Devoradores de Cerebros

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Una alimentación incompleta no solo produce un cambio en la función y el comportamiento del cerebro e influye en nuestras decisiones cotidianas sino que también juega un papel vital en nuestro estado de ánimo.

Pero ¿qué pasa con la comida chatarra rica en azúcar y grasas malas? ¿qué pasaría si no ingiriéramos nada más que eso?

Científicos australianos de la Universidad de Sidney alimentan a ratas con los alimentos producidos industrialmente que se pueden encontrar en supermercados o cadenas de comida rápida barata. En un experimento se les da de comer de comer a las ratas alimentos habituales como paté de carne, papas fritas, pasteles y galletas. Todos estos alimentos están disponibles en todas partes y son baratos. De esta manera simulan la alimentación del mundo occidental.

La primera consecuencia de esta alimentación la rata come porciones el doble de grandes. El animal nunca parece estar satisfecho. Pero ésta no es la mayor sorpresa: lo animales pierden la memoria.

Para probarlo utilizan una conocida prueba de comportamiento de reconocimiento de objetos. Los investigadores colocaron algunos objetos en la jaula de una rata. La rata inmediatamente comienza a inspeccionarlos porque los roedores son muy curiosos por naturaleza. Una vez que el animal ha explorado todo y ha memorizado su entorno. En ese momento, se saca momentáneamente a la rata. Ahora mueven un objeto y volvemos a poner al roedor en la jaula».

Cuando regresa, la rata emplea más tiempo examinando el objeto movido porque el otro objeto ya lo conoce. Está en su memoria.

Sin embargo, las ratas sobrealimentadas con alimentos muy ricos en grasas y azucarados no saben reconocer el objeto movido, lo que indica que tienen dañada la memoria espacial.

Pero no queda esto aquí. También presentan otros trastornos funcionales que indican cambios en el hipocampo, la región del cerebro responsable del aprendizaje y la consolidación de los recuerdos. Estudios recientes demuestran que la comida chatarra daña al hipocampo humano. Han observado que la calidad de los alimentos afecta al tamaño del hipocampo y también al volumen de materia gris y blanca. Los primeros estudios de intervención muestran que una alimentación de cuatro días con comida chatarra es suficiente para deteriorar las funciones cognitivas relacionadas con el hipocampo.

La mala alimentación provoca una reacción inflamatoria en todo el cuerpo y sabemos esto de personas obesas, pero en este caso la reacción parece muy aguda. Se pudo observar un aumento de citocinas y otros agentes inflamatorios.

Una alimentación demasiado abundante desequilibra el sistema inmunitario. Éste se defiende y desencadena una reacción inflamatoria especialmente en el tejido adiposo. Nuestra grasa libera sustancias que extienden esta inflamación a todo el cuerpo.

Se pensaba que las neuronas estaban libres de este fenómeno porque al estar protegidas por la barrera hematoencefálica que debe proteger al cerebro. El problema es que esta la alimentación daña y hace permeable la barrera hematoencefálica de modo que las sustancias proinflamatorias se introducen en el cerebro. Así la inflamación penetra en las meninges y allí causa un fenómeno particularmente sorprendente.

Las células microgliales en el cerebro son importantes porque comen neuronas muertas. Sin embargo, si se descontrolan debido una alimentación desequilibrada, también comienzan a comerse a las neuronas vivas. Si esto adquiere proporciones extremas destruyen las redes neuronales y neuronas funcionales que están perfectamente sanas.

Esta reacción de las células microgliales pudo filmarse in vitro. Las imágenes muestran la energía con la que trabajan. En el caso de un ratón obeso su actividad aumenta frenéticamente. Este fenómeno perjudica significativamente la función cerebral.

Beber una Coca-Cola es una manera de indicar a estas células de que tienen permiso para corroer el cerebro y darse un festín con él.

Si después de 30 años diciéndole a la gente que no coma chatarra porque podría sufrir un ataque cardíaco, cáncer o diabetes y no han hecho ni caso, ahora que se sabe que la alimentación es vital para la salud de su cerebro y la de sus hijos es de esperar que sigan haciéndose el loco.

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