La Importancia del Arroz con Leche

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El Bodhisatta, es decir, el Buddha antes de ser el Buddha, ve que eso de no respirar funciona, pero no tiene forma de mantenerse sin respirar. Así que la siguiente ocurrencia es el ayuno.

Colección de Discursos de Mediana Longitud
MN 85. Con el Príncipe Bodhi

Entonces se me ocurrió:

«¿Por qué no practico evitar completamente la comida?».

Pero las deidades vinieron a mí y me dijeron: «Buen señor, no practique evitar totalmente la comida. Si lo hace, infundiremos néctar divino por tus poros y vivirás de eso».

Entonces pensé:

«Si afirmo estar ayunando completamente mientras estas deidades infunden néctar divino en mis poros, sería una mentira por mi parte».

Así que descarté esas deidades, diciendo:

«No hay necesidad».

Entonces se me ocurrió:

«¿Por qué no solo tomo un poco de comida cada vez, una taza de caldo hecho de soja verde, lentejas, garbanzos o guisantes?».

Eso es lo que hice, hasta que mi cuerpo se volvió extremadamente demacrado Debido a que comía tan poco, mis extremidades se volvieron como las articulaciones de un viejo de ochenta años o de un cadáver, mi trasero se convirtió en la pezuña de un camello, mis vértebras sobresalían como las cuentas en una japamala y mis costillas estaban tan demacradas como vigas rotas en un viejo granero. Debido a que comí tan poco, el brillo de mis ojos se hundió profundamente en sus cuencas, como el destello del agua hundida en un pozo. Debido a que comí tan poco, mi cuero cabelludo se apergaminó y se quedó mustio como una calabaza verde amarga al viento y al sol.

Debido a que comía tan poco, la piel de mi vientre se pegó a mi columna vertebral, de modo que cuando traté de frotar la piel de mi vientre, agarré mi columna vertebral, y cuando intenté frotar mi columna vertebral, me froté la piel de mi vientre. Debido a que comí tan poco, cuando intenté orinar o defecar me caí boca abajo allí mismo. Debido a que comí tan poco, cuando intenté aliviar mi cuerpo frotando mis extremidades con mis manos, el cabello, podrido en sus raíces, se cayó.

Entonces algunas personas me vieron y dijeron: «El asceta Gotama es negro». Algunos dijeron: «No es negro, es marrón». Algunos dijeron: «No es negro ni marrón». «El asceta Gotama tiene la piel rojiza». Tanto así se había arruinado el cutis puro y brillante de mi piel al tomar tan poca comida.

De no comer ya no se sabía ni de qué color era, si lo que le quedaba era pelo o un gurruño podrido y se podía tocar la columna vertebral frotándose la barriga, o lo que quedaba de ella. Cuando ya no era más que un pergamino seco pegado a un esqueleto, incapaz de cagar o mear, reflexionó:

Entonces pensé:

«Cualesquiera que sean los ascetas y los brahmines que hayan experimentado sentimientos dolorosos, agudos, severos y penetrantes debido al sobreesfuerzo, ya sea en el pasado, futuro o presente, hasta aquí llega, nadie ha hecho más que esto. Pero no he conseguido ningún logro en conocimiento y visión que sea digno de los nobles por este trabajo severo y agotador. ¿Podría haber otro camino para el despertar?».

Que no le vengan con monsergas. No comer no sirve de nada y no comer nada de nada, menos aún. Nadie ha llegado a un extremo como este sin morir y, sin embargo, no ha conseguido ningún logro o visión. Así que, fin de la ocurrencia. Y, de nuevo se puso a pensar…

Esto, se me ocurrió:

«Experimenté ciertamente, mientras mi padre, el sākka, estaba trabajando haciendo surcos, y yo estaba sentado a la sombra de un árbol de pomarrosa, aislado de los placeres de los sentidos, alejado de estados mentales insanos, la entrada en la primera jhāna, que tiene el placer, la felicidad y la alegría (pītisukhaṃ) surgidos en la inmersión, al tiempo que coloca la mente y la mantiene conectada. ¿Podría ser ese el camino hacia el despertar?».

De ese recuerdo surgió la comprensión: «¡Ese es el camino hacia el despertar!».

Y recordó cuando era joven logró mantener la mente conectada un día que acompañó a su padre en las tareas del campo. A todo esto, no, no era príncipe ni nada de eso, por si alguno lo pregunta… Lo interesante es que recordó que pudo acceder a la visión gracias al placer, la felicidad y la alegría nacidos de la inmersión, mientras colocaba la mente. Así que se dijo: «¡Ese es el camino hacia el despertar!».

Lo primero era conseguir el la forma de producir placer (dopamina),  felicidad (serotonina) y alegría (anandamida) directamente, sin recurrir a estímulos externos que los provocasen. Si consideramos que el principal efecto de la cocaína es inducir placer mediante la producción forzada de dopamina, que la anandamida es un endocannabinoide químicamente muy similar al tetrahidrocannabinol (THC) contenido en la marihuana y a esto le sumamos una intensa felicidad, podemos entrever que la experiencia va a ser ciertamente divertida.

Y ahora, viene la reacción previsible… ¿el Bodhisatta se va a drogar? ¿es esto comprensible? A ver qué nos dice:

Esto se me ocurrió:

«¿Por qué tengo que tener miedo de este placer, ya que no tiene nada que ver con placeres sensuales o cualidades poco hábiles?».

 

Esto se me ocurrió:

«No le temo a ese placer, ya que no tiene nada que ver con placeres sensuales o cualidades poco hábiles».

Hay que considerar que la generación directa de neurotransmisores no provoca apego o adicción, que sí sucede cuando se utilizan placeres sensuales para crearlos de forma indirecta. Esto tiene que ver con la forma de funcionamiento del sistema límbico, la parte más primitiva del cerebro que heredamos de los primero anfibios, que da ordenes a todo el cerebro usando precisamente estas drogas endógenas, bien premiando con su secreción o bien castigando mediante su recaptación, provocando síndromes de abstinencia a los que se llama «sufrimiento».  Al no ser el sistema límbico el responsable de la generación, no existe más recaptación que el consumo. Es decir, no pueden enganchar ni provocar sufrimiento.

Pero había un problema. Para poder sintetizar la dopamina es imprescindible ingerir tirosina y para la serotonina, el triptófano. Estos son dos aminoácidos esenciales, es decir, deben ser ingeridos en la comida porque el cuerpo no es capaz de sintetizarlos. El resto de neurotransmisores necesarios: anandamida, epinefrina y las encefalinas pueden producirse con los precursores que el propio cuerpo produce. Y recordemos que el Bodhisatta era un espantajo demacrado. Asi que:

Esto se me ocurrió, Príncipe:

«Ahora no es fácil alcanzar esa felicidad sometiendo así al cuerpo a una extrema demacración. ¿Y si tomara alimento material, arroz con leche (odanakummāsaṃ)?».

Así que tomé alimento material, arroz con leche.

Sí, arroz con leche, en pāli odanakummāsaṃ, textualmente “arroz hervido en dulce de leche cuajada”. Y ¿por qué arroz con leche, precisamente?

El arroz con leche es un postre tradicional sumamente saludable, aconsejable como sustitución de otros dulces o postres menos sanos, como por ejemplo es el caso de los bollos, donuts o tartas industriales. Sobre todo porque en su elaboración se utilizan exclusivamente arroz y leche.

Una ración de arroz con leche aporta los siguientes nutrientes esenciales:

Energía: 395 kilocalorías.

Hidratos de carbono: 74 gr.

Proteínas: 7,90 gr.

Grasas: 6,70 gr.

Minerales: entre los que destacan el calcio (225 mg), yodo (20 mg), magnesio (33 mg), potasio (313 mg), fósforo (49 mg), selenio (5,50 mg), zinc (1,30 mg) y hierro (1 mg).

Vitaminas: entre las que destacan la vitamina A (76,90 µg), vitaminas del grupo B como la B1 (0,09 mg), B2 (0,33 mg), B9 o ácido fólico (17,89 µg) y vitamina D (0,05 µg).

También es un postre muy rico en diferentes aminoácidos, entre los que podemos mencionar alanina, arginina, fenilalanina, glicina, histidina, leucina, metionina, tirosina, triptófano, valina y treonina.

Como vemos, se trata de un postre muy rico desde un punto de vista nutricional, gracias a su contenido tanto en vitaminas como en minerales. También aporta aminoácidos, hidratos de carbono y pocas grasas.

Para la generación de la serotonina, además del triptófano se necesitará glucosa y vitaminas del grupo B.

Es decir, el Buddha no come cualquier cosa, sino específicamente el cóctel de químicos preciso para sintetizar los neurotransmisores que necesitará para proteger al cerebro en el estado de anoxia por ausencia de respiración. Sin embargo, sus cinco compañeros se enfadaron con él porque había desertado del estricto ayuno y pensaban que se había rendido a los placeres sensuales. Así que le abandonaron.

Entonces, en ese momento, cinco renunciantes que me estaban atendiendo pensaron: «Cuando el recluso Gotama gane el Dhamma, nos lo anunciará». Pero cuando yo tomé alimento material, arroz con leche, entonces estos cinco renunciantes se volvieron hacia mí con disgusto, diciendo: «El renunciante Gotama vive en abundancia, está vacilando en su esfuerzo, ha vuelto a una vida de abundancia».

Lo que hace el no saber…

 

 

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