible.

 

Como habrás comprobado, todo es una broma.  Pero una broma millonaria, que factura millones por todo el mundo en sus centros de vipassana, mindfulness o de la atención plena.

Pero, ¿cómo se atreven estos individuos a decir que estas mamarrachadas las dijo el Buddha?

Para eso están ellos mismos, que son los «guardianes» de la palabra del Buddha, los theravadines tan escrupulosos ellos en sus conceptos de «virtud», «samatha» y «vipassana».

Y ¿cómo lo hacen?

Simplemente manipulando las traducciones, los diccionarios y todo lo que sea necesario para lograr su propósito de vender las excelencias de sus centros de horas-culo.

La traducción de anicca no es «impermanente», es perecedero. Dukkha no es «sufrimiento», es desagradable. Y anatta no es «sin alma», es que carece de control sobre las condiciones que lo afectan.

Así, una manzana es perecedera, y por tanto, es desagradable, porque se pudre y eso es desagradable y la manzana no puede evitar pudrirse. Igual sucede con tu propio cuerpo, es perecedero y lo sabes. Y eso es desagradable, y lo sabes. Y sabes que no lo puedes evitar, lo que también es desagradable.

Para entender esto no es necesario machacarse el culo en interminables horas de zafú e incienso apestoso, solo hace falta una traducción correcta, una simple traducción. Pero las traducciones correctas no dan dinero. Así que no te extrañes de que las traducciones sean como son. No es solo por ignorancia, lo es también por codicia.

La ignorancia, la codicia y el odio a la verdad de estos sumos pontífices de la «virtud».

 

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