La Iluminación en la práctica (V). ¿Cómo es estar despierto?

Divertido. Altamente divertido.
Esta calificación, muy poco compasiva y muy cínica (kinicos), es el resumen que un espectador despierto tiene de la vida que le rodea.
La etología humana en funcionamiento. Una tragicomedia que se repite incesantemente. Comedia, porque lo que la gente hace y cómo lo hace es cómico. El por qué lo hace, lo hace trágico.
Zombies estupefactados por conceptos de inverosímil complejidad que visten y maquillan los principios primitivos de la motivación humana: sexo y comida.
Movimientos aprendidos, repeticiones incesantes. Viven sumergidos en un sueño de ideas. Se esfuerzan por ideas: llegar a fin de mes, esforzarse para conseguir algo que, siempre, es oscuro y que, siempre, promete que bueno, y ver cómo la mayor parte de los recursos que logran los queman en base a nada: un ofrecimiento a un dios, a un jefe, a un lider, a unos hijos, a una pareja.
Siempre con la zanahoria suspendida de la pértiga que nunca se alcanza, pero cuando se acerca, una leve sacudida de felicidad agita su realidad e ilumina fugazmente su mundo gris de sufrimento mordoriano
Hacer, trabajar, renunciar… por conceptos. Conceptos que viven en sus cabezas y que les tienen completamente alienados. Cuando uno de ellos, en pelea feroz con los otros, se impone, el individuo salta diciendo: ¡Soy buddhista!.
Que buddhista ni que ocho cuartos, lo que eres es un pendejo que te dejas guiar por una idea que alguien te vendió y que tú acabaste por comprar.
Y en medio de ese estúpido sonambulismo vital, recitas: no tengo fe, solo creo en lo que veo… si no ves nada!
Miles, millones de científicos dedicados a estudiar el decorado de la obra. A tratar de encontrar las reglas por las que todo está montado.
¿Para qué?
¿Vais a montar un universo tan cutre como éste?¿Quien os va a dejar?
El sexo es concepto, el amor lo traducen en concepto, la felicidad se mitifica como todo lo que es incalcanzable. El placer se prostituye en líneas blancas sobre un espejo plano.
Individuos disfrazados, sentados en altas cátedras, mirándo hacia abajo, viendo cómo les traen el fruto de su esfuerzo (eso si que es real, el esfuerzo). Individuos disfrazados hastiados de placeres sensuales, que siempre quieren más, que siempre piden. Piden y piden. Y les dan y les dan.
Ricos que exiben billetes de dinero falso y con él mantienen un circo de estúpidos bailando como caniches de circo.
Lo más bajo de la condición humana vendiendo a sus iguales para que el rico le de un poco de su dinero falso o ¡, que al menos, se lo deje robar a los que le apoyan.
Zombies con botón nuclear, presos de sus amos y de una imagen que se vende en encuestas amañadas.
Cerdos en su cochinera, chillando mientras se empujan por un poco de pienso.
Pero no piensan.
No pueden.
Si ni siquiera ven. Ven conceptos, oyen conceptos, huelen conceptos, gustan conceptos, tocan conceptos… tocan materia y todo. Es increíble porque se lo creen. Toca, gustan, huelen, oyen y ven solo cosas que están almacenadas en su cabeza.
Niñas que se visten en conceptos articulados por la moda. Se disfrazan de lo que nunca serán y que no son, porque no son.
Niños cegados por los conceptos digitales (todos los conceptos a la postre son digitales) anhelando por fin, una videoconsola donde sumergirse para el resto de una vida que aspiran sea en una camilla asistida de comida y excrementos. Todo para no dejar el videojuego…
Y lo gracioso.
Es que todos están en un videojuego, y nadie se da cuenta.
 
 

Deja una respuesta