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El análisis de los factores de aferramiento a la existencia representa la sistematización a nivel lógico de la experiencia y es clave para entender el sufrimiento y describe cómo estamos encadenados al Samsara. La experiencia implica cinco procesos: las qualia, la reacción emocional, la percepción, la situación condicional y la cognición. El primero es el proceso relacionado con lo «material» o rūpa y los otros cuatro el proceso que llamaremos «mental», o namā.

Las qualia son el resultado de la codificación y el procesamiento de las entradas de las seis puertas de los sentidos: vista, oído, olfato, gusto, tacto e intelecto, y entregan imágenes, sonidos, olores, gustos, sensaciones táctiles y pensamientos. La reacción emocional es lo primero que interviene mediante el sistema límbico y es el proceso que traduce la experiencia en agradable, desagradable o indiferente. Una experiencia agradable incitará al apego y una desagradable, a la aversión. La percepción es el proceso que da sentido a la experiencia.

La situación condicional incide en la experiencia desde el momento en el que no se procesa de igual manera una misma experiencia a lo largo del tiempo en dependencia de la historia previa. Cada experiencia irá cambiando la situación condicional por lo que ninguna experiencia se repetirá. Nuestra percepción del tiempo es una conceptualización de la situación condicional. Y, por último, la cognición que es el acto de conocer. Como vemos, todos estos componentes son perecederos y duran lo que dura la experiencia. No tenemos más conexión con el Samsara que estos cinco elementos que, agrupados, llamaremos namā- rūpa. Entender que los cinco no somos nosotros y que son perecederos y, por tanto, insatisfactorios es clave para abandonarlos y con ellos el encadenamiento al Samsara.

Vemos que la conciencia, que es lo que recibe la experiencia está condicionada por los cinco factores de aferramiento a la existencia, y éstos, a su vez, dependen de la conciencia que es lo que los entiende. La liberación es desatar la conciencia de estos cinco factores y constituye el objetivo final. Una conciencia desatada del Samsara es una conciencia libre y la libertad es Nibbāna.

Estamos ante el núcleo del Dhamma. Sin embargo, las falsificaciones que cometieron las sucesivas generaciones que transmitieron el canon Pāli para adaptarlo a sus fines espurios, consiguió que los conceptos clave quedaran reducidos a disparates.

Empezando con el primero de ellos, el nombre con el que conocen a los factores de aferramiento a la existencia: les llaman «agregados», término que invita a evocar ideaciones difusas.

Las qualia son «materia», pero materia física y no un concepto. Incluso confunden el término intelecto, que es una puerta de los sentidos con «mente» que engloba es tanto namā como a rūpa junto con la conciencia. No tienen reparos en que lo particular englobe a lo general.

Llamando sensación a las reacciones emocionales, son incapaces de distinguirla de la percepción que, a su vez, asocian con algo similar a la cognición. La situación condicional, es decir, los sankharas, les resultan incomprensibles e inmanejables y se limitan a etiquetarla como «formaciones mentales» escudándose en que es un término «técnico» budista «muy complejo» y para rematar la faena, identifican la cognición con la misma conciencia.

Y claro, cuando vemos que la cognición es perecedera, insatisfactoria y no es uno mismo, entienden que estos atributos se atribuyen a la misma conciencia, en lugar de a la cognición, con lo que llegan al absurdo lógico de ser incapaces de explicar cómo si la «conciencia es impermanente» qué sostiene la individualidad y si la conciencia no es la personalidad entonces ¿qué se libera? Esto desata un torrente de ideaciones y filosofías espectrales del vacío y otras divagaciones que tratan sentar una lógica «científica» sobre el absurdo. Reconstruir la información hace que todo se entienda y se aleja de cualquier elucubración difusa que es la especialidad de los devotos budistas que no entienden ni una palabra del Dhamma.

¿Pueden ser budistas los budistas? Obviamente, no. Pero ellos no lo saben, ni lo quieren saber.

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