El Movimiento

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Lo primero que debemos considerar es que los textos que nos han llegado están condicionados por la forma de transmisión. Eso es importante. Durante los primeros siglos la transmisión fue estrictamente oral. Aunque hoy nos parezca extraño es una forma muy eficaz de transmisión considerando dos cosas, la primera que quien memoriza los textos lo que memoriza son los sonidos exactos de la pronunciación fonética, ateniéndose estrictamente a los sonidos, y lo segundo es que el pāli es una lengua artificial que nunca se habló, por lo tanto quien memoriza y recita en muchos casos desconoce su significado. De esta forma se elimina la posibilidad de que el individuo canal improvise, lo que derivaría en una especie de «teléfono averiado» degradando el mensaje.

Esta exigencia de alta fidelidad en la transmisión deriva de la necesidad de mantener escrupulosamente los textos considerados sagrados, ya que se necesitaban para poder pronunciar los conjuros sacrificiales con total exactitud. De no hacerlo así, se corría el riesgo de arruinar el sacrificio védico que era extraordinariamente costoso y arrastraría además la desgracia sobre la comunidad.

Pero hay cosas que oralmente son intransmisibles, por ejemplo, las imágenes o el movimiento. Lo que nosotros hoy podemos explicar fácilmente recurriendo a un dibujo o una película es imposible definirlo con palabras, por tanto, no se puede transmitir y si no se puede transmitir es imposible encontrarlo donde no puede estar, o sea, en los textos.

Ahora vamos a hablar de movimiento. La palabra clave que nos define el ejercicio mediante el cual vamos a generar los neurotransmisores que nos servirán de neuroprotectores cerebrales es:

Vitakkavicārānam

Esta palabra tiene dos partes,

Vitakka:  indica la concentración de la mente sobre el objeto de meditación elegido.

Vicāra hace que la mente concentrada se mueva en relación con el objeto de meditación elegido, en el sentido de Vicaraṇa, es decir, caminando; desplazandose de un sitio para otro.

Podremos elegir el objeto que estará en movimiento, sobre el que aplicar la concentración y el objeto quedará a elección de cada usuario, siendo escogido aquel que mejor le convenga o le sea más accesible. Como veremos más adelante, cada movimiento inducirá la producción de un neurotransmisor.

Veamos que nos cuenta el Bodhisatta, una vez que repuso fuerzas con el arroz con leche:

 

Colección de Discursos de Mediana Longitud
MN 85. Con el Príncipe Bodhi

Cuando hube ingerido abundante alimento, habiendo agarrado fuerzas, apartado de los placeres de los sentidos, apartado de pensamientos malsanos, entré y permanecí en la primera jhāna que está acompañada por la concentración de la mente en la dirección del movimiento (del objeto de concentración), que tiene el placer, la alegría y la felicidad surgidos de esa visión, mientras coloca la mente y la mantiene conectada. Sin embargo, la sensación de felicidad surgida en mi mente habiéndose agotado, no perduró.

La primera jhāna es la menos profunda porque está neurológicamente más protegida con el cóctel de neurotransmisores completo. Hemos de notar que se generan el placer, la alegría y la felicidad mediante el ejercicio de concentrar la mente en la dirección del movimiento del objeto de concentración. Se aprovecha mientras están activos en el cerebro para proceder a colocar la mente que se mantendrá conectada, es a lo que más adelante llamaré «fase de carga» para la que se empleará la epinefrina (o adrenalina) generada con su propio ejercicio. Transcurrido un tiempo, como no puede ser de otra forma, los neurotransmisores son recaptados y sus efectos desaparecen sin  dejar huella.

Al aplacar el pensamiento discursivo, con la mente subjetivamente tranquilizada y fija en un punto, entré y permanecí en la segunda jhāna, que carece de la direccionalidad de la mente en la visualización del movimiento (del objeto de concentración), surge de la concentración y es entusiasta y alegre. Sin embargo, la sensación de felicidad surgida en mi mente habiéndose agotado, no perduró.

Vemos que la consecuencia inmediata cuando se sale de los estados de jhāna es la desaparición del pensamiento discursivo. Esto sucede porque el área de Broca y el área de Wernicke, tardan en ponerse de nuevo en funcionamiento al salir de la anoxia, lo que se ocasiona que en los primeros minutos se sea incapaz de dar significado a los objetos percibidos (no se puede conceptualizar), mientras que la producción del pensamiento discursivo demora entre varias horas o días. Es por esto que el Buddha al describir las cualidades de un gran hombre, entre otras, señala que piensa si quiere pensar, que tiene maestría sobre su pensamiento y que domina las cuatro jhānas:

Colección de discursos agrupados numéricamente

4.35. Vassakara

—Sin aprobar tu [declaración], brahmán, ni reprobarla, voy a describir más bien a alguien que posee [otras] cuatro cualidades de un gran hombre con gran conocimiento.

—Y, ¿cuáles son esas cuatro?

—He aquí, él está practicando por el bienestar y la felicidad de mucha gente; es alguien que establece a mucha gente en el noble método, es decir, en la bondad del Dhamma, en lo beneficioso del Dhamma. Piensa en lo que quiere pensar y no piensa en lo que no quiere pensar; intenta lo que quiere intentar y no intenta lo que no quiere intentar; de esta manera alcanza la maestría mental sobre las maneras de pensar. Gana a voluntad y sin problema, ni dificultad, los cuatro jhānas que constituyen la mente elevada y una placentera morada en esta presente vida. Con la destrucción de las contaminaciones, ha descubierto por sí mismo y con el conocimiento directo, en esta presente vida, la inmaculada liberación de la mente, liberación a través de la sabiduría y, habiendo entrado en ella, permanece allí.

Así que sin aprobar tu [declaración], brahmán, ni reprobarla, te describo bien a alguien que posee estas [otras] cuatro cualidades de un gran hombre con gran conocimiento.

 

Para la segunda jhāna ya no es necesario hacer ningún tipo de ejercicio. El cerebro ya suministra los neurotransmisores necesarios por sí mismo. Para la tercera jhāna, la dopamina ya no es necesaria, pero se mantienen la felicidad y la alegría:

Al desvanecerse el placer, permanecí ecuánime, placentero y claramente consciente, y experimenté en mi persona esa alegría de la que los nobles dicen: «Alegre vive el que tiene ecuanimidad y es consciente», y entré y permanecí en la tercera jhāna. Sin embargo, la sensación de felicidad surgida en mi mente habiéndose agotado, no perduró.

La cuarta jhāna, es la más profunda, porque el cerebro entra en anoxia sin protección. Esto lo puede hacer una vez que se ha adaptado suficientemente.

Con la superación del placer y el dolor, y el final de la antigua felicidad y tristeza, entré y permanecí en la cuarta jhāna, sin placer ni dolor, con pura ecuanimidad y lucidez. Sin embargo, la sensación de felicidad surgida en mi mente habiéndose agotado, no perduró.

Es en la cuarta jhāna donde se desatan las abhiññās, en el caso de haber sido desarrolladas en una vida anterior. Haciendo uso de ellas, el Buddha alcanza el conocimiento y la iluminación:

 

El conocimiento sobre su pasado

 

Cuando mi mente se sumergió en la meditación de esta manera: purificada, brillante, impecable, libre de corrupciones, flexible, viable, estable e imperturbable, la extendí hacia el recuerdo de vidas pasadas: recordé una variedad de antiguas vivencias, así: un nacimiento, dos nacimientos, tres nacimientos, cuatro nacimientos, cinco nacimientos, diez nacimientos, veinte nacimientos, treinta nacimientos, cuarenta nacimientos, cincuenta nacimientos, cien nacimientos, mil nacimientos, cien mil nacimientos y muchos eones de integración y muchos eones de desintegración y muchos eones de integración-desintegración; tal era yo por mi nombre, era de tal y tal clan, de tal y tal color, así me alimentaba, tales y tan placenteras y dolorosas experiencias eran mías, así terminó la vida. Pasando de esto, llegué a estar en otro estado en el que tal persona era yo por mi nombre, tenía tal y tal clan, tal y tal color, así que me nutrí, experiencias tan agradables y dolorosas fueron mías, así terminó la vida. Muriendo allí, surgí aquí. Por lo tanto, diversos recuerdos de antiguas vivencias en todos sus modos y detalles. Este, fue el primer conocimiento alcanzado por mí en la primera vigilia de la noche; se disipó la ignorancia, surgió el conocimiento, se disipó la oscuridad, surgió la luz, incluso mientras permanecía diligente, ardiente, autodeterminado.

 

El conocimiento sobre su presente

 

Luego, con la mente serena, perfectamente purificada, perfectamente clarificada, sin mancha, sin contaminación, suave y trabajable, fija, inamovible, dirigí mi mente al conocimiento de la muerte y el surgimiento de los seres. Con la visión divina purificada que sobrepasa a la de los hombres, vi seres a medida que mueren o llegan a ser; Comprendo que los seres son mezquinos, excelentes, simpáticos, feos, bondadosos, malvados, de acuerdo con las consecuencias de sus actos.

Y pienso:

«De hecho, estos seres que poseían conductas incorrectas en el cuerpo, poseían conducta inapropiada del habla, que poseían una conducta errónea de pensamiento, se burlan de los nobles, manteniendo una visión incorrecta, incurriendo en acciones consecuentes por una visión incorrecta, estos, en la ruptura del cuerpo después de morir, han surgido en un estado triste, un mal nacimiento, el abismo, el infierno de Niraya. Pero estos seres que poseían una buena conducta en el cuerpo, que poseían una buena conducta en el habla, que poseían una buena conducta en el pensamiento, que no se burlaban de los nobles, mantenían una visión correcta, incurrían en acciones consecuentes en un recta visión, éstos, en la ruptura del cuerpo después de morir, han surgido en un buen clima, un mundo celestial. Así, con la purificada visión divina que sobrepasa la de los hombres, veo seres a medida que mueren, a medida que surgen; Comprendo que los seres son mezquinos, excelentes, simpáticos, feos, ricos, malos según las consecuencias de sus actos».

Este, fue el segundo conocimiento alcanzado por mí en la vigilia intermedia de la noche; se disipó la ignorancia, surgió el conocimiento, se disipó la oscuridad, surgió la luz, incluso mientras permanecía diligente, ardiente, autodeterminado.

 

La destrucción de las impurezas

 

Cuando mi mente se sumergió en la meditación de esta manera: purificada, brillante, impecable, libre de corrupciones, flexible, viable, estable e imperturbable, la extendí hacia el conocimiento del fin de las impurezas. Realmente entendí:

«Esto es sufrimiento … Este es el origen del sufrimiento … Esta es la cesación del sufrimiento … Esta es la práctica que conduce a la cesación del sufrimiento».

Realmente entendí:

«Estas son impurezas … Este es el origen de las impurezas … Esta es la cesación de las impurezas … Esta es la práctica que conduce a la cesación de las impurezas».

Sabiendo y viendo así, mi mente se liberó de las impurezas de la sensualidad, el deseo de renacer y la ignorancia. Cuando fui liberado, supe que fui liberado.

Comprendí:

«El renacimiento ha terminado; el viaje espiritual ha sido completado; lo que había que hacer se ha hecho; no hay retorno a ningún estado de existencia».

Este fue el tercer conocimiento, que logré en la última guardia de la noche. La ignorancia fue destruida y surgió el conocimiento; la oscuridad fue destruida y surgió la luz, como sucede con un meditador que es diligente, entusiasta y resuelto. Pero incluso ese sentimiento agradable no ocupó mi mente.

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