Liberalismo

La palabra “liberal” fue el adjetivo calificativo que se dieron a sí mismos los constituyentes de las Cortes de Cádiz opuestos tanto a Napoleón como al Antiguo Régimen. Liberal era aquella persona que actúa con liberalidad, que es la virtud moral que consiste en distribuir alguien generosamente sus bienes sin esperar recompensa. De esta forma, liberal significa “altruista”. Bonito adjetivo para autocalificarse.

Posteriormente la palabra liberalismo trató de hacerse derivar de “libertad” de forma que cualquier ciudadano mal informado que cree en la libertad considera erróneamente que los llamados partidos liberales son los que defienden la libertad, cuando lo que realmente defienden es justamente lo contrario. El liberalismo se comportó de forma liberticida en tres dimensiones:

  1. Aumentó enormemente el intervencionismo del Estado, los impuestos, las levas obligatorias, se atribuyó la capacidad de organizar la economía y organizó la gran estafa de los bancos centrales.

 

  1. Su objetivo último es la desigualdad que crea a partir de favorecer a las oligarquías que no están sujetas a obligaciones y gozan del derecho político pleno. Lo que el Estado no roba lo deja a su plutocracia.

 

  1. Utiliza la mentira para echarle la culpa al propio ciudadano de las desgracias que el sistema liberal le ocasiona.

 

La versión más optimizada del liberalismo es el neoliberalismo que es su expresión máxima. En este sistema existen dos niveles políticos y económicos. La élite goza del privilegio del Estado, libertad de rapiña sobre la economía y es quien nombra a la élite del poder político, para que el pueblo escoja entre ellos. El otro nivel, el de la plebe, carece de poder político pasivo ya que el sistema de nombramiento, las elecciones, el método oligárquico por excelencia, requiere de un poder económico fuera del alcance de ella. Para la plebe, el sistema funciona como una socialdemocracia con derechos cada vez más recortados, y es la encargada de pagar los excesos de la élite cuando cíclicamente caen sus esquemas Ponzi.

El liberalismo es la libertad de la élite para disponer de los bienes de toda la nación sin restricciones. Eso es liberalidad, generosidad, altruismo, en suma.

A la plebe le queda la deuda, que es con lo que se la paga. El “dinero” FIAT que no es otra cosa que deuda, un valor que se sustenta en la promesa que alguien le hizo a un banco privado de que iba a pagar. No existe el dinero en los sistemas liberales, solo deuda. Y se llega al caso de que la plebe puede pasar toda la vida trabajando de sol a sol y no tener más recompensa que disponer de créditos para endeudarse.

Por supuesto, la intervención del Estado en la economía que es una aberración lógica, está para crear estafas Ponzi como los sistemas de pensiones que, de tanto en tanto, revientan llevando al liberalismo a escenarios radicales de izquierda. Los internacionalistas se les llama comunistas y a los nacionalistas, se les llama fascistas. En ambos casos, el liberalismo desemboca en la esclavitud declarada de los Gulags o de los campos de concentración, aunque algunas veces, el neoliberalismo crea su propio archipiélago de prisiones privadas que operan como factorías de mano de obra esclava proveniente principalmente de grupos étnicos marginales.

De derecha a izquierda, fascismo, liberalismo, socialismo, comunismo no son más que los ítems de un menú donde se elige, si es que se puede, cómo te esclavizan y quien es tu amo.

Lo que realmente hiere es la impostura mentirosa del liberalismo cuando se vende como el adalid de la “libertad”.

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