Filosofía Buddhista

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Lo primero que hay que dejar bien sentado es que si hoy hablamos de budismo no es por los méritos contraídos ni por su filosofía ni por sus devotos, sino por el ansia de Occidente de una espiritualidad que la Iglesia fue incapaz de proporcionarle. Todo lo que hoy conocemos como buddhismo es hijo del revival vivido a partir de 1880 promovido por los teósofos que rescataron in extremis al buddhismo de sucumbir bajo el signo de la cruz de los misioneros que llegaron a Asia con las potencias occidentales en el siglo XIX. En ese momento, el buddhismo era una caricatura de sí mismo. Al Buddha se le pintaba como a un «superdios» mágico capaz de toda clase de milagros exorbitantes. La espiritualidad estaba perdida. En todo Sri Lanka solo había un monje con capacidad de ordenar de los seis necesarios, en Thailandia los monjes eran empleados públicos entregados a la haraganería y la opulencia, situación similar a las de sus países vecinos. En Tíbet los lamas mantenían a la población ahogada en la esclavitud y la indigencia. China mezclaba el budismo con los sortilegios en busca de la suerte y el dinero. Todo listo para su desaparición… o revival.

Y los occidentales revivieron al moribundo y le dotaron de todo aquello de lo que carecían: la fascinación por el misterioso Oriente, los mitos de Shangri-La, la meditación mística y el regusto por lo espiritual frente a lo material. Lo mismo que habían ido dejando por el camino de la civilización. Oriente observó atónito como sus nuevos amos, sus señores, sus sahibs se postraban ante el sorprendido monje local y no tardaron en buscar ventaja económica proporcionando todo lo que los poderosos caballeros blancos compraran con dinero. Los textos, las traducciones, los conceptos que hoy conocemos del buddhismo son occidentales en todas las «tradiciones», es un buddhismo sembrado, abonado, regado y cosechado para occidentales.

Siguen perviviendo, como no podía ser de otro modo, la molicie y los excesos, la superstición y la suerte del clero étnico. Es un producto para consumo local mayor interés. Pero esta no es la primera vez que Occidente viene a ayudar al Buddhismo, como veremos. La relación con Occidente será larga y comienza poco después del Parinibbana del Buddha con las conquistas de Alejandro en el noroeste del subcontinente. A partir de ahí, las relaciones se harán cada vez más fluidas tanto en el ámbito comercial como en el de las ideas.

Cuando la Sabiduría desparece, la filosofía trata de tomar su lugar.

La desviación esencial respecto a la enseñanza del Buddha es posible que surgiera tan temprano como en el Primer Concilio iniciado a los tres meses del Parinibbāna del Buddha bajo el patrocinio del rey Ajatasattu de Maghada, bajo la dirección de Kassapa y con la colaboración del asistente del Buddha, Ānanda y de su barbero, Upāli. De esto tenemos constancia por la negativa de Purāna y su grupo de 500 bhikkhus a aceptar su recitación.

Colección Theravāda sobre la Ley Monástica
Capítulo Menor
Sobre el grupo de los quinientos

En ese momento, el Venerable Purāna deambulaba por las Colinas del Sur con un gran sangha de quinientos bhikkhus. Cuando los bhikkhus veteranos concluyeron la recitación comunitaria de la Enseñanza y la Ley Monástica, y cuando Purāna se quedó en las Colinas del Sur todo el tiempo que quiso, fue al Bosque de Bambú en Rājagaha. Allí se acercó a los bhikkhus veteranos, intercambió cortesías con ellos y se sentó. Y le dijeron:

—Purāna, los bhikkhus veteranos han recitado conjuntamente la Enseñanza y la Ley Monástica. Por favor acepte esa recitación comunitaria.

—La Enseñanza y la Ley Monástica han sido respetablemente recitadas por los bhikkhus veteranos. Sin embargo, recordaré lo que yo mismo he recibido en presencia del Buddha.

Es evidente que lo que él recibió del Buddha directamente no es lo mismo que lo que el Concilio recitó. Cuando una información importante queda perdida, las sucesivas transmisiones solo empeoran esta pérdida. Y la importancia es tal, que el Dhamma queda desactivado, estéril e inútil porque pierde su capacidad de liberar que es para lo que realmente sirve.

No mejoró la situación después del segundo concilio, cuando empezaron los sucesivos cismas, llegando a contabilizarse dieciocho escuelas diferentes, cada una de las cuales tenía su propio Dhamma y Vinaya.

Mientras tanto, Bindusara fue sucedido por su hijo Ashoka, ya sea directamente en 272 aEC o bien tras un interregno de cuatro años, en 268 (o 265) aEC. El reinado de Ashoka está comparativamente bien documentado al emitir una gran cantidad de edictos, que se inscribieron en muchas partes del imperio y se redactaron en prácrito, griego y arameo, según el idioma usado en cada región. Las inscripciones griegas y arameas, por ejemplo, se limitan al noroeste, a Afganistán y Pakistán.

Ashoka define los principios fundamentales del dhamma como la no violencia, la tolerancia de todas las sectas y opiniones, la obediencia a los padres, el respeto por los brahmanes y otros maestros y sacerdotes religiosos, la liberalidad hacia los amigos, el trato humano de los sirvientes y la generosidad hacia todos. Estos sugieren una ética general de comportamiento a la que ningún grupo religioso o social podría oponerse. También podrían actuar como un foco de lealtad para unir los diversos hilos que componían el imperio. Curiosamente, las versiones griegas de estos edictos traducen dhamma como eusebeia (piedad), y no se hace mención en las inscripciones a las enseñanzas del Buddha, lo que se esperaría si Ashoka hubiera estado realmente propagando el buddhismo. Sus propias actividades bajo el impacto del dhamma incluyeron la atención al bienestar de sus súbditos, la construcción de carreteras y casas de descanso, la plantación de hierbas medicinales, el establecimiento de centros para atender a los enfermos, la prohibición de los sacrificios de animales y la reducción de matar animales para comer. También instituyó un cuerpo de funcionarios que cumplía la doble función de propagar el dhamma y mantener al emperador en contacto con la opinión pública.

Su imperio fue enorme y mantenerlo era especialmente costoso. La economía pudo haberse debilitado, ejerciendo presión económica sobre el imperio. Se ha pensado que la moneda de plata de los Maurya fue degradada como resultado de esta presión. El gasto requerido para el ejército y la burocracia debe haber detraído una parte sustancial de los ingresos. Es igualmente posible que la expansión de la agricultura no siguiera el ritmo de la expansión del imperio y, debido a que muchas áreas no eran agrícolas, los ingresos de la economía agraria pueden no haber sido suficientes para el mantenimiento del gobierno. Se calcula en 50 millones los habitantes en ese momento. Para una población de agricultores mixtos, mantener un imperio de este tamaño habría sido extremadamente difícil sin una explotación intensiva de los recursos, lo que en la época no era posible.

Aunque la burocracia Maurya en los niveles más altos tendía a ser opresiva, durante el reinado de Ashoka se dio una descentralización considerable en los niveles superiores y en los controles e inspecciones. Una debilidad más fundamental radica en el proceso de contratación, que probablemente fue arbitrario, con la jerarquía de funcionarios contratados localmente.

La prohibición del sacrificio de animales pudo haber estado motivada por motivos económicos. Era impedir el enorme derroche de riqueza que implicaban con la correspondiente pérdida de ingresos fiscales, vitales para el mantenimiento del gobierno. Esta medida chocaba con los ritos y ceremonias brahmánicas, por lo que pudo inclinarse a favorecer a otras religiones contrarias a estos sacrificios como los jainistas y buddhistas. Aunque se habla de la celebración de un tercer concilio en la época de Ashoka no hay ninguna fuente independiente que avale esta información.

Es a partir de esta época cuando comienza la elaboración del Abhidhamma, en sus diferentes versiones escolásticas, instituyendo y consolidando los errores de interpretación que, en esta versión nos llegan hasta hoy a través del Theravada.

Unos siglos más tarde, se vuelve a dar una situación similar con la conquista de India por parte de la dinastía Kushāna con el emperador Kanishka a la cabeza. Aunque su imperio no tuvo a expansión del Maurya, sí abarcó otras áreas de Asia incluyendo algunas regiones de China, y aunque el comercio con Roma les había enriquecido enormemente, una estúpida decisión en materia monetaria arrastró al imperio a la ruina. De esta forma, se repite el guión. Pero esta vez el emperador sí toma protagonismo en la creación e instauración de un nuevo buddhismo que se sirviera para salvar su abismo económico. Kanishka le encarga al brahmán Ashvaghosa que elabore un buddhismo que evite los farragosos textos escolásticos.

En el centro de la ideología Mahayana está la idea del que cualquiera puede convertirse en un bodhisattva, alguien que busca convertirse en un Buddha. Hasta ese momento, este término era el empleado para nombrar al Buddha antes de su iluminación. Mientras que las doctrina preexistentes enfatizan en la ausencia del «yo» en las personas, el Mahayana extiende esta idea a todas los «seres sintientes». Esta extensión radical del originamiento dependiente se conoce como vacuidad (shunyata). Así, los bodhisattvas buscan comprender esta realidad a través de la sabiduría (prajna) y actualizarla a través de la compasión (karuṇā). Se dan cuenta de que, dado que ningún individuo tiene un «yo», no puede haber una diferencia real entre ellos mismos y los demás y, por lo tanto, su propia liberación no es distinta de la liberación de todos los seres. Son, pues, “desinteresados”, tanto filosóficamente, en el sentido de comprender la ausencia de yo o esencia en todas las cosas y personas, como éticamente, ya que actúan para todos los seres sin discriminación.

La escuela filosófica Madhyamika, fundada por el monje y filósofo indio Nagarjuna (150 – c. 250), es una sistematización de las escrituras Prajnaparamita o Perfección de la Sabiduría», que enfatizan que la doctrina de la sabiduría o prajna es la más importante de las seis perfecciones que el bodhisattva debe dominar. Nagarjuna dará entrada a las nuevas corrientes filosóficas que llegan de Occidente apoyándose en el estoicismo de Pirro. Él mismo confesó haber empleado estas ideas tras haber tenido en las manos sus escritos, lo que Nagarjuna llama “textos secretos”.

Han pasado cinco siglos y del buddhismo solo queda el nombre. El Mahayana, al menos, se asienta sobre una filosofía que puede recordar a la enseñanza original. Mientras que el estoico no siente atracción hacia el objeto, el buddhista ni siquiera se identifica con aquello que lo relaciona con el objeto, o sea, los cinco factores del aferramiento a la existencia. La diferencia parece menor, pero es total. De esta forma, el Mahayana simula ser buddhismo.

Unos años más tarde, el héroe del poema Buddhacarita de Ashvaghosa, viajará a Occidente para transformarse por medio de la pluma de Eusebio de Cesarea en Jesucristo. La misma solución populista de Kanishka para sus problemas monetarios es la escogida por un joven Constantino para los suyos.

India devuelve con cristianismo el estoicismo.

La caída del imperio kushāna marcará el fin del buddhismo como religión preponderante en India. Las nuevas ideas surgidas en el seno del hinduísmo, como el tantra, se mezclarán con todo tipo de filosofías y tendencias. De ahí pescará el llamado buddhismo tántrico, haciendo un mix con todo ello para añadirlo a sus primitivos cultos animistas. Es difícil encontrar algo parecido a un edificio filosófico ahí.

La llegada del Islam cortará las relaciones de Europa con el resto del mundo y la sumirá en la Edad Media. Después, Occidente se lanzó a conquistar y evangelizar el mundo, y en ese esfuerzo volvió a toparse con Oriente.

En resumen. El Buddha enseñó Sabiduría.  Una vez perdida, solo podríamos hablar de filosofía cuando una de sus ramas se acercó al estoicismo.

No hay filosofía detrás de mantener errores solo por el hecho de no enmendarlos.

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