LA PRISIÓN DE LA IGNORANCIA

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Nadie nace sabido. Todos nacemos ignorantes y analfabetos.
El niño va descubriendo el mundo y lo organiza en conceptos. La inteligencia le sirve para hallar relaciones de condicionalidad entre ellos y así ampliar su mundo. Porque el mundo es el mundo de cada uno, no existe un mundo para todos. El proceso educativo correcto consiste en enseñar a que el niño piense. Si piensa podrá ampliar su mundo en la medida que pueda para cubrir sus necesidades. Un niño que sabe pensar puede cuestionar los conceptos que ha recibido en base a su ajuste condicionado. De esta forma podrá construir su mundo de forma coherente lo que le proporcionará una holgura suficiente para habitarlo.
Alguien muy inteligente necesitará de pocos conceptos. Alguien extremadamente inteligente, solo de uno: entender el kamma. Con ello podrá reconstruirse todo un Samsara.
En el lado opuesto está el tonto. El que no sabe pensar porque no es inteligente o porque nadie le enseñó. Su mundo es pequeño y construido a base de ladrillos conceptuales de diversa procedencia y que, como no sabe combinarlos, usa la fe para mantenerlos en pie. Es un mundo agobiante que no tiene posibilidades de ampliación, su mundo es una prisión.
Cuando un tonto enseña a otro tonto lo que realmente está haciendo es compartirle su prisión. Le invita a que viva en su celda. Y como el tonto carece de criterio porque no entiende que hace cada concepto ahí, sigue usando el pensamiento mágico de su niñez para explicar su claustrofóbico mundo.
Para él no hay más mundo que ese. Y cada tonto tiene su propia prisión. A veces es solo copia de la prisión de otro, o un collage de prisiones que va recogiendo a lo largo de su vida.
Cuando el tonto llega a ser consciente de las precariedades de su celda y mira las celdas de los demás y ve que todos los tontos están más o menos igual, en lugar de plantearse la construcción de su prisión, usa de nuevo el pensamiento mágico y relativiza todo.
Esa relativización en ocasiones deriva en respeto, otras veces el tonto que como no siquiera entiende su mundo, le da por imponer su modelo de prisión a todo el mundo, porque le resulta más simple estandarizar su modelo que entenderlos todos.
Así tienes a tontos respetando y a otros tontos imponiendo.
El sabio ni respeta ni impone, porque sería hacer uso de la fe. El sabio lo más que hará será cuestionar la falta de inteligencia del tonto y hacerle ver sus incongruencias que le hacen comportarse con hipocresía. El sabio criticará la virtud porque es consecuencia de la hipocresía. La ética no necesita de la virtud, y la virtud no crea ética. Disfrazarse de rana no te convierte en rana. Al igual que la rana no necesita disfrazarse de rana para parecer una rana.
Un tonto muy leído tendrá una prisión más grande. Pero no deja de ser una prisión y además contrahecha, edificio ecléctico de trozos de edificios eclécticos.
Por el contrario el sabio no necesita leer, porque puede explicarlo todo usado su inteligencia. Cuando un sabio Lee, o reconoce o no reconoce. Si reconoce pierde el tiempo, si no reconoce se prueba a ver si es mentira. Si lo es pierde el tiempo. Si no lo es, no era sabio.
Leer o no leer. Discutir o no discutir.
Al final, el sabio se parece mucho más al más tonto que al mas listo.
No lee y crítica al que lo hace.
 

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  1. Meme Luzbelkhan dice:

    «El sabio lo más que hará será cuestionar la falta de inteligencia del tonto y hacerle ver sus incongruencias que le hacen comportarse con hipocresía.»
    Pareciera que quien cuestiona es automáticamente sabio, y el cuestionado automáticamente tonto. Pareciera, digo, porque instintivamente lo vemos así. Si alguien nos cuestiona, ¿me está llamando tonto?, ¿se cree sabio?.
    -Nadie puede cuestionarme pues soy sabio.
    Puede que la distinción no se encuentre en el papel activo sino en el pasivo. Cuando alguien nos expone incongruencias que nos hacen comportarnos con hipocresía, ¿nos cuestionamos a nosotros mismos?.
    Creo que el sabio y el tonto viven dentro de uno mismo y que necesitamos a ambos para crecer. Si fuera uno solo no podría cambiar(se).

    1. Que los chinos sean bajitos no significa que los bajitos sean chinos.
      El sabio no te va a imponer que debes hacer sino te va a confrontarte contigo mismo.
      La critica no es un cuestionamiento.

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