El Quinto Nivel

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Copyright (C) Tomás Morales

El juego del Samsara se puede resumir en entretener a la conciencia para que no tome conciencia de sí misma. Es el juego de la ignorancia. Ésta se blinda organizándose en niveles de diferente naturaleza que funcionan como capas que ocultan el contenido de la capa inferior.

La realidad del Samsara es sumamente simple: está inmerso en ignorancia por lo que la información fluye construyendo condiciones que se coagulan en orden/desorden sometida a la ley de la entropía. Si la ignorancia despareciera, la información sería imposible y se caería todo el edificio de la condicionalidad. Este es el nivel cero, o el nivel de la realidad. Aquí los objetos son la condiciones, siendo permanentes y donde la información se precipita,  mientras todo el sistema tiende hacia el máximo desorden, es decir, al infierno.

El nivel uno es el nivel físico. En él las condiciones construyen los vacíos que soportan las partículas, que no son más que objetos pertenecientes a clases de condiciones.

En nivel dos de la ignorancia es el de los sentidos, donde se interpreta la información según el espectro electromagnético, único susceptible de ser percibido, en forma de colores y postprocesado como formas, en sonidos, en olores, en sensaciones táctiles, en sabores, etc.

En el nivel tres se simplifican los objetos del nivel dos en conceptos, este es el nivel de los nombres, mediante comparación e identificación de patrones. Los objetos en este nivel son grupos de etiqueta más una qualia. La etiqueta es aprendida y la qualia es el conjunto de las percepciones de los sentidos de experiencias previas almacenados.

El nivel cuatro es el de las mentiras. Los conceptos no obedecen a la causalidad y ésta se sustituye por magia. El razonamiento se sustituye por fe.

El quinto nivel es el de las costras de mentiras que construyen lo que es la persona. Una identidad sobrevenida en el nacimiento apareja un conjunto de paquetes de mentiras que son su identidad. Todo constructo requiere de una mínima coherencia. Al estar la base de la identidad conformada con costras de mentira, la tendencia a lo largo de la vida es a acumular más placas de mentiras encima de las anteriores.

La conciencia queda así aplastada por la ignorancia.

De aquí surge la figura del renunciante, que es aquel que renuncia a su propia identidad, a lo que sabe, a lo que ha aprendido, a lo que le han enseñado. Renuncia a lo que es, renuncia a su nombre y a su imagen. Renuncia a sus costras.

Sin ser parte de la mentira puede, ahora sí, empezar la desmontar capa a capa empezando por las mentiras, siguiendo por los conceptos, continuando por los sentidos, yendo más allá de la física para llegar a contemplar la tramoya del Samsara. Viéndose parte de la maquinaria puede la conciencia tomar conciencia de sí misma y desprenderse de los cables de la existencia que la mantienen unida al Samsara.

No es complicado si se hace bien. Si no, es imposible. Por ejemplo, ser budista es otra costra de ignorancia con el suplemento extra de que sofoca la inquietud y aliena.

 

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