Escrituras

 

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Los Nikāyas son cápsulas del tiempo que hablan de otro espacio. Sin embargo, es sorprendente que, después de tantos milenios, esta literatura sea tan actual, certera y reveladora.

El asunto está en saber ante qué estamos ya que cualquier punto de vista equivocado arruinará la experiencia. Las escrituras son un verdadero manojo de incongruencias, no solo formales sino, lo que es peor, conceptuales.

El pāli es un lenguaje que nunca se ha hablado y que solo ha servido para conservar y comunicar los textos de forma oral. Usar un lenguaje que no se hable sirve para memorizarlo correctamente evitando la degradación del mensaje por introducción de ruido, en forma de términos o conceptos, por el que lo transmite. Es decir, es un lenguaje oral que carece de escritura pero, a la vez, nunca se habló.

Más asombroso es lo conceptual: contiene semánticas que trascienden la esfera del lenguaje. O sea, los Nikāyas son textos escritos en una lengua oral que no tiene alfabeto que nunca se ha hablado y que habla de cosas que las palabras no pueden expresar.

Ahora, si crees que leyendo los suttas te vas a enterar de algo, vas listo.

Y los que traducen no pienses que están ni cerca de algún significado aproximado. De hecho, las traducciones son patéticas, entre otras cosas, porque los traductores ni imaginan los conceptos que manejan y menos aún de sus interrelaciones.

Pero aquí no queda lo chocante, hay más: los Nikāyas son textos místicos que solo los místicos los pueden entender, los únicos que no necesitan texto alguno, porque su experiencia es directa y los textos les laten.

De otra forma, si necesitas los suttas no los entiendes, si ya no los necesitas, los entiendes. Es como tener una fotografía de un paisaje que solo se ve delante del paisaje.

¿Para qué sirven?

Eso… ¿para qué?

Dime…

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