Perdidos

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El Gran Libro, el quinto del Samyutta Nikaya, trata en profundidad sobre la cuarta noble verdad, el camino que lleva a la liberación del sufrimiento. No es un camino que aparezca como difícil y menos aún como imposible, aunque como veremos, es fácil perderse y quedar irremisiblemente atados a la insoportable condicionalidad.

Se comienza con la creencia correcta. Es evidente que si se parte de axiomas equivocados, todo lo que viene después estará errado y ahí ya, de principio, nos habremos perdido. Las creencias erróneas son tantas y tan variadas que podemos decir que son todas, menos la correcta que es solo una. Es una creencia incorrecta que todas los caminos conduzcan a la liberación. Lo correcto es que todos los caminos menos uno, atan al Samsara y dentro de él, incluso al infierno.

La creencia correcta es una comprensión conceptual precisa, basada en escuchar las enseñanzas y en la reflexión lógica sobre su significado, es decir, el razonamiento correcto que es el segundo factor. De poco sirve tener la creencia correcta si el razonamiento no acompaña, no se entiende y se malinterpretan las creencias. El razonamiento incorrecto es otra forma de perderse.

La creencia correcta sometida al razonamiento correcto lleva al discurso correcto, a la acción correcta y a la conducta correcta. El discurso correcto es esencialmente no mentir. Mentir es dar una patada adelante a una situación incómoda, con la que se volverá a encontrar siempre corregida y aumentada más pronto que tarde, por lo que no es inteligente decir mentiras.

La acción correcta consiste en evitar el mal, porque toda mala acción acarrea una mala consecuencia. Pero la acción correcta no es hacer el bien, entre otras cosas porque las buenas acciones suelen acarrear incluso peores resultados que las malas. La acción correcta evalúa cuidadosamente el resultado de las acciones con la finalidad de que los resultados no sean perjudiciales.

La conducta correcta consiste en evitar actuar movidos por cualquiera de las tres tendencias subyacentes negativas, el ansia, la aversión o la ignorancia. La conducta correcta bien aplicada es la forma de eliminar conductualmente las raíces del sufrimiento.

Este camino es laborioso y requiere un gran esfuerzo en varios niveles, aplicándolo al recuerdo correcto de las instrucciones de la práctica nos lleva a la contemplación correcta.

No esforzarse, lleva a perderse. Pero también el extravío es consecuencia de desconocer o malinterpretar las instrucciones de la práctica. Si se tiene una idea equivocada de las instrucciones de la práctica, el esfuerzo aplicado empujará con fuerza lejos del camino directos al fracaso.

Sin embargo, aplicar el esfuerzo correcto a ejecutar las instrucciones correctas de la práctica conduce a la contemplación correcta. Y con la contemplación accedemos a la gnosis, a las abhiññās y por tanto a la episteme que constituyen la sabiduría correcta y ésta a la liberación correcta.

Y no solo eso, la contemplación correcta transforma, dotando de ética al practicante. Ya no hará nada movido por las tendencias subyacentes negativas, ni mentirá y valorará correctamente sus acciones limitando las consecuencias.

Así se consigue el sumum bonum de la enseñanza, Nibbāna, al poder arrancar los factores del aferramiento a la existencia y abandonando la esclavitud del Samsara. No es complicado pero es demasiado fácil perderse.

El Samsara son todos esos perdidos. Son muchos. Más de los que imaginas. Si incluso los que se dicen seguir al Buddha, son unos herejes que llaman «puntos de vista» a las creencias, «intención» al razonamiento, entienden que el discurso correcto consiste en «mostrarse hipócritas con la palabra para no dañar», que la acción correcta es «andar de compasivo» y la conducta correcta es «ganarse la vida en una ocupación que no esté de su lista negra de trabajos malditos». Y qué se puede esperar de aquellos que a las mismas instrucciones de la práctica las llaman «atención plena» y a la contemplación le dicen «concentración». Y esto es solo la muestra.

Iluminarse, no se iluminan, pero vivir, viven de miedo.

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