Cómo es Vivir Sin Sufrimiento

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Después de estar oyendo a gente decir que es inconcebible una vida sin sufrimiento, que no tendría sentido, que el sufrimiento es parte sustancial de la existencia y tonterías por el estilo, está claro que me toca describir como es una vida en la cual el sufrimiento simplemente no puede darse.
Antes de entrar en detalles, esta vida es como cualquier otra vida. Se hace normal, de forma que en el día a día nada se percibe como especial, siempre y cuando no hagas el esfuerzo de recordar cómo era la “otra” vida que dejamos atrás. Tan atrás que, aunque no haya pasado ni un año, más parece haber pertenecido a un lejano renacimiento anterior, fundamentalmente porque no te reconoces en absoluto en nada. “Ése era otro, no me confundas con él”.
Cuando decimos “sin sufrimiento” es sin sufrimiento, ni físico no moral. Eso de que “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” es falso. Si no sufres, no lo haces ni a nivel físico ni a nivel mental.
También me motiva a publicar esta entrada para que aquellos con “poco polvo en los ojos” sepan hasta dónde pueden llegar en el camino buddhista correcto. Como vimos, se “mejora el poco polvo” pero no se llega a más. Este es el límite para la mayoría. A partir de aquí ya depende de la capacidad innata de sabiduría que arrastre a esta vida. Si tiene, genial, este solo es un hito en el camino. Uno de los menos interesantes. Si no, solo valora si esto te llama la atención porque es a lo que puedes aspirar y, sobre todo, no te conformes con menos. Si tu “maestro” no te lleva a este punto, o si tu “maestro” ni siquiera está aquí, búscate otro o hazlo mejor por ti mismo.
Como bien dice Rafa Nadal, sin sufrimiento no hay felicidad. Completamente cierto. Vete despidiendo de la felicidad ya no habrá más para ti. (Realmente para llegar a no sufrir has tenido que pasar previamente por la desintoxicación de la felicidad). Estás libre, ya no eres un yonki de la serotonina.
Aunque puedes generar serotonina a voluntad mediante la concentración necesaria para jhānas, la evitas como un exalcohólico evita un vaso de vino.
Eso no significa que no te rías. Todo lo contrario, te las pasas riendo y cualquier excusa es buena, aunque sea en medio de un funeral. Cualquier situación merece ser llevada a una buena carcajada.
Vives en el momento presente. El presente continuo, un presente inacabable. Para ocuparte de lo que tienes que hacer después, requiere esfuerzo. Que nadie quede contigo más allá de mañana, porque incluso “mañana” es un puro concepto. Como no hay pasado no comparas con aversión el presente, como no hay futuro no te apegas a ilusión alguna.
Nada es imprevisible, es más, si una situación desesperada deriva a peor lo que te motiva es a la carcajada.
Vives en como espectador de una película vista en una sala de cine. Solo estás a lo que pasa ahora. Si acaso, tiras de memoria para localizar a un personaje o a un decorado. Y no te pasas calculando y apegándote a lo que te piensas que va a suceder en la escena siguiente.
¿Para qué?
No es que lo hagas para algo, es que no lo haces.
Viviendo en el ahora obviamente no es posible el aburrimiento. Da igual donde estés, o que hagas, siempre estás en el mismo sitio y en el mismo tiempo. Lo que cambia lo sientes ahí fuera.
Por otra parte, el cuerpo lo percibes como algo externo pero que necesitas cuidar. Empiezas a atenerle en sus necesidades, como quien consiente a su caballo. Como quieres que dure, lo cuidas. Y si quieres que no te de preocupaciones, lo mantienes. Desde luego no te vuelves loco porque el cuerpo le dé por exigirte nada. Solo lo haces porque es lo adecuado.
Y sí, solo haces lo que es adecuado y cuando es adecuado.
No tiene sentido dejar las cosas para después si estás bien a gusto en la cama, porque te da igual saltar de ella que quedarte. Así que, si hacemos café ahora, no nos encontraremos con tener que hacerlo cuando deberías solo tomarlo.
No haces nada por “gusto” o por evitar un “disgusto”. Al no haber nada de lo anterior, haces lo que toca. Y si no toca, nada te puede hacer que lo hagas.
Duermes poco. Muy poco. Pero duermes deprisa. Cuando te entra sueño solo te duermes. Es raro recordar cuando te pusiste a dormir. Solo te quedas dormido. Esto puede ser peligroso si manejas maquinaria peligrosa porque el sueño viene como un tren sin frenos.
La parrhesía aparece necesariamente por lo anterior. ¿Qué razón tienes para mentir? Se miente por apego o por aversión y de eso ya no te queda. Puedes equivocarte, pero dices lo que piensas, y lo sueltas tal cual. Y como tampoco tienes miedo, te puedes convertir en un insolente. En lugar de mentiras piadosas esas ocasiones se transforman en oportunidades para una buena carcajada.
Siempre que tienes oportunidad te vuelves generoso, quizás de más, porque indefectiblemente la generosidad se acaba pagando. Y a veces, es mejor cortarse con eso de dar.
No matas. Si decides acabar, por ejemplo, con los zancudos por aquello de las enfermedades que te pueden trasmitir, tienes que decretar que sí vas a matarlos. Lleva su tiempo y su esfuerzo pero, al cabo del tiempo, desarrollas unos reflejos instintivos para acabar con ellos.
Tampoco te pones a arrancar flores, ni a nada semejante, pero si un grupo de hormigas decide suicidarse en tu taza de café tampoco te vas a poner a resucitarlas ni a montar un drama. Si te invitan a cazar, simplemente declinas, si es a pescar dejas claro que es pesca sin muerte, aunque te miren raro. Comer ostras tampoco. No te pones a matar nada.
El alcohol se vuelve un producto por el que desarrollas una especie de alergia. Si te dan una bebida que lo contenga, lo vomitas en una reacción de auténtica lucha por la supervivencia. El Alcohol o cualquier otra droga embriagante es veneno.
La ausencia de apego es las relaciones humanas te hace excesivamente desprendido. No mantienes una amistad solo por aversión a la pérdida. Y si siquiera a tu propia pareja, si la situación lo amerita, la abandonas sin pestañear, y ni siquiera te vuelves a acordar de ella. Nadie te puede enganchar sentimentalmente.
El dolor físico se maneja a nivel de señales que surgen en diferentes partes del cuerpo a las que una persona normal ha desarrollado reacciones de aversión que son las que realmente provocan el sufrimiento. En este estado, las señales son solo señales, y puedes redirigirlas con un poco de concentración a otro sentido, por ejemplo, a colores. Los colores también son señales pero no duelen.
Pero tampoco, tienes sensibilidad para el placer por el tacto, por las caricias o los masajes. En una sesión de masajes parece que la espalda es de otro.
Esto también cursa a nivel sexual. La sensibilidad está desactivada, por lo que el placer sexual se lleva al nivel mental donde es extremadamente gratificante. Asi que tampoco te ves enredado en relaciones sexuales problemáticas. Si las tienes no es para tu placer sino para darlo a la otra persona, asi es impensable meterse en problemas…
Como solo piensas lo que quieres pensar, los pensamientos reactivos no existen, asi que despídete de obsesiones, compulsiones, ansiedades y otras hierbas. También puedes ir despidiéndote de cualquier dependencia a drogas o a cualquier otra cosa.
El dinero no se convierte en una obsesión. No te afecta si lo pierdes ni tampoco si lo ganas, que es la condición de hacerse rico: despreciar el dinero. Pero tampoco lo tiras.
Con los amigos eres espléndido y no llevas cuenta de que te deben y no se lo haces ver. Y tus amigos terminan, después de aguantarte, queriéndote. Lo que te da igual, pero a ellos no. Bien por ellos.
A los malos, ni agua. Eso sí. Es de justicia neutralizar a ladrones, estafadores, timadores y otra gentuza que vive de abusar de las personas. Con esos no hay lugar a la piedad.
La ética surge por abandono de todo lo que ansía la felicidad, no porque te pongas normas y reglas. Eso sería virtud y sería simularte a ti mismo, lo que es estúpido.
Y no tienes miedo. Ni a los perros, que antes te aterrorizaban y ni siquiera a la muerte.
Si pierdes lo que tienes, te ríes. Y si lo recuperas, te ríes. Y si estás por morirte por un episodio de asfixia por anafilaxis, te relajas y la glotis también. Mira por donde no sufrir te puede salvar la vida.
En breves rasgos, estos son los pros y contras de vivir sin sufrimiento.
Si te late, haz los ejercicios propuestos para lograrlo y listo. No hace falta ninguna filosofía, solo práctica.
Si no, y eres buddhista… ¿Qué andas buscando?
¿Encender velas, porque de pequeño te reñían?
 

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  1. laotseblog dice:

    Por la finalidad de este párrafo…
    «También me motiva a publicar esta entrada para que aquellos con “poco polvo en los ojos” sepan hasta dónde pueden llegar en el camino buddhista correcto. Como vimos, se “mejora el poco polvo” pero no se llega a más. Este es el límite para la mayoría. A partir de aquí ya depende de la capacidad innata de sabiduría que arrastre a esta vida. Si tiene, genial, este solo es un hito en el camino. Uno de los menos interesantes. Si no, solo valora si esto te llama la atención porque es a lo que puedes aspirar y, sobre todo, no te conformes con menos.»
    Los receptores de esta entrada pueden ser sufrientes o no. Si se trata de una persona que no sufre, claramente por su condición, esto no repercutirá en ella. Si se trata de una persona que sufre, existen dos opciones: que tenga o no, sabiduría. Si tiene sabiduría, entenderá que esta entrada es solo la descripción de un estado, es decir, no dejan de ser conceptos o representaciones, y que la verdad se encuentra en la experiencia. Por ultimo queda el caso de la persona sufriente y sin sabiduría, origen de mi interrogante.. Como podría interpretar esto dicha persona?; o mejor dicho, Cual es el beneficio o utilidad de exponer a una persona que ese es su límite, que no puede aspirar a más? (teniendo en cuenta que es una persona que sufre, me llama la idea de que podría ocasionar más sufrimiento).

    1. Sólo los tontos sufren. Está en la mano de cualquiera erradicar el sufrimiento.
      Pero no está en cualquiera la posibilidad de alcanzar lo más alto. No es cuestión solo de voluntad o esfuerzo.

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