La Perspectiva

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(C) 2020 Tomás Morales

La mística trata fundamentalmente de ver la realidad, algo que se escapa totalmente a las personas corrientes. Fíjate que tus sentidos entregan a la conciencia una codificación que tú mismo haces y luego te encargas de darle significado. La falsa realidad donde habitas no necesita siquiera de soporte exterior. En el sueño ves a todo color, oyes cualquier clase de sonido, tocas cualquier tipo de superficie, mientras te acompañan toda clase de olores y sabores.

Los colores no existen fuera, ni tampoco están en el cerebro. Los sonidos los elabora tu conciencia auditiva. Alguien que jamás oyó, no necesita aprender a oír si se le soluciona su discapacidad física. La materia es solo un concepto que no puedes experimentar, como todo concepto es una palabra aprendida que designa a un conjunto de experiencias propias o ajenas aprendidas mediante el lenguaje.

Puedes decir: «Estoy tocando la mesa, está dura». La mesa es un concepto que tienes en la cabeza que relacionas a la sensación táctil de duro, frío e incluso doloroso que estás interpretando a partir de señales eléctricas. Si cambiamos los terminales de lugar, en lugar de experimentar el frío de la mesa, serán colores o sonidos lo que experimentes. O nada de eso. O como dije, en sueños estás tocando nada y experimentas todo tipo de sensación táctil.

Los conceptos como árbol o mesa o yo, son solo palabras que apuntan a experiencias reproducibles. El ser humano es muy bueno reconociendo patrones, por eso en cuanto tenemos experiencias compatibles sensorialmente con un árbol inmediatamente lo asociamos a la palabra árbol. Solo cuando nos encontramos con algo que no podemos nombrar es cuando nos bloqueamos y, de hecho, no podemos aprenderlo.

De igual forma, el tiempo es una ideación humana, una forma de conceptualizar el cambio del estado de la conciencia. Pero el tiempo no existe ni es real. Y como el espacio está interrelacionado con el tiempo, comparte con él su irrealidad.

Los sentidos nos engañan. Los conceptos simplifican tanto los sentidos, que nos engañan el propio engaño. Las mentiras son conceptos engañosos que nos engañan el engaño del engaño y el yo, como unión de todos los engaños que son los que construyen la propia identidad, es el engaño del engaño del engaño del engaño.

Pero no solo eso, debajo de los sentidos existe la interacción electromagnética, la única fuerza que somos capaces de percibir con los sentidos. Pues bien, las fuerzas como la materia también son un engaño, son simplemente clases de información y su interacción con nosotros es aquello que nos condiciona y cambia el estado de conciencia, esto es, el kamma.

Realmente lo único real es la ignorancia que es lo que hace posible la existencia de la información y ésta es la que construye las condiciones que son los ladrillos del Samsara, de ti y de mí.

Este es un buen punto de vista para empezar a entender la realidad. Lo que es evidente es que impensable que la realidad sea solo aquello que somos capaces de crear para nosotros mismos. Igual que el lenguaje. Si aquello que no tiene nombre no existe para ti, es estúpido pensar que solo existe aquello que tiene nombre. Cuanto más rico es tu lenguaje más rico es tu mundo, pero siempre estarás atrapado dentro de esa burbuja de lenguaje sin poder conocer nada más allá.

Pero ¿para qué queremos conocer qué hay fuera?

Piensa que la ciencia es incapaz de contestar preguntas inteligentes. Describe el qué y el cómo de los fenómenos pero no sabe el por qué ni el para qué. La ciencia es tan inútil que es incapaz de explicar por qué funciona ella misma. Desde fuera podremos tener una perspectiva mucho más amplia y entender qué somos y qué pintamos aquí.

Eres capaz de ver la Torre Eiffel sin necesidad de que nadie te haya enseñado a verla. Todo lo que necesitas es ponerte delante de ella para contemplarla. Pero para ello, tienes que dejar de estar donde estás e ir a Paris. La mística es lo mismo. Para ver otra realidad, lo primero, es salir de ésta… y no perecer en el intento.

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