Dos Suicidios

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Suicidarse es consecuencia, como toda cosa condicionada, de causas subyacentes. Y aunque el acto sea el mismo, el resultado es extremadamente diferente. Uno conduce a lo peor y el otro, a lo mejor.

En una persona corriente, el suicidio es una consecuencia de una aversión insuperable a una situación. Y es aversión porque la compara con cualquier otra situación, propia o ajena, que hace de ésta algo inabordable porque, además, perdió la esperanza, prefiriendo renunciar a la vida antes de seguir sufriéndola.

Analizando este suicidio vemos que está henchido de ignorancia por todas partes. La primera ignorancia, y la más básica, es la creencia errónea del suicida en que su muerte acabará con todo su sufrimiento al poner fin a su existencia. Acaba con su vida, pero no con su existencia, por lo que en su renacimiento se mantienen las mismas causas que le llevaron a suicidarse, añadiendo, además las consecuencias de este acto, que lo condicionarán a ir repitiéndolo de nuevo, de presentarse la ocasión.

La segunda ignorancia es la aversión. La aversión se da por comparación: antes vivía mejor, ahora peor. Los demás viven mejor. Antes era soportable, ahora no lo es.

La tercera ignorancia es ignorar la condicionalidad, las causas de la situación que, necesariamente, algunas dependieron de él mismo.

La cuarta ignorancia, es la esperanza. Porque para perder la esperanza, primero hay que tenerla, lo que indica que no ha entendido la regla básica, «todo está condicionado». Nada hay que esperar más que lo esperable. La esperanza es una clase de ignorancia mortal.

La quinta ignorancia es, precisamente, el sufrimiento. Sufren los ignorantes, los que se rebelan al kamma, los que no lo entienden.

Tanta ignorancia no conduce a nada bueno.

Por tanto, el suicidio de una persona corriente acarrea consecuencias nefastas.

En el extremo opuesto está el suicidio del arahant, tan común que en los textos resulta recurrente la referencia a cortarse las venas por parte de los arahants, o el propio suicidio del Buddha, al ingerir comida en mal estado lo que previamente sabía, y dio instrucciones para que nadie la comiera más que él mismo. Se dan también suicidios en masa de todos los paccekabuddhas cuando surge un Sammasambuddha en el sistema mundial.

El arahant ha destruido su existencia, con lo que no renacerá. Y lo sabe. Nada que haga podrá arrastrarse a la siguiente vida porque no tendrá más vidas. El arahant no experimenta aversión. El arahant no sabe que es la esperanza, porque conoce la condicionalidad y le ha llegado a hastiar, y sabe que su paso no será a otra vida sino a fundirse en Nibbāna. Y un arahant no sufre. Se harta del Samsara y se despide, pero no a otra vida, sino al sumun bonum: el Nibbāna.

Realmente, es un poco absurdo que aguanten en el Samsara…

Dos suicidios. El mismo acto… aparentemente.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Frank dice:

    ¿Desde los jhanas has podido penetrar en la naturaleza del mecanismo del renacimiento? ¿Has tenido algún «insight» (verdadero vipassana) al respecto? Concretamente: ¿Porqué se pierde (o se bloquea) la memoria de la vida inmediata anterior? ¿Cómo es ese mecanismo?

    1. admin dice:

      La cuarta jhāna desata las abbhiññas. Pero para ello se han tenido que desarrollar en una vida anterior.

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