Ahogados en el Dhamma Negro

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Bonito panorama es el que le presenta el Mahabrahma al Buddha al pedirle que enseñe:

«Ha aparecido en Magadha antes de ti,

Un dhamma podrido ideado por mentes inmundas.

Abre la puerta de inmortalidad;

que escuchen el Dhamma visto por el inmaculado.

 

Como desde un peñasco en la cresta de la montaña,

Un hombre podría mirar a la gente a su alrededor,

De la misma manera, ¡Oh omnisciente!, ¡oh sabio!,

Sube al Palacio del Dhamma.

Tú que estás libre de dolor, mira a todas esas almas en pena

Hundidas en el dolor, oprimidas por el nacimiento y la vejez.

 

¡Levántate victorioso! ¡Conquistador en la batalla!

Lidera la caravana, sal al mundo.

Que el Sublime enseñe Dhamma;

Habrá quienes lo entiendan».

Para que aparezca un Sammasambuddha es condición necesaria que el Dhamma del Buddha anterior se haya corrompido, un dhamma podrido ideado por mentes inmundas.

Y ahí los tienes, como ratas enajenadas en busca de sexo y comida, guiados por espectros del Māra, pastores que vigilan que ninguna se les escape. No saben por qué viven, no saben para qué viven, no saben donde están, no saben quiénes son, no saben dónde van. Nacen como mueren, mueren como nacen. Y son muchísimos.

Tienen ojos para no ver y oídos para estar sordos. Almas en pena vagando desde ninguna parte, preocupadas solo por mantenerse en la vereda, recibiendo el castigo sin levantar la cabeza.

Chillan como arpías cuando se les sacude para que abran los ojos. Un grito agudo que concentra el dolor de múltiples vidas que escupe la bilis del odio que atesoran. Y siguen en su círculo vagando vida tras vida.

Si alguno hace el gesto de levantar la cabeza, rápidamente queda rodeado por los inmundos que le atiborran de dosis nocivas de su dhamma negro, hasta que comienzan a vomitar sus consignas: «Sāti», «generosidad», «pāramitā», «compasión«, «hacer el bien», «vida eterna», «felicidad», «vipassana», «atención plena», «Shinkantaza», «zen», «Mahāyana», «nichiren», «theravada», «dalái», «tinaja», «ajancha», «mettā»…

Conferencian sin saber qué chillan, sin saber que están chillando, sin oírse, sin saber que les estoy oyendo. Mientras los pastores del Māra, bien cebados, dándose el festín a costa de estos descerebrados que les engordan y pagan sus vicios mientras hacen tiempo para regresar al infierno de donde no deberían haber salido.

 

—Y ¿ahí es donde quieres que me meta?

—Hombre, alguien habrá.

—Bien me lo pones…

—Es lo que hay.

—Huele mal por aquí.

—A infierno.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sergio Sosa dice:

    Es casi imposible empezar a conocer sobre Buddhismo, sin ser atrapado por algunas de las escuelas religiosas Buddhistas, Lo más cercano y popular en países de Ametica Latina son las Casas Tibet, puerta de i ngreso al Vajrayana, propuesta esotérica, llena de ritos, rituales, mantras, tantra, etc. Luego está la magia del Zen y el Theravada con su Canon Pali y su Abhidhamma. Todas a la larga dogmáticas y religiosas. Es muy difícil enganchar con propuestas bien fundamentadas en la enseñanza del Buddha que al final de cuentas se basa en ponerle fin al sufrimiento.

    1. Víctor Manuel Segovia dice:

      Y alguien con sentido critico estas sectas budistas que mencionas no convencen, a la primera cae uno en cuenta que son lo mismo que las creencias cristianas, o de cualquier otro índole…. nada serio…..

  2. Mason dice:

    Thank you for the auspicious writeup. It in fact was a amusement account it. https://www.forestube.com

  3. Steppenwolf dice:

    «La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber.» ¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no «quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ese podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ese precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.»

    Saludos.
    M.F.

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